“Es una persona serena. Refleja lo que lleva dentro; observa, mira a los ojos, escucha. En el trabajo que me toca compartir con él ha sido de una docilidad absoluta, muy colaborador, sencillo, y poniendo al mismo tiempo creativamente de su propia iniciativa. Te hace sentir cómodo en su presencia, porque no se ve a sí mismo como un rockstar que deba entretener o llenar todos los espacios, sino como el sucesor de Pedro que busca orientar la vida de una humanidad sedienta de paz y sentido”, así describe Cristóbal Fones, sacerdote jesuita chileno, al papa León XIV.
Hace poco más de un año, el 8 de mayo de 2025, salió humo blanco en el Vaticano y Robert Francis Prevost, sacerdote estadounidense con doble nacionalidad peruana, se convirtió en el 267º papa de la Iglesia Católica.
“También veo que se ha ido ‘dejando hacer’ este año por el pueblo de Dios como su pastor universal y que quiere profundamente la unidad de la Iglesia y del mundo entero”, añade Fones, que desde enero del año pasado es Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, misión con sede en Roma que lo mantiene en contacto con el pontífice.

El chileno responde desde España, donde a inicios de la semana participó de la visita papal en Madrid. “La energía era muy positiva y también muy espiritual. Y no lo digo sólo por las multitudes animadas y devotas que nos reunimos en las calles o en los grandes eventos para celebrar la fe, sino también por el respeto y acogida que se ganó el papa León en la Casa Real, el Parlamento, entre los pobres, con las víctimas de abuso, en el trato con las autoridades civiles y en su manera firme y serena de llevarnos a todos a mirar lo auténticamente humano, lo que nos une y nos convoca”, señala sobre el ambiente que se vivió en las calles y en las distintas actividades en torno al papa.
Llegada al Vaticano
El sábado 6 de junio arrancó la visita de León XIV que hasta el viernes 12 lo tuvo con una intensa agenda en Madrid, Barcelona e Islas Canarias. Las distintas instancias de su recorrido han dejado escenas memorables como el discurso viral del actor Antonio Banderas, el sensible testimonio de una joven cuyo padre intentó asesinar a su madre y la espectacular inauguración de la Sagrada Familia de Antonio Gaudí en la capital catalana.
“He tenido el privilegio de gozar con estos jóvenes en el canto explosivo y en el silencio que adora reverente”, escribió el sacerdote Cristóbal Fones en su cuenta de Instagram junto a una serie de fotos de los eventos en Madrid.
Fones vive en Roma desde 2024 y el 1 de enero del año pasado asumió como director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, obra pontificia establecida por el papa Francisco en 2018 que promueve la oración en el corazón de la misión de la Iglesia y que está encomendada a la Compañía de Jesús. El cargo tiene una duración de cinco años y su sede está en el Vaticano, pero la misión está presente en 92 países y reúne a más de 20 millones de personas en todo el planeta.
“Consiste en ayudarnos a orar de un modo compasivo, apostólico; abriendo el corazón a realidades difíciles, a desafíos de la humanidad que requieren no sólo de nuestra empatía, sino de nuestra implicancia. El papa nos encomienda una intención de oración mensual a modo de brújula, y nosotros intentamos animar a millones de personas y grupos en el mundo entero. Es asombroso lo que nos toca presenciar en esta red de solidaridad centrada en el corazón. Constatamos a diario el compromiso de tantos, especialmente de los jóvenes del Movimiento Eucarístico Juvenil y de personas muy sencillas, en lugares remotos y en espacios donde nadie mira... Y es que donde hay menos “distracciones”, hay también más profundidad, honestidad y empatía en la relación con los que sufren”, explica al mismo tiempo que invita conocer más de esta organización en www.popesprayer.va.
“La melodía nos enseña a narrar lo que llevamos en el corazón”
Fones tiene más de 12 discos, casi 100 mil suscriptores en YouTube, su canción Tu modo suma más de 3 millones de reproducciones en Spotify y llena templos, gimnasios y plazas. Así y todo, no se considera cantante, para él la música es una manera de orar. Nacido en Santiago en 1974, Fones asistió al colegio San Ignacio El Bosque, luego estudió sociología en la UC, entró al noviciado jesuita en 1994 y se ordenó sacerdote en 2007, tras estudiar teología sacramental y litúrgica en la Catholic University of America (Washington) y música moderna en el Berklee College of Music (Boston).
Aunque en su juventud laica ya cantaba en festivales y celebraciones de matrimonio junto a una banda de amigos llamada Engranaje, ha contado que sus primeros casetes los grabó a pedido de su superior en la orden jesuita.
En 2001, tras vivir dos años con comunidades mapuche en el lafkenmapu (territorio junto al mar), el sacerdote compuso la primera misa en mapudungun: la Misa Ülkantun. En 2017 lanzó Kume Mongen, Música para una ecología integral. Esta expresión, también perteneciente a la lengua originaria, significa buen vivir y el álbum se inspira en la encíclica Laudato sí (2015) del Papa Francisco. Otros títulos son Ite inflammate Omnia (2014), Tú, mi hermano (2016), Sólo en Dios, canto a Santa Teresa de los Andes (2019), Nova Omnia (2022) y el último, Tierra Cielo (2025), donde comparte nuevas versiones de la obra artística y espiritual del sacerdote Eduardo Meana.

