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Columnistas

La brecha invisible entre estrategia y resultados

Por Telma Otero, directora y cofundadora de People In Mind #SoyPromociona

Por: Telma Otero

Publicado: Viernes 22 de mayo de 2026 a las 10:00 hrs.

Pocas frases me han resonado con tanta fuerza como aquella atribuida a Peter Drucker: "La cultura se come a la estrategia al desayuno". No solo porque sea provocadora, sino porque describe con precisión lo que he observado durante largos años acompañando a líderes y empresas de múltiples industrias -como minería, energía, telecomunicaciones y sus cadenas de valor- y en procesos de transformación digital, estratégica y operativa. La mayoría no fracasa por falta de estrategia. Fracasa porque no logra ejecutarla completamente y, con ello, cumplir la promesa de resultados.

Hoy esa dificultad se agudiza. Las organizaciones no habían tenido antes acceso a tantas herramientas -inteligencia artificial generativa, agentes, automatización, analítica avanzada- y nunca había sido tan difícil saber por dónde empezar. La abundancia tecnológica no garantiza mejores resultados; a veces paraliza a las organizaciones que los persiguen.

Lo que he comprobado una y otra vez es contraintuitivo: cuando un equipo directivo se detiene, toma un lápiz y trabaja con las manos -mapea, cuestiona, dibuja en conjunto-, ocurre algo singular. Los líderes conectan, se apropian y se alinean. Porque antes de ejecutar, es necesario comprender. Y comprender en entornos de cambio profundo exige algo más difícil que aprender: exige desaprender, cuestionar las propias certezas y liderar desde la incomodidad.

La brecha invisible no reside entre estrategia y resultados. Se encuentra entre la velocidad del entorno y la capacidad real de la organización para responder a él.

Mientras el entorno opera con dinámicas exponenciales, muchas compañías siguen gestionándose con modelos diseñados para un mundo lineal y predecible. La investigación publicada en 2025 en la Review of Managerial Science (Florez-Jimenez et al.), desarrollada por la Universidad de Navarra, el IESE y la Universidad de La Sabana, lo confirma: propósito corporativo, resiliencia organizacional y sostenibilidad forman un sistema de retroalimentación donde cada uno potencia a los otros dos. La mayor amenaza no es la falta de tecnología, sino la incapacidad de integrar estos tres elementos en torno a un norte común.

La IA representa una oportunidad sin precedentes -Goldman Sachs estima un incremento del PIB global de hasta un 7% en la próxima década; McKinsey Global Institute proyecta entre US$ 2,6 billones y US$ 4,4 billones anuales en ganancias de productividad- pero su impacto más profundo no estará en automatizar tareas, sino en transformar cómo las organizaciones deciden, priorizan y operan. La pregunta no es si transformará la gestión empresarial. Ya lo está haciendo. La pregunta es si las organizaciones serán capaces de ponerla al servicio de lo que realmente importa.

Trabajo desde la convicción de que el verdadero potencial de la IA se desbloquea cuando se pone al servicio del propósito corporativo -la identidad, el sentido y la contribución declarada de la organización- y no al revés. La tecnología debe potenciar aquello que sigue siendo profundamente humano: el pensamiento crítico, la inteligencia colectiva y el liderazgo del cambio.

Las organizaciones que están cerrando esta brecha entienden que se necesitan dos palancas simultáneas: capacidades tecnológicas que automaticen lo repetitivo, y líderes alineados a un propósito compartido que movilice a los equipos. Una sin la otra no alcanza. Cuando ambas palancas operan juntas, los resultados aparecen y, con ellos, una organización capaz de crecer, sostenerse y resistir las crisis.

La brecha se cierra cuando los líderes deciden detenerse, mirar hacia adentro y construir desde ahí la organización que el momento exige. Ese es el punto de partida. Y también, el más difícil.

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