Strong by Form, la startup chilena que fabrica un biomaterial de madera que busca competir en costo y resistencia con el hormigón, cerró el primer tramo de su tercera ronda de inversión por US$ 6,6 millones para instalar una planta piloto en España y escalar su tecnología hacia la construcción industrial.
La operación fue liderada por el family office estadounidense Boisei Investments, del fundador de Boisei labs, George Perry, e incluyó a CMPC -que ya había había participado en una ronda anterior-, un family office chileno que pidió confidencialidad y los fondos Teampact, Ternel, Axel Carbon y VX Ventures.
La operación podría alcanzar los US$ 10 millones en un segundo cierre y valorizaría a la compañía en cerca de US$ 40 millones. En total, desde su fundación, la startup ha levantado unos US$ 12 millones.
Fundada en 2018 por Andrés Mitnik, Jorge Christie y Daniel Del Río, la compañía partió buscando crear estructuras livianas usando fibra de carbono, pero su alto costo los llevó a pivotear hacia la madera, aplicando los mismos principios de ingeniería en fibras naturales.
Así nació Woodflow, una tecnología que usa robots industriales para alinear fibras de madera según los esfuerzos mecánicos de cada pieza y que logra materiales más livianos y resistentes que los convencionales.
Hoy la startup opera con tres líneas de producto: Woodflow Skin, para revestimientos arquitectónicos; Woodflow Motion, para piezas de movilidad (trenes y autos); y Woodflow Core, su apuesta más ambiciosa, que apunta a producir componentes estructurales para la industria de la construcción, como losas de 10 metros.
La compañía tiene un equipo de 25 personas y una planta productiva en La Reina, Región Metropolitana, equipada con cuatro robots y máquinas de corte láser.
La inversión
La startup comenzó su levantamiento en septiembre de 2025, en paralelo a su participación como finalista en TechCrunch Disrupt en San Francisco, Estados Unidos, uno de los principales eventos del ecosistema de innovación y startups.
Para esta tercera ronda contaron con la asesoría de Yaku Partners, firma alemana que conecta startups latinoamericanas con inversionistas europeos y que también invirtió en el levantamiento de capital anterior.
Mitnik reconoce que el ambiente ha sido adverso. “La incertidumbre global hace que el apetito por riesgo sea más escaso y más caro”, señaló.
Tras conversar con varios fondos de capital de riesgo, concluyó que los family offices calzan mejor con startups como la suya. “Somos demasiado industriales para el ecosistema local de venture capital”, dijo.
El punto de inflexión llegó cuando George Perry, de Boisei Investments, contactó a Mitnik por LinkedIn a fines de 2025. “Dio un paso adelante y dijo: ‘Yo lidero la ronda’”, comentó.
Con el líder de la operación definido, comenzaron a entrar los demás inversionistas. Según Mitnik, la ronda podría escalar hasta los US$ 12 millones.
Planta piloto
El grueso de los recursos se destinará a instalar una planta piloto en España -evalúan ubicarla en el País Vasco o en Castilla y León- hacia fines de 2027. No será productiva a escala industrial, pero permitirá certificar la losa estructural y ejecutar los primeros proyectos comerciales con constructoras europeas con las que ya tienen conversaciones avanzadas para cerrar acuerdos.
El modelo de negocio apunta a vender los núcleos de Woodflow a fabricantes de madera contralaminada (CLT, su sigla en inglés), que ensamblan el producto final para las constructoras. “Es como si nosotros le vendiéramos clavos a una industria que hace palos, y esa industria ahora puede hacer muebles”, graficó Mitnik.
Agregó que construir en madera en altura es hoy cerca de un 12% más caro que en hormigón. La losa concentra la mitad del hormigón de un edificio y la de Woodflow pesa un décimo, lo que “podría ahorrar material en fundaciones, columnas y muros”. Agregó que, por ese efecto en cadena, el costo total de los materiales estructurales queda a la par o por debajo.
Mitnik explicó que el mercado global de losas de hormigón ronda los US$ 120 mil millones, mientras el de CLT apenas alcanza los US$ 2 mil millones. “Nuestra tecnología le permite al fabricante de CLT multiplicar por 50 su mercado potencial”, afirmó.
La compañía, en su hoja de ruta y una vez que logre validar y certificar sus biomateriales, planea instalar la primera planta industrial a gran escala -valorada en unos 35 millones de euros- hacia 2029, financiada mediante una sociedad donde Strong by Form aporte la tecnología y un socio industrial ponga el capital.
Vertical de movilidad
En paralelo, la startup avanza en movilidad. En la industria ferroviaria trabaja con la holandesa NS, la francesa SNCF, Alstom, la española Talgo y Trenitalia en revestimientos interiores para vagones, una vertical financiada por un fondo Corfo y Red Eureka.
“Es una de las pocas industrias donde la sustentabilidad está en el centro de la propuesta de valor y donde podemos aportar”, dijo Mitnik.
También tienen una alianza con el fabricante alemán BMW, para el que desarrollan un componente estructural para interiores de vehículos. El prototipo debería estar listo en noviembre.
“Nos han dicho que somos la empresa de madera más sofisticada con la que han trabajado”, contó.