inflación e incertidumbre
La nula variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de junio y el virtual colapso de la tregua entre Estados Unidos e Irán —que volvió a impulsar el precio del petróleo— sorprendieron al mercado y añadieron incertidumbre al escenario que enfrenta el Banco Central (BC). Algunos analistas estiman que, pese al nivel actual de la inflación, el instituto emisor podría encontrar espacio para aplicar un recorte en la Tasa de Política Monetaria (TPM) en julio, mientras otros –la mayoría- apuestan a que esta se mantendrá por unos meses más.
Más allá de la decisión, lo cierto es que la recuperación de la economía chilena enfrenta un momento complejo, ya que las dudas sobre la capacidad de crecimiento y una inflación aún sobre la meta de 3% podrían acentuarse en respuesta a la guerra en Medio Oriente, dado efectos previsibles en el precio del petróleo, el tipo de cambio y las expectativas.
El Central ha sido explícito en señalar su cautela. En su Informe de Política Monetaria (IPoM) de junio sostuvo que el conflicto “no se ha resuelto definitivamente” y que “la oferta mundial de petróleo no se ha normalizado”. Esa advertencia se ha cumplido al pie de la letra, lo que obliga a los agentes económicos a actuar con precaución.
El mercado parece estar reaccionando ante un escenario más complejo para la economía local.
Los efectos de una posible reactivación del conflicto bélico tendrían, sin duda, impactos sobre la política monetaria global. Mientras en Chile la discusión gira en torno a si el ente emisor recorta o mantiene la tasa, en el mundo desarrollado el margen para relajar la política monetaria podría estrecharse si el petróleo vuelve a presionar la inflación. Un escenario de ese tipo obligaría a los bancos centrales a ponderar con mayor cuidado el balance entre actividad e inflación, especialmente en economías donde los precios siguen por sobre las metas.
Para el BC, que ya enfrenta una inflación sobre su objetivo, ese cuadro externo más complejo —sumado a una eventual escalada bélica— hace todavía más difícil justificar un recorte de tasas en el corto plazo, por mucho que la debilidad de la actividad interna sea coherente con menores tasas hacia adelante.
El problema, según algunos analistas, es que el nivel actual de la tasa es alto —4,5%— y que una desescalada del conflicto permitiría una reducción más acelerada de la TPM para adecuarla a un escenario de alto desempleo y lento crecimiento.
Para Chile, que importa casi la totalidad del combustible que necesita, el consumo de los hogares ya está siendo golpeado por el deterioro de los ingresos reales y por un ánimo más pesimista. Se trata de más ingredientes para orientar la tasa a la baja, pero la incertidumbre externa y la persistencia de la inflación dejan al ente emisor con un menor espacio de maniobra.
El mercado parece estar reaccionando ante un escenario más complejo para la economía local. El dólar superó ayer los $ 930, acercándose a sus máximos del año —una parte de este efecto puede estar asociada al diferencial de tasas entre Chile y el mundo, y otra, al efecto refugio ante la mayor tensión—, mientras los inversionistas extranjeros amplían sus apuestas contra el peso chileno a más de US$ 15.000 millones, el nivel más alto desde el cuarto trimestre de 2020. Así, la posibilidad de una baja en la tasa, que parte del mercado descontaba para el segundo semestre, podría cerrarse si la tensión en Medio Oriente se mantiene. A ello se suma una volatilidad que seguirá elevada, en función de los desarrollos internacionales y de la reacción de los bancos centrales de países industrializados. Por ello, es urgente que el mundo político entregue una señal transversal y haga todos los esfuerzos necesarios para llegar a acuerdos en torno a materias como la Ley de Reconstrucción y aquellas iniciativas que permitan impulsar la inversión, el ahorro, y el desarrollo y profundización de los mercados de capitales.
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