Es posible que el nombre de Peter Hennessy no signifique mucho si vives fuera del Reino Unido; sin embargo, dentro del país, este miembro de la Cámara de los Lores de 79 años es un célebre historiador político considerado como una institución nacional por sus numerosos admiradores.
También es una persona divertida. Aún recuerdo cómo levantó mi ánimo, abatido por el Brexit, en junio de 2016, con su análisis del impactante resultado del referéndum sobre la Unión Europea (UE) que acababan de decidir los votantes.
La semana pasada anunció que se retiraba de la Cámara de los Lores porque la enfermedad de Párkinson que ha padecido desde hace años había llegado a un punto en el que “no puedo pensar con mucha claridad y las palabras no siempre me salen”, por lo que “ya no puedo desempeñar mi labor adecuadamente”.
“Ser un viejo caparazón decorativo en los escaños independientes puede estar muy bien para mí, pero es un despilfarro de dinero público”, declaró. “Así que, es hora de decir adiós”.
“Los cargos electos no pueden designar a su sucesor personal, pero sí deben hacer lo mejor para su salud y sus votantes, en lugar de aferrarse al puesto”.
Esto sorprendió a mucha gente, incluyéndome a mí. No parecía estar incapacitado. Lo estaban entrevistando sobre su último programa para la BBC, algo que claramente requería mucha capacidad de reflexión y expresión oral. Pero el Párkinson es una enfermedad cruel, lo cual él reconoció.
La pregunta es por qué tantos otros líderes de edad avanzada, tanto en la política como en el mundo empresarial, se aferran a sus cargos cuando empiezan a sufrir un deterioro en sus facultades.
Que quede claro: no hablo aquí de la simple vejez. He escrito a menudo sobre la lacra del edadismo y la suposición errónea de que los trabajadores mayores de sesenta años son más débiles de lo que realmente son. Conozco a personas de 90 años con una agudeza mental superior a la de otros individuos que tienen un tercio de su edad. Pero, a veces, el peso de los años se hace evidente.
El mismo día que habló Hennessy, el senador republicano estadounidense por Kentucky, Mitch McConnell -de 84 años- rompió por fin un silencio de semanas sobre los motivos de su hospitalización de casi un mes. Explicó que se estaba recuperando de una caída; había perdido el conocimiento y posteriormente contrajo neumonía. Se trata del mismo McConnell que, hace tres años, dejó de hablar repentinamente a mitad de una frase y se quedó paralizado durante una rueda de prensa. Esto sucedió varias veces.
Tiene previsto dejar el Senado en enero, una cámara donde la edad media es algo inferior a los 66 años. Sin embargo, su declaración del fin de semana se produjo apenas un día después de la muerte repentina del senador Lindsey Graham, quien había cumplido 71 años dos días antes.
Graham es el segundo senador que ha fallecido en el cargo en los últimos años, tras la muerte en 2023 de la demócrata Dianne Feinstein a los 90 años. Para entonces, “ella no sabía que era senadora de EEUU”, le comentó hace poco Rahm Emanuel, posible aspirante demócrata a la presidencia, a un periodista.
Emanuel lleva tiempo defendiendo la jubilación obligatoria a los 75 años para los tres poderes del Estado. Eso habría evitado a su partido el desastre que supuso la retirada tardía de Joe Biden de la carrera presidencial de 2024, tras su titubeante actuación en el debate cuando ya tenía 81 años.
También habría frenado a Donald Trump, que acaba de cumplir 80 años, y al izquierdista de Vermont Bernie Sanders, quien tenía 83 años cuando fue reelegido para el Senado en 2024.
Los partidarios de ambos se habrían sentido disgustados. Aun así, en un país profundamente dividido, las encuestas estadounidenses muestran que existe un punto en el que coinciden la mayoría de los demócratas y republicanos: la necesidad de establecer límites de edad para los cargos electos.
En decenas de países no se permite presentarse a un cargo electo hasta alcanzar una determinada edad, pero los límites de jubilación obligatoria son poco frecuentes.
En la Cámara de los Lores no es raro que los responsables de disciplina de los partidos hablen discretamente con los familiares de aquellos miembros que muestran signos de deterioro físico o mental. Sospecho que sucede lo mismo en otros lugares, pero las normas estrictas de límite de edad son otra cuestión.
En el mundo empresarial, Sumner Redstone sigue siendo el ejemplo clásico del magnate que se ha aferrado al cargo. Pero también existen casos como el de Fred Smith, fundador de FedEx, seguía siendo presidente ejecutivo hasta cuando falleció el año pasado, a los 80 años. No obstante, había dedicado años a preparar a Raj Subramaniam, el director ejecutivo, para que fuera su sucesor.
Los cargos electos no pueden designar a un sucesor personal, pero sí deben hacer lo mejor para su salud y sus votantes, en lugar de aferrarse al puesto para satisfacer su propio ego o las agendas de quienes los rodean.
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