Desde una oficina en Boston, Estados Unidos, la bioquímica chilena Komal Dadlani, gira la pantalla del computador hacia el ventanal antes de partir la entrevista. Afuera, entre los edificios del centro de Cambridge, se asoman los campus del MIT y Harvard. “Mira la vista que tengo”, dijo con una sonrisa.
La imagen resume bien el momento que vive: la fundadora y CEO de Lab4U habla desde el centro de operaciones de Britebound, la fundación estadounidense que acaba de adquirir la edtech que creó en 2013 con el colombiano Álvaro Peralta, por un monto no revelado.
Lab4U desarrolla tecnología patentada que convierte a los teléfonos inteligentes en laboratorios para la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, en inglés).
En tanto, Britebound, antes conocida como American Student Assistance, es una organización sin fines de lucro que crea experiencias digitales gratuitas para ampliar el acceso de estudiantes a formación y ayudarles a lograr el éxito académico y profesional.
También tiene un fondo de inversión de impacto estratégico de US$ 150 millones, con el que respalda a empresas tecnológicas y a fondos especializados. A la fecha, tiene 26 compañías y fondos en su portafolio.
200 mil estudiantes de Chile, EEUU y México han usado su tecnología
La trastienda y planes
El proceso de venta tiene varios capítulos.
Dadlani contó que seguía a la fundación Britebound hace años y que el primer contacto fue en abril de 2025, en una conferencia de educación organizada por la Arizona State University y la firma de capital de riesgo, Global Silicon Valley. Ahí, una becaria rumana de Eisenhower -programa para líderes por el que pasó la chilena- la conectó con uno de los vicepresidentes de la organización.
El primer pitch, donde les presentó su compañía, ocurrió semanas después, el 23 de mayo, por videoconferencia. “Fue para conocernos, qué hacíamos nosotros y ellos, qué problemas solucionamos y les interesaba mucho cómo medimos el impacto”, y agregó que Lab4U tiene una metodología para medir su impacto en los estudiantes y cómo ha aumentado su interés y desempeño en el área STEM.
De a poco, las conversaciones fueron tomando forma y, en julio de 2025, Lab4U contrató los servicios del banco de inversión Clearpact.
“Britebound nos empezó a hacer más preguntas: cómo trabajamos con los estudiantes y cómo podríamos llevar esto a EEUU a 15 millones de estudiantes”, comentó Dadlani.
Contó que todo el proceso fue con una intención: “Ellos me dejaron súper claro el alineamiento en las misiones y mi interés era expandir Lab4U a EEUU”.
Viajó por primera vez a las oficinas de Britebound en enero pasado. A la vuelta le informó al equipo que le “fue bien y que hay una intención real de avanzar” y a principios de mayo se cerró la venta. Fueron asesorados por los abogados Pilar Ay (DLA Piper) y Pablo Acevedo (Flores Acevedo), además de Justin Downey (Clearpact).
“Cuando llegué de vuelta a Chile invité a todo mi equipo a jugar bowling y a un desayuno en CasaCo”, comentó.
Dadlani no entregó cifras “por acuerdo de confidencialidad”. No obstante, fuentes señalaron a DF que la startup ya superó US$ 1 millón de facturación anual y, en general en la industria, este tipo de fusiones y adquisiciones se cierra en montos que van de entre cinco a siete veces la venta anual de la empresa.
Desde su fundación, Lab4U ha llegado a más de 200 mil estudiantes en Chile, México y EEUU de universidades, centros de formación técnica y colegios, con un modelo de negocio apoyado por empresas.
Según la emprendedora, tres fueron las razones por las que Britebound decidió comprar Lab4U: la tecnología patentada que la compañía desarrolla hace 13 años; ser una de las pocas startups STEM con un estándar de evaluación rigurosa para medir su impacto en los estudiantes; y “la densidad de talento” en el equipo.
A diferencia de otras adquisiciones de la fundación, Dadlani seguirá como CEO y su equipo de 21 personas se mantendrá. De hecho, están contratando personas en Chile y Lab4U se integrará al ecosistema digital de Britebound.
Hoy su tecnología la usan 100 mil estudiantes y su objetivo inmediato es alcanzar 1 millón y, luego, los 15 millones a los que llega la fundación. También lanzarán nuevos productos de aprendizaje con inteligencia artificial.
Más mujeres
“Hay dos hitos clave cuando uno emprende: cuando creas la startup y cuando la vendes”, dijo Dadlani. Esos hitos, además, tienen una capa simbólica, pues las ventas de compañías en Chile escasean y más aún en empresas lideradas por mujeres.
Empezó a los 24 años y hoy, 13 años después, le cuesta hablar del tema sin emocionarse. “Para mí Lab4U es súper personal, es como mi bebé. Yo respiro Lab4U, subo el cerro pensando en Lab4U (...) Estoy orgullosa por mi equipo, por Chile y por Latinoamérica. Ojalá que haya más Komal y más mujeres liderando startups de impacto que puedan crecer”, dijo.
Agregó que con la venta no termina su rol en Lab4U: “No me voy a ninguna parte. No es el fin de la historia, es el comienzo de una nueva etapa. Un emprendedor social no descansa hasta que soluciona su problema social”, afirmó.
Por ahora vive una transición entre Chile y Boston, ciudad a la que terminará mudándose. Mientras tanto, sigue “obsesionada” con una sola cifra: impactar y pasar de 100 mil a 15 millones de estudiantes.