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Jorge Sahd

Bolivia es ahora

JORGE SAHD K. Director Centro de Estudios Internacionales UC

Por: Jorge Sahd

Publicado: Miércoles 13 de mayo de 2026 a las 04:04 hrs.

Jorge Sahd

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La relación entre Chile y Bolivia históricamente ha estado atrapada en la desconfianza, el simbolismo y las recriminaciones. Pero hoy, por primera vez en mucho tiempo, el momento político parece distinto. Y sería un error no aprovecharlo.

El tono entre los Presidentes José Antonio Kast y Rodrigo Paz ha sido claro: estrechar relaciones, abrir espacios de colaboración y avanzar en una agenda pragmática. A ello se suma el ánimo de mayor coordinación fronteriza impulsado por ambos Cancilleres, luego del encuentro en La Paz. Quizás el mejor reflejo de este nuevo clima fue el acuerdo para convocar nuevamente el mecanismo de consultas políticas entre Bolivia y Chile, después de 16 años.

A este se suma el creciente interés del mundo empresarial, académico y de la sociedad civil, como la iniciativa liderada por la fundación Konrad Adenauer y el Centro de Estudios Internacionales UC, que hace tres años ha ido generando masa crítica de personas dispuestas a cambiar la inercia histórica de las relaciones y promover una agenda de futuro.

“Chile y Bolivia tienen una oportunidad única de dar un giro en sus relaciones. Hace 30 años, nadie imaginaba lo que Chile y Perú construirían. Pese a la errada creencia de que es positivo que los vecinos no estén bien, los resultados están a la vista”.

La proyección Chile-Bolivia no es una mera aspiración. La situación económica del país vecino es dramática y sin una reforma profunda seguirá preso de su estancamiento. No hay gas ni petróleo, una industria minera rezagada, finanzas públicas deficitarias y una macroeconomía agobiada por un bajísimo crecimiento e inflación. Existe una necesidad urgente de atraer inversión extranjera, mejorar la conectividad, desarrollar el potencial minero y energético y apuntalar el comercio: oportunidades donde nuestro país tiene mucho que decir.

Precisamente por eso, existe hoy una agenda concreta de futuro. Más allá de la urgente necesidad de cooperación en control fronterizo y migración, hay espacios evidentes de integración económica y logística. Por ejemplo, el puerto de Mejillones puede transformarse en un puerto de tránsito fundamental, articulando cadenas de integración con Bolivia y el noroeste argentino. La fibra óptica construida hasta Visviri puede proyectarse a Bolivia, Paraguay y Brasil, en lo que sería un verdadero corredor bioceánico de la conectividad digital. O la habilitación de la carretera Chacalluta-Visviri, que haría más eficiente el transporte de carga terrestre hacia La Paz.

Los recursos naturales son otro ejemplo evidente. Bolivia posee una de las mayores reservas de litio del mundo y un potencial energético que requiere inversión, tecnología y capacidades de gestión. Chile puede aportar experiencia minera, institucionalidad, servicios y capital humano especializado. A ello se suma una coyuntura favorable, marcada por la reactivación del Acuerdo de Complementación Económica, la reconducción de personas irregulares, avances en infraestructura fronteriza e iniciativas relevantes para Arica, además de potenciales proyectos de integración energética y cooperación en seguridad.

Más allá de zanjas, Chile y Bolivia tienen hoy una oportunidad única de dar un giro en sus relaciones. Hace 30 años, nadie imaginaba lo que Chile y Perú lograrían construir. Y pese al escepticismo, y la errada creencia de que para Chile es positivo que sus vecinos no estén bien, los resultados están a la vista.

Hay que romper inercias y asumir que la integración vecinal es parte de una política exterior inteligente. Al mismo tiempo, es un imperativo para la clase política boliviana: dejar por un momento las trincheras individuales y respaldar un plan serio de apertura, estabilidad y modernización para su país.

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