“Tenemos que dejar de ser invisibles”: Tres testimonios de quienes perdieron sus ahorros en el Caso Sartor
Hace unos días, la nueva rectora de la Universidad de Chile, Alejandra Mizala, contó que ella y su marido son parte de los afectados por el Caso Sartor, luego de que pusieron sus ahorros en esa administradora hoy sancionada por la CMF. Siguiéndola a ella, otras personas se animaron por primera vez a dar sus testimonios. Todos atraviesan situaciones complicadas.
Por: Patricio De la Paz
Publicado: Sábado 13 de junio de 2026 a las 21:00 hrs.
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A inicios de esta semana, la rectora electa de la Universidad de Chile, Alejandra Mizala, fue quien puso el tema sobre la mesa: el de los ciudadanos comunes y corrientes afectados por el Caso Sartor. Éste se inició a fines de 2024, cuando la CMF revocó la autorización de existencia de esta administradora y dispuso la liquidación de sus fondos, tras establecer que sus directivos -a los que luego aplicó altas multas, por un total de 367.500 UF- habían desviado recursos de los aportantes como préstamos hacia empresas propias o relacionadas con los mismos ejecutivos, incumpliendo así su deber fiduciario.
La economista contó que ella y su marido habían invertido dinero en Sartor, “ahorros importantes de nuestra vida”. “Somos una de las tantas víctimas”, reconoció. No especificó el monto, pero luego por la prensa se sabría que son sobre $ 900 millones. Su declaración movió las aguas del caso y animó a otras personas que están en la misma situación -de ver posiblemente perdido lo que invirtieron en Sartor AGF- a compartir por primera vez sus historias. Se estima en cientos los inversionistas individuales afectados, muchos de ellos de la tercera edad.
“No es fácil hablar de esto, en mi caso porque hay hermanos y amigos que ni siquiera saben lo que me pasó. Pero es necesario hacerlo, tenemos que dejar de ser invisibles”, dice Angélica Caicés, química farmacéutica de 68 años que puso los ahorros de toda su vida -$ 200 millones- en esa administradora de fondos. Frente a lo incierto de poder recuperar algo de eso, en un proceso que se vislumbra largo y complejo, no puede evitar que se le escapen las lágrimas.
Angélica Caicés: “Yo contaba con esto para vivir mi vejez tranquila”
Angélica Caicés tiene dos hermanos mayores y una hermana gemela, Mabel. Estudiaron juntas en el colegio Compañía de María y luego en la Universidad Nacional de Buenos Aires, ciudad en la que vivieron bajo la tutela de un tío. Angélica siguió Química y Farmacia; su gemela, Ingeniería.
Ya titulada, Angélica tomaba la mayor cantidad de trabajos que podía. En hospitales, en farmacias. “Trabajé harto, no paraba. Siempre tuve conciencia de que tenía que ahorrar”, recuerda. En 1991 su padre fue diagnosticado con un tumor cerebral, y ella se vino a Chile a cuidarlo y a apoyar a su madre. Pensó que sería por un tiempo acotado, pero nunca regresó a Buenos Aires. Se quedó viviendo con sus padres, en la misma casa de Las Condes donde conversa con DF MAS.
Al quedarse en el país, convalidó su título en la Universidad de Chile y buscó trabajo. Estuvo hasta 2018 contratada en distintas cadenas de farmacias. Tomando todos los turnos, haciendo horas extra. Por esa seguridad que le daba contar con ahorros “para tener una vejez tranquila”. Después hizo reemplazos en las farmacias de la Liga de la Epilepsia. Estuvo en eso hasta el verano pasado. Lo dejó para cuidar a tiempo completo a su madre, hoy de 94, que había tenido un segundo ACV. El padre había muerto en 2022.

A Sartor AGF llegó por el consejo de un amigo ingeniero comercial que trabajaba en inversiones, cuenta. En 2021 sacó todos los ahorros -$ 200 millones- que tenía en fondos mutuos en el Banco de Chile y los metió a la administradora de fondos. “Mi amigo me dijo que rentaba mejor. Yo lo único que le pedí es que fuera con el riesgo mínimo y con posibilidad de liquidez inmediata”. Dice que todo funcionaba sin problemas. Hasta que tuvo una primer señal de alerta: “En 2024 empecé a buscar un departamento para comprar y vivir con mi mamá en un espacio más pequeño y más seguro. Cuando tuve uno a la vista, le dije a mi amigo que iba a hacer un rescate de $ 50 millones para probar cuánto se demoraban en pasármelos. Eso fue en septiembre. Para mi sorpresa, se tardaron dos meses”.
Entonces decidió retirar todo su dinero de Sartor. Hizo el trámite y le dijeron que se haría efectivo en enero o febrero del 2025. “Pero llegó esa fecha y aquello nunca ocurrió. No pude comprar el departamento”. Recién ahí su amigo le explicó el problema que había con Sartor, después de la intervención de la CMF en noviembre de 2024. “Casi me muero, sentí que caía en un abismo”, dice ella y se le quiebra la voz.
