En octubre de 2025, Base Power -la startup texana fundada dos años antes por Zach Dell, hijo del fundador de Dell- levantó US$ 1 000 millones en una Serie C liderada por el fondo Addition, a una valorización de US$ 4 000 millones. La compañía instala baterías de litio en casas de Texas, que carga cuando la energía está barata y descarga cuando está cara.
En Chile, tres emprendedores instalados en Puerto Varas quieren hacer lo mismo para Latinoamérica. Su startup se llama 50x, partió en abril de 2025, tiene 15 sistemas instalados y cuando hablan con fondos se presentan como el Base Power de la región.
Diego Siguelnitzky, el CEO, tiene 32 años. Jugó en las inferiores de fútbol de Universidad Católica hasta la sub 16 y a los 18 partió con beca deportiva a estudiar Administración de negocios en la Universidad de Charleston, West Virginia, EEUU, donde jugaba de lateral derecho. Dos operaciones de menisco lo dejaron dos años parado y terminaron con su carrera deportiva.
“Fue un momento bien bajo. Soy una persona competitiva, me gusta soñar y trabajar duro para que las cosas se cumplan. Fue una decepción tremenda. El sueño que tenía desde chico se estaba derrumbando y tenía que buscar un nuevo sueño”, cuenta Siguelnitzky.
Regresó a Chile por un año y luego se trasladó a Berlín para estudiar un master en management. Se quedó siete años allá trabajando en venture capital, primero en el brazo de inversión de Continental, la marca de neumáticos, y después en Heartfelt, el fondo pre-semilla de Axel Springer y Porsche.
Revisando empresas del sector eléctrico europeo llegó a la tesis que hoy sostiene 50x: que el cuello de botella de la transición energética no es la generación eléctrica, sino la red. “La red es probablemente la máquina más compleja que un humano jamás haya construido, y no está diseñada ni para la generación renovable ni para toda la electrificación que le vamos a dar”, dice.
Tras 11 años afuera, renunció y se volvió a Chile a emprender.
Los socios
Nicolás Núñez también se había ido a los 18 años de Chile. Estudió computación, matemática y estadística en Stanford, trabajó construyendo modelos de machine learning para una empresa que predecía qué noticias iban a funcionar mejor en el mercado, hizo un máster y después pasó por una compañía dedicada a entrenar y hacer control de calidad a agentes de inteligencia artificial. Cuando volvió a Chile, un amigo en común con Siguelnitzky los conectó.

El tercer socio es el cordobés Francisco Furey. Se conocieron por el co-founder matching de Y Combinator -“un Tinder de emprendedores”, describe Siguelnitzky-, donde empezaron a chatear. Decidieron emprender juntos, mientras Furey trabajaba como freelancer en Upwork y Núñez part time en Examedi. El único que partió full time fue Siguelnitzky.
50x empezó como un sistema de inteligencia artificial que predecía precios spot de energía para ayudar a dueños de baterías a decidir cuándo cargar y descargar (cargar barato, descargar caro), y con esa idea pasaron por Start-Up Chile. Pero se dieron cuenta de que el negocio estaba en otra parte: no en la generación sino en la demanda.
Hoy 50x financia, instala y opera baterías de litio detrás del medidor, en casas y pymes. Cada equipo cuesta entre US$ 3 000 y US$ 7 000 y es de la empresa, no del cliente. La batería se carga cuando la red está descongestionada y la energía barata, y se descarga cuando está congestionada y cara. Con eso libera capacidad en la red, y el cliente recibe entre 10% y 15% de descuento en su cuenta de luz y hasta ocho horas de respaldo en caso de corte. Esto, enfatizan los socios, sin pagar por el servicio ni por el equipo.
¿Como gana 50X? El usuario le paga a 50x un porcentaje de lo que deja de pagarle a la distribuidora. “De forma simple, si antes el usuario pagaba $ 100 mil a Saesa, hoy paga $ 50 mil a Saesa, $ 40 mil a 50x y se ahorra $ 10 mil”, explica Siguelnitzky.
¿Y por qué no paneles solares con batería? Siguelnitzky responde que son complementarios, pero que apuntan a problemas distintos: “En Chile hemos sido capaces de generar más electricidad que nunca con las renovables del norte. El problema del sector eléctrico mundial es la red”. Las baterías gigantes que hoy se instalan junto a los parques del norte de Chile, agrega, no resuelven el punto, porque esa energía igual hay que transportarla hacia el centro del país.
Puerto Varas, el punto de partida
Eligieron Puerto Varas para partir porque en el sur los apagones son frecuentes. La demanda creció más rápido de lo que la red soporta y los cargos de distribución son más altos, porque la infraestructura se reparte entre menos gente. Hoy operan en las zonas de las distribuidoras Saesa y Crell, y están en conversaciones con una distribuidora sobre la posibilidad de instalar baterías directamente en sus redes. Los tres socios se fueron a vivir al sur.
Las primeras ventas fueron puerta a puerta. “Empecé yo, manejando por todo Puerto Varas, yendo a restoranes: ‘Hola, mi nombre es Diego, somos un emprendimiento nuevo, ayudamos a negocios y casas a bajar su cuenta de luz’”, cuenta. La objeción más común era que sonaba demasiado bueno para ser verdad. Eso cambió cuando sumaron clientes con nombre conocido en la ciudad, y hoy los pedidos les llegan por WhatsApp.

US$ 500 mil
En noviembre de 2025, 50X cerró una ronda de US$ 500 mil con las aceleradoras Platanus Ventures y 500 Latam. ¿Por qué no salieron a buscar más fondos? “El venture capital latinoamericano tiene un apetito de riesgo muy bajo. Estamos atacando un problema extremadamente complejo, difícil de entender, y hay muy poco capital latinoamericano dispuesto a apostar en este tipo de industrias”, dice Siguelnitzky. El otro criterio fue la marca de Platanus en Chile y de 500 en Estados Unidos, donde quieren lanzar la próxima ronda. “Es un negocio intenso en capital. Necesitamos estar constantemente levantando plata”, dice.
Los números todavía son chicos. Facturan cerca de US$ 20 mil al año, con unos US$ 1 500 por casa, en un negocio de volumen donde calcula más de 5 millones de hogares posibles en Chile. Los 15 sistemas instalados se reparten mitad casas, mitad pymes, y los US$ 500 mil se han ido en validar el modelo completo, desde la instalación hasta los unit economics.
Lo que viene
La siguiente apuesta es meterse en el diseño del hardware. “Las baterías vienen con ineficiencias. Los inversores están pensados para sistemas solares que nosotros no necesitamos, y el computador que viene dentro de la batería es chino y funciona pésimo”, dice Siguelnitzky. Desarrollaron un computador propio que instalan adentro de los equipos y están negociando con los fabricantes chinos que las baterías salgan de fábrica con su firmware. Para eso están buscando al cuarto integrante del equipo, un ingeniero de hardware, y abrieron una lista de espera de clientes con la que quieren llegar a la próxima ronda, planificada entre septiembre y octubre.
“En el roadmap, al 2028 o 2029 nos queremos ir a Brasil. Tiene la quinta red más grande del mundo, una red continua que abarca todo el país. Si eres capaz de meterle baterías detrás del medidor a una red como esa, ya te estás posicionando en un mercado más grande que el de Europa”, dice Siguelnitzky.