El ajuste del IPoM
El Informe de Política Monetaria (IPoM) de junio no es solo un ejercicio de proyecciones, sino también una nueva advertencia sobre la urgencia de que el país vuelva a crecer. El ajuste previsto por el Banco Central (BC) para este año es notorio y deja en evidencia que Chile no puede seguir postergando reformas clave para retomar una senda de mayor dinamismo, capaz de impulsar la inversión y generar empleos.
En solo seis meses, el Banco Central ha debido recortar el techo de su proyección de crecimiento anual en un punto porcentual, pasando de 2,75% en diciembre de 2025 a 1,75% en junio. Además, el piso bajó de 1,5% a 1%, lo que grafica un complejo panorama que se ha sincerado.
A ello se suma que la previsión de inflación para 2026 subió de 4% a 4,2% -aunque no se descarta que sea menor de confirmarse el fin del conflicto en Medio Oriente-, pero se ratifica el retorno a la meta el segundo trimestre de 2027. Para 2027, en tanto, el instituto emisor elevó la proyección de crecimiento al rango de 2% a 3%.
El ajuste previsto por el BC para este año deja en evidencia que Chile no puede seguir postergando reformas clave.
Que el mercado haya anticipado una revisión a la baja no aminora la señal de alerta enviada por la autoridad monetaria, ya que la magnitud de la reducción habla por sí misma. El Banco Central atribuye el deterioro al magro desempeño de los sectores vinculados a recursos naturales en el primer trimestre, factores que podrían entenderse como transitorios, pero que también vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de facilitar la inversión y mitigar nuevas pérdidas de dinamismo.
El panorama descrito por el instituto emisor, si bien responde a un ejercicio técnico, tiene implicancias políticas.
Se trata de una luz de alerta para el gobierno, las autoridades y la sociedad en su conjunto, sobre la necesidad de hacer un esfuerzo coordinado para reactivar la economía. En ese camino, es necesario superar obstáculos que podrían ser transitorios, como la caída en la productividad minera, y otros más estructurales, como los extensos plazos de aprobación de permisos para proyectos que terminan lastrando la actividad en medio de una burocracia excesiva.
De ahí que remontar la actividad en lo que queda del año se vuelve un desafío. El proyecto de ley de reactivación y reconstrucción nacional -que este miércoles superó su primera valla al ser aprobado en general por la comisión de Hacienda del Senado y que ahora avanza a la Sala- contiene elementos que apuntan en esa dirección, tales como la reducción del impuesto corporativo, la invariabilidad tributaria para nuevas inversiones, el destrabe de permisos e incentivos al empleo formal. Pero ya se escuchan voces que sugieren que no será suficiente.
Tanto el gobierno como el Congreso tienen una ventana estrecha para actuar. Como señaló el Ejecutivo al momento de despachar el proyecto desde la Cámara, “la inversión no llega a los países que la necesitan, llega a los países que generan las condiciones para recibirla”. Esas condiciones -certeza jurídica, agilidad en la permisología y estabilidad tributaria son precisamente algunos de los elementos que están en juego en la discusión que se abre ahora en la Sala del Senado. De lo contrario, el bajo crecimiento dejará de ser transitorio y podría consolidarse como un rasgo persistente de la economía chilena, que no podemos naturalizar.
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