“Yo contaba con esto para vivir tranquila mi vejez, era el resultado de un esfuerzo de toda una vida de trabajo… Desde entonces no hay día en que no llore por esto. Siento angustia, tristeza, incertidumbre; ¿dónde me voy a ir cuando sea más vieja? Yo que siempre fui tan ordenada, tan precavida”. Toma aire. “A mí no me importaría tener que empezar de nuevo, ¿pero qué hago a esta edad? Además, al ser soltera dependo única y exclusivamente de mí; soy mi propio sustento”.
“Yo contaba con esto para vivir tranquila mi vejez, era el resultado de un esfuerzo de toda una vida de trabajo… Desde entonces no hay día en que no llore por esto. Siento desesperanza, angustia"
Hoy vive de su jubilación, que son $ 500.000 mensuales. Más de la mitad se le va en pagar su Isapre. Sus hermanos la ayudan a solventar los gastos de la madre.
- ¿Tiene esperanza de recuperar algo de lo que invirtió en Sartor?
- Nunca se pierde la esperanza.
Angélica se hizo parte de la querella que 125 afectados hicieron contra Sartor en octubre pasado, representados por los abogados César Ramos y Jorge Bofill. Cuenta que tuvo que pagar para estar incluida allí. “Fue con harto sacrificio”. Dice que no ha tenido noticias de eso y que su decisión posterior de desistirse de ello tiene que ver con que no tiene dinero para avanzar en acciones judiciales. Concentró su esfuerzo en formar un grupo con otras personas en su misma situación -calcula que ya son cerca de 100 los que están en contacto- para compartir información y dejar de ser invisibles.
Carlos Aylwin: “Desgraciadamente, hay mucha gente de la familia afectada”
“En agosto voy a cumplir 81 años”, dice Carlos Aylwin sentado en su departamento en Ciudad Empresarial. Cuenta que dedicó prácticamente toda su vida laboral “a una carrera bancaria en diferentes bancos de la plaza, siempre en el área de comercio exterior”. Partió desde cero y fue ascendiendo posiciones. Se jubiló en 1989.
Pero no se quedó de brazos cruzados. “Seguí trabajando en una empresa de un hermano que tiene buses de turismo. Le oficiaba ahí de gerente de finanzas, por así decirlo. Me ayudaban mis conocimientos bancarios”. Lo hizo hasta 2019, poco antes del estallido social. “Dije: ‘No voy a trabajar más, han sido hartos años ya’. Así que le dije a mi hermano que lo acompañaba hasta aquí no más”.
Cuenta que a Sartor AGF llegó por una cuñada que trabajaba en esa administradora. Que además es sobrina de su esposa. “Ella me entusiasmó, me dijo que estaba captando clientes y que era una empresa muy seria. ‘Ya, vamos’, le dije yo”. No recuerda qué año exacto fue, pero sí que fue antes de 2019, porque él aún trabajaba en la empresa de buses turísticos. Puso el equivalente a US$ 40 000.
“Por suerte no puse ahí todos mis ahorros. Fue como el 50%. La otra mitad la dejé en un banco, donde la tengo hasta hoy, pero que obviamente se ha ido consumiendo”, señala.

Dice que hasta el colapso de Sartor AGF en noviembre de 2024, con la intervención de la CMF, a él todo le funcionaba bien. Que nunca tuvo alertas de que hubiera problemas. Veía en sus cartolas que sus ahorros rentaban. “Antes del colapso, ya iba en US$ 50 000”. Estaba tranquilo con ese dinero que le daba seguridad para el futuro.
Fue su misma cuñaba quien le avisó de la caída de la administradora de fondos y el efecto en sus ahorros. Le dijo que ella también se había enterado con los hechos ya consumados. “El golpe fue duro. Caímos todos en depresión”, dice. “Nos informábamos por lo que decía la prensa, pero nadie nos daba información explícita, se metió la CMF, habían diferencias de opinión con Sartor… daba la impresión de que esto era una bolsa de gatos”.
“Nosotros somos adultos mayores, no tenemos otra posibilidad de generar ingresos ahora. Y hay gente afectada que perdió mucho más que yo”, se lamenta. “Siento rabia, la verdad. Porque lo que hay aquí es sinvergüenzura de esta gente”.
“Nosotros somos adultos mayores, no tenemos otra posibilidad de generar ingresos ahora. Y hay gente afectada que perdió mucho más que yo”, se lamenta. “Siento rabia, la verdad. Porque lo que hay aquí es sinvergüenzura de esta gente”.
Hoy vive de su pensión y de los ahorros, cada vez más escasos, que le van quedando en el banco. Pero reconoce que ha tenido que restringirse. Por el miedo a quedarse sin dinero. “Veo que con Sartor está todo muy complicado y no se ve luz al final del túnel. Nadie tiene la película clara para nada”. Reconoce que se siente muy desprotegido. Participó en la querella de octubre de 2025 contra Sartor AGF, “pero no sé qué pasó con eso. Ni siquiera sabemos qué resultado ha tenido”.
