El 11 de agosto se estrena Relato de una conspiración, la serie documental de cuatro capítulos que aborda la polémica relación del empresario Carlos Cardoen con Estados Unidos, luego de que ese país allanara sus oficinas en Miami en 1991 y lo acusara de importar ilegalmente zirconio a Chile para fabricar armamento de guerra. Un hecho que dio paso a un largo proceso judicial de más de 30 años, en el cual la Corte Suprema chilena falló en 2020 que no autorizaría su extradición a EEUU. Para el empresario y su familia eso fue un cierre del tema, pese a que el país norteamericano mantiene hasta hoy la alerta roja que pesa sobre él, lo que le impide salir de Chile.
Todo eso está en el documental, que promete testimonios y documentos inéditos. De hecho, fue justamente tras el fallo de la Suprema que uno de sus hijos, Andrés Cardoen, director ejecutivo de Empresas Cardoen, sintió la necesidad de registrar lo que ha sido este largo proceso. Cuenta que empezó a documentarse con material político e histórico de la época, y así reconstruyó el entramado y los personajes —de Henry Kissinger a George Bush padre— que rodearon el caso en que se vio involucrado su padre. “Eran unos gángster”, dice. “Usaron a mi viejo como chivo expiatorio”.
Con toda la información reunida, le pidieron al periodista Juan Cristóbal Villalobos que chequeara los antecedentes. Luego contactaron a Andrés Urrutia, el mismo profesional que estuvo a cargo del documental sobre Cardoen que, en 2022, realizó Coco Legrand. A él se sumaron el guionista Claudio Bustamante y el cineasta Claudio Miranda, quien oficia de director. El financiamiento fue asumido 100% por la Fundación Cardoen.
Cada capítulo dura 20 minutos y, en conjunto, cubren un período que va desde 1965 hasta 2026. Incluye entrevistas, material de archivo y una voz en off que guía el relato. En el primer capítulo participan, entre otros, el abogado Juan Pablo Hermosilla, quien representó a Cardoen en este caso; el analista Libardo Buitrago; el excomandante en jefe de la Fuerza Aérea Ricardo Ortega; y el propio Carlos Cardoen (83), quien sostiene que lo suyo fue “una caza de brujas”. “Para mi papá hablar en este documental ha tenido un cierto nivel de reparación, de poder contar su verdad y compartirla”, dice su hijo.
Andrés Cardoen asegura que, pese a la mirada crítica del documental, este no apunta contra la administración Trump ni contra Estados Unidos, sino que busca exponer hechos ocurridos hace décadas y retratar “una generación anterior que hicieron las cosas muy turbias”. Agrega que intentó contactar al embajador de Estados Unidos en Chile para comentarle el proyecto, pero no logró comunicarse con él.
El documental, aclara Cardoen hijo, no tiene fines de lucro y quedará disponible de manera gratuita en YouTube después de su lanzamiento.