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Columnistas

Construyendo resiliencia estructural ante el shock de Ormuz

NANCY SILVA PhD en Economía, exdirectora general de Estudios de la CMF

Por: Equipo DF

Publicado: Martes 5 de mayo de 2026 a las 04:00 hrs.

El escenario macroeconómico del primer cuatrimestre de 2026 ha consolidado un concepto que ha dejado de ser una abstracción académica: la permacrisis. No enfrentamos un evento agudo y transitorio, sino una volatilidad multidimensional que se ha convertido en la “nueva normalidad”. Este entorno obliga a las instituciones a abandonar los modelos tradicionales de “regreso a la media” y adoptar un enfoque de resiliencia estructural.

El bloqueo delestrecho de Ormuz representa la interrupción energética más severa desde la década del ‘70. Con una escalada en el precio del crudo que supera los shocks de la invasión a Ucrania, la presión sobre las cadenas de suministro es sistémica. Ormuz no es solo energía, es el tránsito de un tercio del stock global de fertilizantes en un ciclo agrícola crítico. El efecto dominó es inevitable: estimaciones de la FAO sugieren un alza adicional de 10% a 20% en alimentos hacia fines de año, lo que impactará directamente en los hogares más vulnerables.

“El desafío actual es transformar la respuesta a la ‘permacrisis’ que enfrentamos en un nuevo acuerdo, donde la seguridad energética, alimentaria y financiera sean el pilar del bienestar social”.

Para Chile, el impacto es directo. El IPoM de marzo ajusta el crecimiento al rango 1,5%-2,5%; y retrasa la convergencia inflacionaria, forzando una pausa en el ciclo de relajación de la política monetaria. Si bien la minería puedeodría actuar como amortiguador, por el alto precio del cobre, sectores intensivos en logística y construcción enfrentan una compresión de márgenes que amenaza con desestabilizar el ciclo económico y crediticio. Para abordar esta crisis permanente, debemos transitar desde la gestión reactiva hacia la resiliencia estructural. Propongo tres ejes prioritarios:

1. Gobernanza de datos e IA agéntica: bajo los principios de soberanía tecnológica, el Estado debe coordinar una mesa pública-privada para generar una arquitectura de datos que integre IA agéntica en la cadena logística nacional. No se trata solo de eficiencia, sino de previsibilidad. Optimizar los flujos de transporte y servicios financieros en tiempo real permitiría mitigar el traspaso de costos externos a los precios internos, protegiendo el poder adquisitivo de la población.

2. Seguridad energética como bien público: La vulnerabilidad ante Ormuz subraya que la transición energética es, ante todo, un imperativo de seguridad nacional. Debemos acelerar la inversión en almacenamiento de renovables y en construcción de redes de transmisión. Chile debe aprovechar su ventaja comparativa en la producción de hidrógeno verde, para desacoplar de forma agresiva la matriz productiva de los combustibles fósiles, reduciendo la exposición a la geopolítica del petróleo.

3. Marcos macropruenciales dinámicos: Es vital coordinar mecanismos que eviten que la contracción monetaria se transforme en un estrangulamiento del crédito. La flexibilidad macropruencial debe permitir que sectores críticos, como el transporte y la construcción, accedan a financiamiento bajo condiciones que reconozcan el carácter sistémico del shock, evitando quiebras de empresas viables -especialmente PYME- que afectarían severamente el empleo a largo plazo.

En un país sísmico, sabemos que la estabilidad no es la ausencia de shocks, sino la capacidad de absorberlos sin fracturar los fundamentos. El desafío actual es traspasar esta experiencia a la economía y transformar la respuesta a la permacrisis en un nuevo acuerdo donde la seguridad energética, alimentaria y financiera sean el pilar del bienestar social. Construir resiliencia ya no es opción, sino la métrica del éxito de las políticas económicas modernas.

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