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Columnistas

Crecimiento económico: razones para un cauto optimismo

HERMANN GONZÁLEZ B. ECONOMISTA. CLAPES UC

Por: Hermann González

Publicado: Martes 7 de julio de 2026 a las 04:03 hrs.

Las cifras de Imacec vienen decepcionando hace meses. Mayo no fue la excepción y la caída de la actividad reabrió el debate sobre la posibilidad de una recesión técnica en caso de que el PIB vuelva a caer durante el segundo trimestre respecto del primero. La última vez que pasó algo similar fue a fines de 2022 cuando la economía salía del sobrecalentamiento postpandemia y antes, a fines de 2019, después del estallido de octubre. El año 2019 la economía creció 0,6% y en 2023 creció 0,7%, lo que muestra lo difícil que es que el crecimiento anual repunte después de dos trimestres consecutivos de caída. No fueron años de recesión en el sentido amplio del concepto, pero fueron años de un desempeño económico decepcionante.

Lo que ocurre con la economía no es algo de los últimos meses, sino que el PIB completa un año y medio estancado. Las cifras del Imacec desestacionalizado muestran que el nivel de mayo tanto para la actividad total, como para los sectores no mineros es prácticamente el mismo que tenía a inicios de 2025. Esta situación de corto plazo se enmarca en un contexto de bajo crecimiento potencial que hace que la economía sea vulnerable a caer frente a shocks específicos como los observados este año.

La caída del PIB durante el primer trimestre se explica principalmente por el desempeño de sectores vinculados con recursos naturales (minería, pesca y agricultura) y con el menor flujo de turistas. Estos factores, junto con la temporalidad del shock del petróleo, sugieren que la caída de la actividad durante ese período nada tiene que ver con el alza de los precios de los combustibles. Es probable que, por su naturaleza puntual y específica, algunos de estos shocks se reviertan durante la segunda parte del año.

Lo que ocurre con la economía no es algo de los últimos meses, sino que el PIB completa un año y medio estancado.

Entre abril y junio se sumó a lo anterior una caída de los ingresos reales derivada del aumento del desempleo, la mayor informalidad y la caída de los salarios reales. A ello se agregó un rápido deterioro de las expectativas, que afectó especialmente a los rubros vinculados al consumo privado. Mirando hacia adelante, sin embargo, hay algunas noticias favorables, como la desescalada del conflicto en Medio Oriente, el retroceso del precio del petróleo y su traspaso rápido a los consumidores finales. Si este fue un shock negativo relevante el segundo trimestre, su reversión debería apoyar un repunte de la actividad en los próximos meses, especialmente si se ve acompañado por recortes de la TPM, como anticipa un número creciente de analistas y operadores financieros.

Finalmente, hay señales positivas para la inversión. Las medidas orientadas a acelerar permisos y trámites, junto con el proyecto de reconstrucción que se discute en el Congreso, podrían contribuir a mejorar las expectativas y destrabar decisiones postergadas. En ese contexto, el Banco Central proyecta una recuperación de la inversión y un crecimiento del PIB de hasta 3% el próximo año. En ausencia de nuevos shocks externos, y si estas medidas surten efecto, esas previsiones podrían incluso ser conservadoras.

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