Fernando Prat Ponce, 67 años, es un ex alto ejecutivo de lo que hoy es Cencosud, aunque en la época en que él era el brazo derecho de Horst Paulmann, ni siquiera existía esta firma como tal. Se llamaba Inmobiliaria Las Verbenas, que era dueña de un puñado de supermercados Jumbo e Easy y algunos centros comerciales, y Fernando Prat era el gerente general de esa sociedad. “Yo contraté a Laurence Golborne”, recuerda Prat, sobre una decisión conectada con la emisión de los primeros bonos corporativos que emitió la firma.
Luego Prat, que ya contaba con negocios propios, se independizó, siguió su propio camino con negocios inmobiliarios y en la industria del acero en Chile y Ecuador, y en la actualidad es el protagonista de una tarea que no guarda relación con el mundo de los negocios: impulsó la publicación del libro Prat, Los ancestros, recuerdos y misterios, que escribió su padre, Guillermo Prat Herrera.
Y es que ambos son descendientes de Arturo Prat, el abogado y marino que este jueves fue ampliamente recordado en el país por su gesta en la corbeta Esmeralda, en el Combate Naval de Iquique.
El origen
Fernando Prat cuenta que él es sobrino bisnieto de Arturo Prat, pues su padre Guillermo, ya fallecido, es nieto de Ricardo Prat, quien fue el hermano menor de Arturo Prat.
La genealogía parte con Ignacio De Prat Camps, un migrante español que llegó desde Cataluña, quien sufrió la muerte de todos sus hijos, salvo uno: Agustín Prat Barril. El sobreviviente se casó con María del Rosario de Chacón, con quien tuvo ocho hijos, de los que murieron tres. Arturo Prat Chacón fue el mayor de los cinco hijos vivos, tras él venían Rodolfo, dos mujeres que no tuvieron descendencia y Ricardo Prat, el bisabuelo de Fernando.
“Mi papá hace muchos años empezó a estudiar los ancestros de los Prat Chacón, de dónde veníamos. Estuvo 15 años investigando en España, Argentina, Chile, en un tiempo donde no había computación, ni internet. Se iba a las bibliotecas, sacaba fotocopias, y escribió este libro -dirigido a sus hijos- de 400 páginas que tipeó en su máquina Remington, y lo mandó a anillar. Y en los últimos meses de vida me dijo: ‘llegó el momento. Te quiero pasar este libro -dos tomos-, para que veas tus ancestros y veas qué quieres hacer con él’. Este libro pasó varios años en mi velador”, cuenta Fernando Prat.
Y ocurrió una coincidencia: la hija de su señora se fue a vivir a España, y a Fernando Prat se le ocurrió enviarle una fotocopia para que ella pudiera investigar en los archivos de España con la tecnología actual.
Prat relata que él mismo viajó a España y logró encontrar al dueño de la casa actual, en Santa Coloma de Farnés -a unos 80 kilómetros al norte de Barcelona, en Cataluña-, donde nació el abuelo de Arturo Prat, el migrante que vino a Chile.
La casa, cuenta, es patrimonio de España, por lo que estaba remodelada, pero con la fachada exacta como hace 600 años. La cocina estaba intacta. “Hay una plaza que se llama Arturo Prat, una calle que se llama 21 de mayo, otra se llama Covadonga, otra Esmeralda, otra Iquique. Está rodeada de calles que están haciendo mérito a Arturo Prat y al Combate Naval de Iquique”, dice.
Y añade que cuando vio todo esto no pudo pensar en otra cosa, sino que en un mensaje. “Algo me quieren decir de arriba”, relata, por lo que se decidió con lanzar el libro.
“Es la historia que hizo mi papá, pero es un libro para la familia, las tres ramas que subsisten. No está pensado en la venta. Yo no soy escritor. Ayudé a que este libro que hizo mi papá quedara bien escrito, que tuviera buena fotografía, que fuera bien preparado. Pero tiene mucha información histórica. Mi papá dejó un legado maravilloso con este libro”, describe.
De ahí que en estos últimos días ha compartido ejemplares -de los 100 que mandó a imprimir- para el Museo Naval de la Armada, la Asociación de Empleados Civiles de la Armada, con el Presidente José Antonio Kast, el Ministerio de Defensa, el comandante en jefe de la Armada; dos libros quedaron en el salón de Arturo Prat en La Moneda, y otros dos en la Biblioteca Nacional.
