Hace 10 años, a comienzos de 2016, JetBlue abrió una oficina en Silicon Valley para invertir en startups. Fue la primera aerolínea estadounidense en hacerlo y después vinieron United, Alaska, Japan Airlines y Emirates. Esta última, incluso, llegó a acelerar en Dubái a la chilena TripYeah (ver recuadro).
En Latinoamérica no hay registro de una aerolínea con un brazo para invertir ni acelerar startups. Pero eso podría estar cerca de cambiar. En mayo Latam Airlines dejó dos rastros que apuntan al aterrizaje de un área de inversión venture.
Fue el 4 de mayo, en la Quinta Notaría de Santiago. Ese día Latam Airlines Group constituyó una sociedad por acciones llamada Latam Ventures SpA, con un capital de US$ 18 millones dividido en 180 mil acciones.
El objeto de la sociedad tiene siete numerales. El primero habla directamente de adquirir, administrar y enajenar participaciones en toda clase de valores, y menciona de forma expresa la participación en sociedades, startups o proyectos tecnológicos, nacionales o extranjeros. Los puntos que siguen se refieren al software y el big data, a los contenidos audiovisuales, a las campañas de publicidad y a la intermediación de pagos y las tecnologías financieras.
El 29 de mayo, veinticinco días más tarde, la aerolínea presentó ante el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI) la solicitud para registrar la marca Latam Ventures. El trámite sigue en curso y ahí la propia compañía consignó la traducción del nombre elegido: Latam Emprendimientos.
Tres mosqueteros
De acuerdo con documentos revisados por DF MAS, la administración de Latam Ventures quedó radicada en la propia Latam Airlines Group. En el artículo segundo transitorio de la misma escritura, la matriz designó a tres mandatarios para representarla, con la exigencia de que actúen de a dos.
La primera es Juliana Rios, Chief Information and Digital Officer de la aerolínea desde enero de 2021 y la ejecutiva que ha encabezado -coinciden distintas voces de la industria- la transformación digital de la compañía. Lleva 11 años en Latam y llegó desde la banca. Desde 2022 integra el directorio de SITA, la empresa de tecnología que abastece a buena parte de la industria aérea.
El segundo nombre es Jerusa Moura. Entró a Latam en octubre de 2025 como Head of New Business Development y Data Monetization, con base en Barcelona. En su perfil de LinkedIn describe su cargo como liderar la estrategia de crecimiento, la monetización de datos, los nuevos negocios y los “new ventures”. Pasó por Procter & Gamble, Revlon y Danone, y entre noviembre y febrero pasado cursó un programa sobre monetización de datos en el MIT Sloan. Y un dato freak: entre 2016 y 2017 fue productora ejecutiva de Miami Love Affair, una comedia romántica rodada en esa ciudad que le dio al veterano actor Burt Reynolds uno de sus últimos papeles.
El tercero es Felipe Pumarino, controller del Grupo Latam desde enero de 2024. Lleva más de 18 años en la compañía, y entre 2017 y 2024 fue el CFO de Latam Brasil. Antes de aterrizar en la aerolínea pasó seis años en CCU.
El momentum
Al día siguiente de la escritura, Latam presentó sus resultados del primer trimestre: los mejores de su historia según la propia empresa. Los ingresos llegaron a US$ 4.150 millones, un alza de 21,7% frente al mismo período del año anterior, y la utilidad a US$ 576 millones, 62,1% más. Además, cerró marzo con una liquidez de US$ 4.100 millones, un endeudamiento bajo y sin vencimientos relevantes en el corto y mediano plazo.
Este buen momento financiero coincide con la meta de la compañía de digitalizar todos sus procesos y acelerar su apuesta tech. Por ejemplo, con la migración total de sus sistemas a la nube, el codesarrollo junto a Google de un agente de viajes con inteligencia artificial para personalizar la planificación de itinerarios y un programa donde el propio personal de tripulación de cabina diseña aplicaciones a medida para resolver problemas operativos cotidianos.
En eso, ha sido clave Juliana Rios, justamente una de las mandatarias de Latam Ventures.
Consultada, la compañía declinó referirse al tema. Habrá que esperar para conocer qué se traen entre manos.
Qué pasó con los otros
JetBlue alcanzó a invertir en 55 startups y tuvo ocho exits, entre ellas Joby Aviation, la firma de taxis aéreos que se abrió a bolsa en 2021. También puso fichas en Universal Hydrogen, que colapsó a mediados de 2024. En mayo del año pasado vendió todo este vehículo a la arrendadora de aviones SKY Leasing.
United, por su parte, armó un fondo de US$ 200 millones que ha invertido en más de 35 startups. Japan Airlines partió en 2019 con un vehículo de US$ 70 millones y en marzo lanzó un segundo por US$ 50 millones, esta vez con una filial propia en Silicon Valley. KLM acumula alrededor de 44 inversiones venture, Lufthansa abrió su hub de innovación en Berlín en 2014, y ANA y Qantas bordean las 20 apuestas cada una.
Otras firmas prefirieron invertir directo, sin un brazo venture de por medio. Por ejemplo, Delta puso US$ 60 millones en Joby y American entró con US$ 25 millones en Vertical Aerospace.
La apuesta común fue la descarbonización, y ahí están, justamente, las caídas. Lilium y Volocopter, las dos europeas de taxis aéreos, quebraron entre 2024 y 2025.