Son las 7:00 de la mañana en Los Ángeles, Estados Unidos, y Gabriel Cid (45 años) atiende esta entrevista desde un Starbucks. Partir antes que todos es una costumbre que arrastra desde hace más de una década. “Me levanto a las 5:00, a veces a las 4:00”, dijo del otro lado de la pantalla.
La diferencia es que ahora el café no es en Santiago. Hace unos días, el fundador de Capitalizarme -una plataforma tecnológica de inversión inmobiliaria- se instaló en San Francisco para dedicarse a Nexor AI, la startup de infraestructura de inteligencia artificial (IA) que fundó con Ian Lee (Examedi), y Daniel Jiménez.
Y ya vive el ambiente tecnológico de la escena estadounidense: el jueves tuvo una charla con Marc Andreessen, el emblemático cofundador de la firma de capital de riesgo Andreessen Horowitz, que acaba de aceptar a Nexor AI en su programa de aceleración.
Pero antes de la startup de IA está Capitalizarme, la compañía que tomó una década armar. Y esa historia también empezó en un café.
En 2014, Cid tenía una empresa de tecnología 3D para inmobiliarias que estaba por quebrar. Con los US$ 40 mil que quedaban en la caja, salió a ofrecer departamentos de inversión a amigos y conocidos. “Le ofrecía un café, iba a tu oficina, iba hasta tu casa”, comentó.
La tesis era que los jóvenes podían aprovechar el apalancamiento del crédito hipotecario para invertir en propiedades y que Chile tenía dos ventajas únicas: la UF y el DFL 2.
La reforma tributaria de 2015 detonó un enorme crecimiento. Miles de personas compraron departamentos antes de que se incorporara el IVA a la vivienda y Capitalizarme se posicionó como el canal para hacerlo. En el camino sumó a cofundadores en distintas etapas, como Diego García, Francisco Ackermann -uno de los influencers financieros más reconocidos- y luego a Paolo Colonnello y Luis Fuentes.
Con ellos, la facturación pasó de US$ 3 millones a US$ 17 millones. Pero el crecimiento tuvo costos.
La expansión a Perú, México y EEUU, con más de 300 personas en el punto más alto, consumió caja rápido. “Fui muy agresivo. Casi nos lleva a la quiebra”, reconoció Cid.
La empresa se replegó a Chile y priorizó los fundamentos: hoy factura unos US$ 12 millones con Ebitda positivo y lleva dos años de rentabilidad. Mueve más de US$ 300 millones al año en transacciones, tiene un equipo de 60 personas, una red de más de 500 brokers y en 2025 vendió más de 2 mil departamentos.
En mayo del año pasado dejó la gerencia general -hoy a cargo de Jaime Iglesis- y asumió como presidente del directorio. En total, la compañía levantó unos US$ 11 millones -entre otros, con Aurus y la familia Délano Méndez- y desarrolla una gestora inmobiliaria con proyectos en cartera por más de US$ 250 millones en ventas futuras.
“Capitalizarme va a ser la empresa inmobiliaria más importante de Chile en cinco años”, proyectó.
La ola de la IA
Pero la vida de Cid tiene un nuevo capítulo. Y la conversación que cambió su rumbo fue con Paolo Colonnello, su exsocio, y hoy fundador de Diio.
“La ola de la inteligencia artificial es muy grande. Como emprendedores tecnológicos, sería muy negligente no ser parte”, comentó.
Pero mientras Colonnello se lanzó a la IA en 2023, él estaba enfocado en salvar Capitalizarme. Recién en 2025, con la empresa en su mejor año histórico, empezó a mirar oportunidades en torno a la IA.
En ese proceso se cruzó con Lee, cofundador de Examedi. Conectaron por complementariedad, por su experiencia compartida como fundadores y por temas de fe: ambos son cristianos. Junto a Jiménez, empezaron a construir Nexor AI en enero de este año.
La idea inicial era desarrollar agentes de IA para ventas complejas, transacciones donde participa una persona, como propiedades, seguros o autos. Pero el concepto evolucionó hacia una infraestructura para que las empresas operen una fuerza laboral de IA.
“Cualquier persona hace un agente hoy. Pero no funciona bien. Nosotros construimos la capa que lo hace funcionar a nivel empresarial, con menos alucinaciones y más control”, explicó Cid. La visión es crear una categoría nueva que impacte a varias industrias: la plataforma donde las empresas gestionan a sus empleados de IA.
El crecimiento fue inmediato. En cuatro meses alcanzaron US$ 1 millón de ingresos anuales recurrentes con 100 clientes que operan en 20 países; el 70% en Chile.
Esa tracción llamó la atención de Andreessen Horowitz, una de las principales firmas de capital de riesgo de EEUU. Gabriel Vázquez, partner para Latinoamérica, contactó a Lee al saber que había vuelto a emprender. Luego de tres reuniones, quedaron en el programa de su aceleradora, Speedrun.
De 31 mil postulantes, entraron 90 y solo cuatro latinas. El programa entrega US$ 500 mil por 10% de la propiedad y compromete otros US$ 500 mil para una ronda futura.
El programa partió esta semana en Los Ángeles y culmina con un Demo Day en octubre en San Francisco. También incluye encuentros con inversionistas, mentorías y charlas, entre ellas, de Andreessen y de Sam Altman, CEO de OpenAI.
“Más que las startups, me llama la atención ver a cabros de 17 o 19 años presentando sus empresas, que se salieron de buenas universidades, para emprender. Es otra cultura acá”, dijo.
Cid ya está instalado con su familia y arrendó una casa para el equipo de nueve personas para los tres meses que dura el programa, pero apuesta por extender la estadía.
Su meta para el cierre de año es llegar a US$ 10 millones de ingresos y presencia en 30 países. “Si lo logramos, nos pone en otra liga”, dijo. “Y nadie llega solo al Everest”.