Un repaso a la situación económica del país y sus perspectivas marcaron la presentación de la presidenta del Banco Central, Rosanna Costa, en la jornada inaugural del ChileDay, que se realizó en Madrid.
Recordando los puntos principales del Informe de Política Monetaria (IPoM) de septiembre, dijo que se recortó la proyección de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para este año desde un rango entre 1% a 1,75% a uno entre 0,25% y 0,75%.
Pero, al mismo tiempo que reconocieron “la debilidad actual de la economía, también reconocemos que cuenta con motores de crecimiento hacia 2027 y 2028”.
Esto último, en alusión al impulso que la Ley de Reconstrucción dará a la inversión, lo que se trasmitirá al resto de la economía.
No obstante, también advirtió acerca de escenarios de sensibilidad frente a estas proyecciones. “Por un lado, siguen presentes los riesgos asociados al conflicto en Medio Oriente, que incluso se han intensificado tras el cierre estadístico de nuestro informe. Más allá de que no se hayan concretado los pronósticos iniciales más negativos sobre los efectos del cierre del Estrecho de Ormuz y la economía mundial siga resiliente, no podemos dejar de lado que los riesgos geopolíticos son importantes y podrían provocar nuevos episodios de volatilidad financiera”, indicó.
También añadió que se deben considerar las dudas sobre los alcances del desarrollo en torno a la Inteligencia Artificial (IA).
De cara al impulso previsto hacia 2027, Costa dijo que “podría darse con dos velocidades distintas. Así como no puede descartarse que su debilidad actual sea más persistente que lo previsto, tampoco podemos descartar que crezca con un dinamismo superior a lo proyectado”.
“No significa inacción”
Costa también reafirmó que “nos hemos encontrado con un panorama inflacionario en línea con lo que preveíamos”, con precios internos que se han ubicado en torno a 4% anual.
Pero, de inmediato, la economista puntualizó que el Banco Central sigue previendo que se retornará a la meta de 3% en el segundo trimestre de 2027 y que se mantendrá en torno a ese nivel hacia el final del horizonte de política monetaria de dos años.
De todas formas, señaló que con shocks de distinta naturaleza que se suceden, se superponen e interactúan, se hace más exigente el diagnóstico de política.
Ante ello, destacó tres aspectos que han sido relevantes para la forma en que han enfrentado el presente y deben hacerlo en el futuro: que la estabilidad no puede darse por sentada y la credibilidad es un activo que un banco central debe atesorar; no todos los shocks requieren la misma respuesta; y, en un mundo más incierto, se necesita una estructura fuerte, pero flexible.
Costa afirmó que la necesidad de evaluar en su completitud el escenario también explica la importancia que el ente rector le ha asignado a la cautela. Y acotó: “Cautela que no significa inacción, tampoco una preferencia por postergar decisiones. Al contrario, es una decisión meditada. Significa valorar cuidadosamente la información, distinguir señales persistentes de fluctuaciones transitorias, explicar más y mejor nuestra visión y estar atentos y preparados para actuar cuando el escenario lo requiera”, dijo.