Lluvias y granizos en la zona central del país terminaron de irrumpir esta semana en el cuadro de factores que los agentes económicos temen que podría seguir afectando el crecimiento de la actividad y la inflación, y que ya incluyen disrupciones mineras y al alza en el precio de los combustibles.
El fenómeno de El Niño bien podría suponer un nuevo lastre no solo a la actividad de octubre, sino que a todo el desempeño que se espera para este año, que el consenso del mercado asume que apenas sería un alza de 0,2% del Producto, de acuerdo a la última Encuesta de Expectativas Económicas del Banco Central.
“Efecto hay sin duda, pero es difícil cuantificarlo”, señaló el gerente de Estudios de Gemines, Alejandro Fernández.
El impacto derivará de los días de clases perdidos, por ejemplo, además de la disminución en la actividad del comercio por la falta de movilización y los efectos en la agricultura.
De acuerdo con el agroclimatólogo de la Universidad de Talca, Patricio González, la contracción no sólo afectaría los balances de las grandes empresas agroindustriales, sino que tendría un efecto multiplicador negativo en la generación de empleo temporal, el transporte y toda la cadena logística asociada a la exportación frutícola durante los meses críticos del verano.
“En este contexto, han aumentado los riesgos a la baja para el Imacec de octubre, principalmente por eventuales paralizaciones o menores niveles de producción minera, pero también por interrupciones transitorias en otras actividades, incluyendo la suspensión de clases”, explicó el economista de Itaú, Ignacio Martínez.
No obstante, precisó que todavía hay que esperar a conocer la magnitud y duración de estas disrupciones para evaluar su impacto efectivo sobre la actividad del mes.
Mientras que su proyección para el Producto Interno Bruto (PIB) de este año es de una leve expansión de 0,3%, mantiene un marcado sesgo bajista: “No descartamos que la economía termine el año con una leve contracción”.
El economista senior del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, Juan Ortiz, coincidió con el análisis y agregó que se observaría un impacto acotado en el componente de servicios de octubre, asociado a educación, además de algún componente en comercio y producción de alimentos. “Esto lleva a que, en la práctica, lleve algún tipo de sesgo levemente a la baja en cuanto a la previsión del PIB, pero que estimamos entre un nivel de 0,5% de alza para el 2026 o un nivel directamente plano”, explicó.
¿Y la inflación?
Acerca del efecto que podría tener en las próximas lecturas del Índice de Precios al Consumidor (IPC), Martínez señaló que las recientes lluvias introducen un riesgo adicional a su previsión de un alza de 0,4% mensual en octubre, especialmente a través de los precios de algunos alimentos, en la medida que hayan disrupciones en la producción, transporte o distribución.
En este plano, Ortiz también anticipó un efecto relativamente acotado, aunque identificó como los productos más afectados a lechugas, papas y zapallo.
De todas formas, advirtió una mayor presión inflacionaria, considerando que se esperan nuevas alzas en los precios de los combustibles durante el mes y la depreciación del tipo de cambio, que llegó a su nivel más alto de este año. “Este escenario simplemente refuerza una dinámica inflacionaria un poco más persistente a lo largo de estos últimos meses del año”, señaló.
Fernández también previó efectos sobre la inflación podrían “bastante acotados” si los temporales son limitados en duración y si afectan a productos de alta rotación de cultivo.
González recordó que todavía “queda octubre e inestabilidad atmosférica que se puede repetir”, precisando que el fenómeno actual está alterando las condiciones normales de la temporada. Esta inestabilidad se mantendría durante los meses de desarrollo de los frutos, por lo que el académico proyectó que “el riesgo de lluvia va a llegar hasta mediados de noviembre con esta intensidad y con este riesgo”.
Amenaza para las exportaciones de cerezas y avellanas
Las intensas lluvias y los granizos registrados el martes entre las regiones Metropolitana y del Maule podrían traer consecuencias negativas a las cosechas y exportaciones de cerezas y avellanos europeos plantados en esas zonas. De acuerdo con el agroclimatólogo de la Universidad de Talca, Patricio González, la inestabilidad atmosférica generada por el fenómeno de El Niño está afectando al periodo de “cuaja”, de estas especies; es decir, cuando la flor se transforma en fruto.
Esta etapa del proceso es considerada como el momento más crítico y delicado de la temporada agrícola, ya que determina el volumen, la calidad y la viabilidad de la producción futura. Cualquier alteración climática severa en esta etapa, como las registradas en las últimas horas, compromete meses de trabajo e inversión en los huertos.
Si bien desde la seremi de Agricultura en el Maule, aún no tiene claridad sobre la afectación predial ni el grado de impacto en los campos, las estimaciones apuntan a que las cosechas de fines de octubre podrían experimentar pérdidas similares a las de la Región de Coquimbo, donde los sistemas frontales extremos impactaron la producción de cerezas tempraneras.
Según el experto, “el granizo provoca abolladuras, marcas superficiales, desgarro de la epidermis y caída de la fruta, mientras que el exceso de agua produce que se parta o hinche el fruto que arruina su condición. Esto representa un riesgo directo para los retornos del sector agroexportador debido a las altas exigencias internacionales”. Además, las heridas abiertas en la fruta se convierten rápidamente en vías de entrada para enfermedades fungosas y bacterias.