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Editorial

EEUU-Irán, la fragilidad de un acuerdo

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Publicado: Viernes 19 de junio de 2026 a las 04:00 hrs.

Los mercados han reaccionado positivamente al acuerdo que puso fin -por ahora- a los enfrentamientos militares entre Estados Unidos e Irán. El barril de petróleo Brent cayó de casi US$ 95 la semana pasada a US$ 78 este jueves, eliminando gran parte del alza acumulada durante más de 100 días de conflicto. Los principales bancos de Wall Street recortaron sus proyecciones para el precio del crudo a fin de año, mientras la Agencia Internacional de la Energía anticipó un excedente significativo de oferta en 2027, si se mantiene la paz.

Sin embargo, la euforia inicial debe tomarse con cautela. La baja del petróleo y la recuperación parcial del tránsito por el estrecho de Ormuz no equivalen a una normalización definitiva. El acuerdo firmado es una especie de memorándum de entendimiento por 60 días, que está lejos de convertirse en un tratado de paz, por lo que requerirá un esfuerzo sostenido de ambas partes para transformarse en una solución duradera. Y ahí radica su fragilidad.

La OTAN calificó el pacto como una oportunidad para avanzar hacia el objetivo de impedir que Irán obtenga un arma nuclear.

El primer foco de incertidumbre está en el programa nuclear iraní. La OTAN calificó el pacto como una oportunidad para avanzar hacia el objetivo de impedir que Irán obtenga un arma nuclear, pero advirtió que se trata de un primer paso. De acuerdo con informes del Organismo Internacional de Energía Atómica, el país persa posee una reserva de 10 toneladas de  uranio enriquecido, incluidos 440 kilos con una pureza cercana a la requerida para fabricar armas nucleares. El acuerdo establece un mínimo para su dilución, pero no exige su destrucción. La experiencia bajo la administración de Barack Obama, muestra además que compromisos similares no impidieron que Irán siguiera enriqueciendo uranio hasta niveles que generaron alarma internacional.

El segundo elemento es la seguridad regional. Israel ha declarado que sus fuerzas permanecerán indefinidamente en el Líbano y Gaza, mientras Teherán exige que el ejército israelí abandone ese territorio libanés, donde opera Hezbollah, su principal aliado en la zona. Un flanco capaz de erosionar cualquier avance diplomático.

El tercer foco está en la soberanía y operación del estrecho de Ormuz. Medios iraníes han señalado que la reapertura podría estar condicionada a la imposición de tarifas de navegación, una posición que EEUU, Europa y los Estados del Golfo han rechazado categóricamente. Si Teherán mantiene esa exigencia, el acuerdo enfrentará su primera prueba de fuego.

A lo anterior se suma el temperamento del Presidente Donad Trump, que en su estrategia negociadora ha demostrado gran imprevisibilidad, con una tendencia a modificar posiciones de manera abrupta, endurecer condiciones o privilegiar gestos de alto impacto político por sobre las vías diplomáticas. Y, por otro lado, existe una dimensión operacional a considerar. Goldman Sachs advirtió que la normalización del flujo de crudo a través de Ormuz tomará tiempo, mientras agentes relacionados a la industria marítima global estiman que pasarán meses antes de que el tráfico vuelva a la normalidad.

De ahí que revertir los efectos del cierre de Ormuz sobre los mercados energéticos mundiales será de largo aliento. Aunque no se reanude el conflicto bélico, es poco probable que el comercio de petróleo y gas vuelva de inmediato a la situación previa a la guerra. La tregua puede aliviar los precios, pero no elimina por sí sola los riesgos geopolíticos, logísticos y financieros que obligarán a reconfigurar los flujos energéticos globales.

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