Too big to fail, demasiado grandes para caer. Ese fue el término que se acuñó durante la Gran Crisis Financiera de 2008-2009 para justificar los rescates de bancos como Citigroup, Bank of America o Goldman Sachs, cuyo colapso amenazaba con arrastrar a todo el sistema financiero global.
En el último año, Nvidia se ha transformado en un actor con un rol similar. Con una capitalización de mercado en torno a los US$ 5,4 billones, la compañía es la más grande del mundo, la de mayor peso en los principales índices accionarios (alrededor de 8% del S&P 500), capaz de determinar por sí sola el desempeño de fondos indexados, ETF y, a través de ellos, hasta los rendimientos de los ahorros previsionales de millones de personas alrededor del mundo.
Incluso se puede argumentar que su presentación de balances de resultados está adoptando el carácter de un evento macroeconómico. El próximo reporte llegará el 26 de agosto. Como suele suceder, el mercado buscará que Nvidia sorprenda, con ventas y utilidades por encima de lo proyectado.
En qué magnitud logre la empresa sorprender es clave no solo para el rendimiento de su acción, sino cada vez más para la propia economía de EEUU. El boom de inversiones en la IA ha aportado dos tercios del crecimiento de la economía estadounidense desde fines del año pasado, y Nvidia está en el epicentro de la maquinaria de esas inversiones.
Fundada en 1993 por Jensen Huang y dos socios ingenieros, Nvidia fue pionera en el diseño de tarjetas gráficas para videojuegos y se consolidó como la mayor fabricante mundial de procesadores gráficos (GPU). Luego desarrolló CUDA, la plataforma de programación que lanzó en 2006 y que permitió usar esos GPU -concebidos inicialmente para gráficos- en operaciones de cálculo que serían clave para entrenar modelos de inteligencia artificial. En los últimos años, los chips y procesadores de Nvidia se han convertido en el estándar para entrenar y operar los modelos de IA más avanzados.
A lo que se suma su rol más reciente. La empresa ha empezado a usar su enorme generación de caja-unos US$ 49.000 millones solo en el último trimestre- para financiar a sus actuales y potenciales clientes, y asegurarse la demanda futura de sus propios productos.
Nvidia presentará sus resultados el próximo 26 de agosto, y el mercado anticipa ingresos en torno a US$ 92.000 millones para el trimestre, casi el doble que un año atrás.
“Esperamos un trimestre sólido (para Nvidia) con un margen de mejora significativo respecto a las previsiones, respaldado por las tendencias de oferta y demanda ajustadas de las GPUs, pero creemos que la vara para la acción está muy alta, dada el alza de 12 % que ha registrado en las últimas dos semanas», advirtió el analista de Goldman Sachs, James Schneider, en una nota a clientes.
Un monto menor al previsto podría golpear a la industria en su conjunto, pues llevaría a cuestionarse que tan sostenible es para Nvidia cumplir con sus cada vez mayores compromisos como proveedor de capital de este boom tecnológico.
En poco más de un año, la compañía ha invertido o comprometido decenas de miles de millones de dólares en las mismas empresas que compran sus chips, GPUs y sistemas. Entre sus apuestas más grandes están participaciones en proyectos de OpenAI, un compromiso por US$ 10.000 millones con Anthropic, en ambos casos para asegurar el uso de sus chips y procesadores de parte de las empresas liderando el desarrollo de modelo de IA. La firma también ha invertido en nuevos proveedores de capacidad de cómputo o neo-clouds como CoreWeave, Nscale y Nebius, que a su vez se comprometen a construir su oferta de servicios en base al ecosistema de Nvidia.
Esta semana, Nvidia acordó respaldar con hasta US$ 105.000 millones el financiamiento de un gigantesco centro de datos que SB Energy, controlada por SoftBank, construirá en Ohio para OpenAI. Nvidia actuará como garante del proyecto, facilitando que SB Energy consiga financiamiento en mejores condiciones para construir la infraestructura que OpenAI arrendará durante 20 años. Al mismo tiempo, invertirá directamente US$1.500 millones en SB Energy y, además, será proveedor de la tecnología para el centro de datos. La operación resume el modelo circular que está financiando el boom de la IA: Nvidia utiliza la fortaleza de su balance para facilitar el financiamiento de infraestructura que permitirá a sus clientes seguir comprando sus propios chips.
“La intención estratégica es clara: Nvidia está convencida del carácter transformador de la IA y está decidida a asegurar cada uno de los insumos necesarios -suministro de chips, terrenos, energía e infraestructura física-, especialmente para clientes disruptivos sin grado de inversión, como los laboratorios de IA de frontera y los nuevos proveedores de servicios de nube (neo-clouds)”, explicó a clientes el analista de BofA Vivek Arya, tras reunirse con ejecutivos de Nvidia para entender la operación con SB Energy.
Ese plan incluye convertirse en facilitador de financiamiento, por ejemplo, a través de la alianza con BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR para movilizar más de US$500.000 millones para financiar proyectos de centros de datos que se basen en su tecnología.
La apuesta, según Wolfe Research, le podría significar a Nvidia ingresos por hasta US$ 350.000 millones en ingresos para la compañía, en base a la proyección de que capture cerca del 70% del gasto de un data center en su tecnología. Pero advierte que la apuesta expone a Nvidia a un mayor nivel de riesgo en el largo plazo.
Este modelo circular de financiamiento asume que los ingresos por software y servicios de IA de los clientes de Nvidia (ya sean OpenAi o CoreWeave) crecerán lo suficiente para justificar el multimillonario gasto en infraestructura. El riesgo es que ese crecimiento sea menor al esperado, ya sea por falta de demanda o por el propio desarrollo de modelos más eficientes que requieren menos poder de cómputo.
En el corto plazo, las apuestas y proyecciones favorecen a Nvidia. Así lo demuestran las altas expectativas del mercado previo a su presentación de resultados. El 26 de agosto se publican algo más que resultados, Nvidia presentará señales de cuán sustentable es su apuesta de gran financista y motor de un boom del que los mercados y la economía de EEUU dependen cada vez más. 