Aylwin cuenta que un hijo suyo, que tiene una empresa constructora, también puso dinero en Sartor AGF. No sabe cuánto, porque dice que optó por no hablar con él del tema, “ya que es como escarbar más en todo esto”. También comenta que hay sobrinos que invirtieron dinero en la administradora. “Desgraciadamente, hay mucha gente de la familia afectada”. Pero reitera que ni siquiera lo conversan entre ellos. “Más bien lo converso conmigo mismo, todos los días”.
Y cierra con una reflexión. “De joven tuve un accidente automovilístico que me dejó sin una pierna. Después de eso, uno dice: ’puedo enfrentar lo que venga’. Así que por suerte estoy medio curtido”.
Leandro Menanteau: “Yo perdí absolutamente todos mis ahorros”
Leandro Menanteau (80) estudió técnico agrícola. Pero en su vida laboral se dedicó a asuntos distintos a eso. Cuenta que partió trabajando en 1968 en una empresa familiar: como vendedor de extintores de incendios. Visitaba tiendas y estaciones de servicio que los necesitaban y les hacía prueba en vivo. “En esa época todos andábamos con camisa blanca, corbata, chaqueta y esos maletines de cuero que se usaban antes”. Después agregó servicio de estudios de seguridad. Fue ese tema lo que, en 1992, lo impulsó a hacer un giro: creó su propia empresa, enfocada a los sistemas de seguridad contra incendios en la minería.
Tuvo contratos con distintas mineras. La empresa, llamada Procin, creció. En un momento ya tenía 13 camionetas y 40 personas trabajando. Cuando Menanteau cumplió 70 años, decidió poner fin a la empresa. Lo hizo en 2017. “La plata que había juntado la tenía en el banco, siempre he sido súper poco arriesgado. Sacaba de mi depósito a plazo para vivir y así. Siempre muy ordenado”, cuenta.

El 2022 habló con el hijo de un muy buen amigo suyo, quien le recomendó invertir en Sartor AGF. Le interesó, dice, porque en el banco sus ahorros estaban rentando muy bajo. Recuerda que habló con Alfredo Harz, uno de los directivos de la administradora (y actualmente multado por la CMF). Movió entonces todo su dinero para allá. Menanteau no quiere dar cifras, pero son montos importantes. “Todo funcionó bien en los años siguientes, nunca tuve ni un solo problema”, señala. Retiraba lo que rentaba su inversión y con eso vivía. Hasta que el 15 de noviembre del 2024 escuchó por la radio la noticia que lo dejó helado.
Ese día estaba almorzando en su parcela de la VI Región cuando, por la radio, escuchó que la CMF había intervenido Sartor AGF y tomado medidas con sus fondos. “Casi me morí, realmente. Sentí una opresión sobre el pecho, en la cuchara. Horrible, horrible, horrible”, recuerda. Tomó contacto con Sartor. Dice que desde allá le dijeron que nadie les había explicado nada a ellos tampoco.
Como eso era su única fuente de ingresos, Menanteau se quedó sin dinero, no tenía ni para sus gastos más cotidianos. Empezó a gastarse un pequeño depósito a plazo que tenía en su banco, “si no, no hubiese tenido ni para comprar en el supermercado; a ese nivel estaba”, cuenta. Empezó a anotar todos sus gastos, por mínimos que fueran, en un cuaderno; porque tenía que cuidar cada peso. Dice que ahora lo ayuda uno de sus hijos, que vive en Estados Unidos. Y que hace cuatro meses tiene en venta su parcela, que es donde vive con su esposa.
“Yo perdí absolutamente todos mis ahorros; y no tengo inversión en ninguna otra parte”, dice, y se le humedecen los ojos. “Es muy jodido todo. Porque además del daño económico, el daño emocional que se produce es espantoso. Si esto te ocurre cuando tienes 40 o 50 años, uno dice ‘voy a ir hasta limpiar autos, a lavar platos’… pero a mi edad es distinto. Yo estoy bien de salud, pero tengo una doble cirugía de espalda. Entonces, ¿qué puedo hacer a esta edad?”
“Es muy jodido todo. Porque además del daño económico, el daño emocional que se produce es espantoso. Si esto te ocurre cuando tienes 40 o 50 años, uno dice ‘voy a ir hasta limpiar autos, a lavar platos’… pero a mi edad es distinto".
Dice que en este año y medio ha pasado por todos los estados emocionales. “Hace muchos años tuve una enfermedad muy complicada. Una leucemia de células velludas. Ahora (con lo de Sartor) tuve la misma sensación que cuando esa vez me enfrenté a ese diagnóstico: ‘¿Pero por qué a mí? Si yo he sido bueno’. No alcanzas ni siquiera a sentir rabia, es como una sorpresa inconmensurable y que cuesta mucho recuperarse”.
- ¿Espera recuperar algo de sus ahorros?
- (Suspira) No tengo ninguna respuesta inteligente a eso. No sé.
Al igual que los otros entrevistados, Menanteau participó en la primera querella que presentaron 125 afectados en octubre pasado. Por eso pagó cerca de $ 1,5 millones. Se desistió de continuar, dice, porque no tiene dinero para financiar siguientes pasos judiciales.
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