“Yo voy a escribir la descendencia”
Ingeniero comercial de la Universidad de Chile, Prat cuenta que todo fue financiado con recursos propios. “Yo trabajé de chico de jardinero, vendía chicles, hacía lámparas, mermelada. Mi papá me dio la posibilidad de estudiar, me enseñó a ser honrado, trabajador, perseverante, ordenado en las platas. Y la vida me ha dado tanto, que dije, ‘voy a invertir en este libro. Mi papá se sentiría orgulloso de mí. Este libro que él escribió a máquina durante 15 o 20 años, que lo hizo muy artesanalmente, se convirtió en un libro que va a estar en La Moneda, en lugares de la Armada”, reflexiona Fernando Prat.
El empresario destaca que este trabajo también le permitió conocer a muchos primos en segundo y tercer grado, armar las ramas familiares, por lo que ya tiene definido hacer un segundo libro, que va a consistir en contar la historia de los descendientes de Arturo Prat, con la idea de unir a todos los bisnietos y a todos los tataranietos vivientes.
“En eso estoy trabajando. Mi papá escribió de los ancestros y yo voy a escribir la descendencia. Lo que voy a hacer es una especie de biografía de cada rama”, anticipa.
Prat precisa que esta familia viene de un marqués de la alta sociedad de Cataluña, el mencionado Ignacio De Prat Camps, quien llegó primero a Argentina, luego a Chile, y murió asesinado, dejando a su hijo Agustín Prat Barril -el padre de Arturo Prat-, muy joven, por lo que para esta familia la vida cambió económicamente.
“Pasaron a ser gente muy sencilla, muy humilde, pero con mucha cultura para atrás. Los Prat, en general, han sido gente sencilla”, cuenta, lo que se ha mantenido en la descendencia.
“En mi rama de Ricardo Prat Chacón hay 31 bisnietos, uno está muerto, y tengo identificados a 85 tataranietos. Ya armé un grupo de WhatsApp con todos ellos”, relata, precisando que aún le falta la rama de Rodolfo Prat y de Arturo Prat. “Los conozco a muchos, y estamos armando el grupo de WhatsApp”. En total, dice, debe haber unos 150 tataranietos más.
Miguel Kast
- ¿Qué ha significado para usted ser descendiente de Arturo Prat?
- Mi papá hablaba de Arturo Prat y también de su abuelo Ricardo Prat. Iba a las paradas militares. Tuve en mi casa el escritorio de Arturo Prat. Estudié en la universidad con el escritorio que era de Arturo Prat, que estaba en mi pieza. Cuando me casé, me llevé el escritorio a mi casa. Me fui involucrando con el apellido, le fui tomando mucho más cariño y responsabilidad de lo que era ser Prat.
- ¿Cómo llega el escritorio a sus manos?
- Lo que pasa es que Arturo Prat era marino, pero también abogado y defendía a gente de escasos recursos. Este escritorio lo tenía en la oficina de abogados. Y cuando él murió, la viuda (Carmela Carvajal) le dijo a Ricardo, mi bisabuelo, que vendiera o regalara todo. Y ahí Ricardo Prat se quedó con el escritorio, se lo pasó a mi abuelo, Roberto Prat Moyón, y éste se lo pasó a mi papá, Guillermo Prat Herrera, y mi papá a mí. Ricardo era muy unido con Arturo Prat. Tenían diferencia de edad y Arturo ayudó a que Ricardo pudiera estudiar en un mejor colegio, en los padres franceses de Valparaíso.
En su visita a La Moneda, Fernando Prat le contó al Presidente que su primer jefe fue su hermano, Miguel Kast. Sus inicios fueron en Odeplan. Luego trabajó en la Municipalidad de San Miguel, en donde llegó a ser alcalde subrogante a sus apenas 24 años.
Luego de su paso como mano derecha de Horst Paulmann y contratar a Laurence Golborne, años después los roles se invirtieron: Golborne, como Ministro del MOP, lo nombró director general de Obras Públicas. Su firma está en proyectos estructurales para Chile, como la factibilidad del Puente Chacao y el Teleférico Bicentenario.