El exceso de oferta y la caída de la demanda en China, su principal mercado, ha golpeado a los productores chilenos de cerezas en las últimas temporadas. Pero ahora, una nueva amenaza complica a la industria local.
La llegada de una primavera más lluviosa y cálida debido al fenómeno de El Niño plantea desafíos adicionales al sector, advirtió el Instituto de Investigación Agropecuaria (INIA). Según el especialista de INIA Quilamapu, Cristian Balbontín, uno de los principales riesgos es al anegamiento de los huertos, ya que la brotación y floración requieren soporte del sistema radicular, que puede verse severamente afectado por el exceso de agua.
Ante este escenario, Balbontín planteó varias recomendaciones. Además de la limpieza de canales, zanjas y alcantarillas aconsejó identificar los sectores del huerto con mayor riesgo de anegamiento, especialmente las zonas bajas de los cuarteles, para asegurar una rápida evacuación del agua. Junto con ello mencionó la construcción de drenes superficiales en sectores bajos y cabeceras.
Las precipitaciones cercanas al periodo de cosecha, que se extiende entre octubre y enero, también pueden favorecer la aparición de partiduras y pudriciones. Balbontín destacó que la aplicación de inductores hormonales ha mostrado resultados favorables para mejorar la impermeabilidad del fruto.
Anticipación de cosechas
La situación es especialmente relevante entre las regiones de O´Higgins y el Maule, donde se concentra la mayor superficie plantada. Y la preocupación del INIA es compartida por otros expertos. “Se pronostica que estas lluvias van a ser más tardías, se van a ir produciendo en la primavera”, reafirmó el investigador de la Universidad de Talca, Álvaro Sepúlveda.
Según el experto, además, el año ha estado marcado por variaciones inusuales de temperaturas. “Tuvimos un mayo que fue frío y julio fue el más cálido en varios años, en zonas agrícolas como San Clemente. Entonces llovió mucho”.
Para el académico, esta acumulación térmica adelantaría el término de la “dormición en algunas variedades, provocando un anticipo directo en la brotación, la floración y, eventualmente, la cosecha”, principalmente en “aquellas variedades que son de bajo requerimiento de frío, probablemente ya hayan superado etapa bastante temprano en el invierno”.
Aunque una cosecha temprana podría representar ventajas comerciales, ya que “siempre la fruta que sale temprano es la que tiene los mejores precios”, también podría impactar la calidad de la fruta, un factor clave en los mercados asiáticos. Al recordar temporadas anteriores que registraron caídas en la rentabilidad, aseguró que el factor determinante no fue el exceso de oferta, sino que la fruta llegó con problema a sus mercados de destino. “Un alto volumen de envíos no castiga necesariamente al mercado si se mantiene la excelencia del producto”.
Empresas toman resguardo
“Con las partiduras aparecen las pudriciones y eso trae una pérdida comercial importante, porque baja la calidad de las frutas y reduce el volumen apto para exportación”, confirma el representante de Grupo Esmeralda, Luis Leyton.
La empresa exportadora de Maule, que posee cerca de 200 hectáreas de cerezos en la comuna de Teno, ha desarrollado una estrategia de protección de las plantas y mitigación de pérdidas. “Quien está en el negocio de la cereza tiene que trabajar mucho en los campos, manteniendo todos los desagües limpios o invertir en obras de drenaje, de manera de impedir que las raíces se vean afectadas”, señaló el ejecutivo.
Pese a los pronósticos, Leyton proyecta que la temporada de cosecha de este año se mantendrá mayoritariamente en noviembre. Si bien reconoce la realidad de otros productores, porque “hay huertos en zonas tempranas, que a mediados de octubre ya están en cosecha”, aclaró que llegar a esas ventanas adelantadas de exportación dependerá exclusivamente de “los manejos de cada huerto”.