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Hernán Cheyre

Para combatir la “enfermedad holandesa”

HERNÁN CHEYRE Centro de Investigación Empresa y Sociedad, U. DEL DESARROLLO

Por: Hernán Cheyre

Publicado: Jueves 15 de enero de 2026 a las 04:04 hrs.

Hernán Cheyre

Hernán Cheyre

La expresión “enfermedad holandesa” fue acuñada en la década de los ‘60 a propósito del descubrimiento de yacimientos de gas en los Países Bajos, lo cual provocó una fuerte apreciación del florín holandés, generando efectos colaterales negativos en otros sectores de la economía. Este concepto hace referencia al problema que surge cuando un país que tiene concentradas las exportaciones en un sector basado en recursos naturales se beneficia de un auge que impulsa el desarrollo de ese rubro, lo que provoca como contrapartida una apreciación de la moneda local que hace perder competitividad a las exportaciones provenientes de otros sectores.

Chile es un país que, no obstante haber sido históricamente altamente dependiente de la minería, y en particular del cobre, como consecuencia de la exitosa política de integración comercial con el resto del mundo que se ha venido implementando desde mediados de los ‘70 ha logrado fortalecer muchos otros sectores de exportación, de manera que en su conjunto el sector exportador se ha constituido en el pilar fundamental de la economía chilena. Más aún, hay bastante consenso en que se debe seguir fortaleciendo la industria exportadora basada en recursos naturales, buscando una mayor diversificación a partir de ahí y potenciando la industria de servicios asociadas a estos rubros (“Pacto de Desarrollo”, Horizontal/Espacio Público, 2025).

“Los mayores ingresos por el alza del precio del cobre deben ahorrarse, de manera que no se genere una presión a la baja adicional en la paridad cambiaria, que haría perder competitividad a las demás exportaciones”.

En este contexto, ante el alza que está experimentando el precio del cobre lo recomendable es actuar con cautela. Más allá del proceso de normalización que se viene observando en el tipo de cambio, sumado a las fluctuaciones que provienen de los vaivenes internacionales, es necesario adoptar los debidos cuidados para que este auge en el precio del metal rojo no se convierta en una “enfermedad holandesa”. Y la receta para esto es muy simple: los mayores ingresos que obtenga el fisco por esta vía deben ser ahorrados, de manera que no se genere una presión a la baja adicional en la paridad cambiaria, que haría perder competitividad a las demás exportaciones, que son precisamente las que necesitamos fortalecer y potenciar. Siendo efectivo que el nivel del tipo de cambio real responde a fenómenos que no están bajo el control directo de la autoridad monetaria, a través de un mayor ahorro se puede contribuir a subir su nivel de equilibrio, y desde esta perspectiva aumentar el ahorro público pasa a ser una pieza fundamental. El nuevo Gobierno va a enfrentar un difícil dilema fiscal, por cuanto si el precio del cobre se mantiene en los actuales niveles es probable que el comité de expertos suba su estimación de precio del cobre de largo plazo, lo cual generaría un espacio estructural para aumentar el gasto público, o lo que es lo mismo, permitiría que al anunciado ajuste en el gasto sea de menor magnitud. Es por ello que las nuevas autoridades van a tener que mantener una posición firme en materia fiscal, destinando ojalá la totalidad de los ingresos extraordinarios provenientes del cobre para recuperar y fortalecer el Fondo de Estabilización Económica, clave a su vez para poder enfrentar eventuales escenarios adversos en el futuro.

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