- ¿Qué se siente que tu voz tenga ese alcance?
- No soy muy consciente de ello, porque no hago mucho seguimiento de las grabaciones y las reproducciones digitales. Pero sí me impacta recibir el testimonio de muchas personas para quienes las canciones han sido de ayuda en momentos difíciles o que han acompañado decisiones importantes. Eso consuela y despierta mucha gratitud.
- ¿Cuesta dejar de lado el ego que trae la fama?
- Más que el ego, me preocupa a ratos la distracción; la mía y la de otros. Es decir, que la gente a veces te busque más para tener una foto contigo que para compartir un momento de encuentro. Hay una expectativa desmedida en el personaje. Sé que eso responde a un cariño genuino, que por las canciones a uno lo experimentan cercano y que es un poco parte de la cultura actual, pero pido con insistencia la gracia de ser más mediador que intermediario. Y no sólo como sacerdote o músico, sino como ser humano. A pesar de que conozco muchas personas y recibo mucho amor, es imposible aspirar a tener una relación de intimidad y vínculo fuerte con cada uno, una respuesta, una palabra precisa...
Fones cuenta que nunca pensó dedicarse a la música como vocación principal: “No tengo tampoco el talento necesario para hacerlo. A mí me apasionan las personas y su experiencia espiritual, su vida interior, no la música. Yo canto porque así aprendí a amar y me resulta natural hacerlo con la música. Sin duda la música es una parte importante de mi vida, pero no la única ni tampoco la primera. Es más bien un espacio exploratorio de encuentro con Dios, con los demás, conmigo mismo y con la creación”.
En esta exploración religiosa y musical que emprendió hace más de 20 años, le ha tocado constatar cómo la música puede ser transformadora. “La melodía nos enseña a narrar lo que llevamos en el corazón con un sentido unificador y la palabra en el canto adquiere una potencia impresionante. Todo esto nos lleva al centro de Dios, que es Amor, donde habita la verdad y la justicia. Yo mismo he ido aprendiendo a ser mejor persona gracias a las canciones y recibo a diario testimonios de comunidades que, al cantar su esperanza, se ponen de pie, se acompañan en la construcción de un mundo más humano”, relata el religioso.
Durante el último Cónclave, donde saldría electo el papa León XIV, Fones acompañó con su canto a los cardenales reunidos en reflexión. “La Basílica de San Pedro es impresionante, imponente. Pero no deja por ello de ser el espacio de una comunidad que intenta servir el Evangelio. No es un escenario. Me sentí auténtico, tranquilo, cantándole simplemente a Jesús. Cantando me siento cerca de la gente y partícipe de esta misión tan bonita que es vivir la fe en comunidad”, dice sobre esta experiencia.
Por último, el sacerdote le dedica algunas palabras al papa Francisco I, creador de esta red: “Nos mostró el rostro misericordioso de Dios y una gran sensibilidad por quienes viven en los márgenes. Ese fue el eje de su pontificado, a mi modo de ver. Fue también un hombre imperfecto, como todos nosotros. Es decir, normal; capaz de pedir perdón y de aprender, de escuchar y de guiarnos como padre. Pienso que uno de sus legados fue transmitir que la santidad no tiene que ver tanto con jamás equivocarse, sino con intentar amarnos de verdad, mantener el buen humor y la esperanza en el ser humano”.

“El dedo en la llaga”
“No le tengo miedo a la Administración Trump, ni a proclamar en voz alta el mensaje del Evangelio, que es para lo que estoy aquí, para lo que la Iglesia está aquí”, señaló León XIV en abril, consultado por los periodistas tras los dichos del mandatario estadounidense aseverando que el pontífice era “débil ante la delincuencia” y “pésimo en política exterior”.
El 25 de mayo el papa publicó la encíclica Magnifica Humanitas, donde puso sobre la mesa un punto de vista respecto de la IA y su uso, enfatizando la importancia de proteger la dignidad humana, cuestionar que el conocimiento y la tecnología no se concentren en manos de unos pocos, defender el trabajo frente a la automatización abusiva y construir la “civilización del amor” frente a la cultura del poder. Sobre la primera encíclica de León XIV, Cristóbal Fones afirma que su mensaje mete “el dedo en la llaga”.
“Señala algo que nos cuesta mirar: estamos tan fascinados con los avances de la modernidad, que nos ha faltado tiempo para ponderar si esto nos libera o esclaviza. Detrás de la idea del progreso continuo como motor de la historia se esconde un cierto desprecio por la fragilidad de la condición humana. El error, el amor, el aprendizaje, los límites, la búsqueda, el sacrificio, la apuesta por el otro, son espacios humanizadores que la inteligencia artificial tiende a borrar por default. Hoy son más bien los algoritmos los que nos gobiernan y movilizan, manipulando nuestros impulsos hacia el consumo. Vamos perdiendo la capacidad de tomar decisiones que respondan a los deseos más profundos de nuestro corazón. Creo que este mensaje es universal, urgente”, enfatiza.
