El rally que desafía al petróleo
AXEL CHRISTENSEN Director de Estrategia de Inversiones para America Latina de BlackRock
El recrudecimiento de tensiones en Medio Oriente reactivó un viejo temor en los mercados: el shock energético. En un contexto de elevada volatilidad el petróleo llegó a superar los US$ 120 por barril antes de retroceder. Aun así, la reacción de los mercados fue contenida.
Mientras el crudo escalaba y luego se moderaba hacia la zona de US$ 110, el S&P 500 marcaba máximos históricos, incluso en un escenario que recuerda el libreto clásico de estanflación. Pero en el régimen actual -marcado por shocks de oferta y mega fuerzas- la lectura es menos lineal, observándose mayor dispersión entre sectores y países.
“Desde el inicio del conflicto, EEUU ha mostrado mejor desempeño que Europa, con el sector tecnológico ampliando la dispersión. Incluso con mayores costos, se sigue premiando a los ‘ganadores’ estructurales”.
Lejos de ignorar el riesgo, los mercados parecen intentar ponderarlos. Es claro que el alza del precio del petróleo actúa como un impuesto global, encareciendo transporte, insumos y energía. Sin embargo, su impacto macroeconómico depende de dos factores que siguen abiertos: la duración de la disrupción y su traspaso a la inflación subyacente. Este punto es clave en un “mundo moldeado por la oferta”, donde restricciones de suministro pueden dominar la macro. Mientras esas respuestas no se aclaren -y el shock sea percibido por el mercado como acotado- la renta variable puede sostenerse.
El segundo soporte han sido las utilidades corporativas del primer trimestre. Los resultados publicados hasta ahora muestran una sorpresa positiva generalizada. Con casi 60% de las empresas del S&P 500 habiendo reportado, más de 80% superó expectativas, con crecimiento de utilidades de dos dígitos. Más relevante aún es el mensaje de la dirección futura: márgenes resilientes y una demanda que, pese a la incertidumbre geopolítica, sigue mostrando solidez.
En este contexto, la fortaleza de utilidades en EEUU ha permitido darle sustento a una postura más favorable hacia activos de riesgo. En particular, acciones estadounidenses y de mercados emergentes de manera selectiva, con inteligencia artificial como eje central de inversión y expectativas de crecimiento. Una vez más, la clave para mantener esta posición es la duración del shock energético.
A ello se suma un factor estructural: la concentración. Las mega tecnológicas siguen dominando el desempeño relativo, apoyado en su escala y capacidad de inversión. Desde el inicio del conflicto, EEUU ha mostrado un mejor desempeño que Europa, con el sector tecnológico ampliando la dispersión. El mensaje es claro: incluso con mayores costos, se sigue premiando a los “ganadores” estructurales.
Nada de esto implica ausencia de riesgos. Las presiones inflacionarias ya estaban latentes antes del shock y los bancos centrales enfrentan un margen de maniobra más estrecho. Un precio del petróleo sostenidamente en niveles de tres dígitos reforzaría esa restricción, dificultando recortar tasas.
La lectura para Chile y la región es doble. El riesgo geopolítico puede convivir con bolsas firmes cuando pesan más las utilidades y la innovación que el ruido de corto plazo. Pero el ajuste puede llegar por otro canal: inflación, tasas y crecimiento. En este contexto, más que apuestas “todo o nada”, la estrategia pasa por selectividad y exposición a mega fuerzas, en un mundo donde la energía podría seguir siendo más cara por más tiempo.
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