China quiere construir la infraestructura que sostendrá su próxima etapa de desarrollo. Bajo el XV Plan Quinquenal para el Desarrollo Económico y Social Nacional (2026-2030), Beijing lanzó Seis Redes, una apuesta que articula electricidad, agua, telecomunicaciones, capacidad computacional, logística y ductos urbanos, y que se inscribe en un esfuerzo de inversión asociado, junto a otras áreas prioritarias, de unos US$ 3,8 billones. Detrás de esa transformación hay un protagonista inevitable: el cobre.
“Esto importa muchísimo para el cobre, porque es increíblemente intensivo en cobre”, advirtió el magnate minero Robert Friedland, quien sostiene que la iniciativa impulsada bajo el nuevo ciclo de planificación de Xi Jinping podría mantener a China como el principal motor del consumo mundial del metal durante los próximos cinco años.
Para Friedland, Seis Redes conectará la economía física china con las necesidades de la Inteligencia Artificial y las energías renovables, con especial intensidad en tres frentes: electricidad, capacidad computacional y telecomunicaciones.
Sus estimaciones permiten dimensionar esa presión. Friedland calcula que las nuevas líneas eléctricas de Ultra Alto Voltaje (UHV) podrían añadir alrededor de 300 mil toneladas anuales de demanda de cobre; la infraestructura de carga para vehículos eléctricos, otras 500 mil toneladas en total; y los centros de datos contribuirían a una demanda global estimada entre 400 mil y 572 mil toneladas anuales. A ello se sumaría el cobre requerido por el despliegue de las redes de telecomunicaciones de nueva generación.
58% es la participación de China en la demanda mundial de cobre.
La iniciativa y el historial que la respalda
“El plan es muy significativo: el objetivo es que China se convierta en la primera nación industrial y de alta tecnología, superando a Estados Unidos”, indicó a Señal DF el académico de la Hong Kong Baptist University, Jean-Pierre Cabestan.
La apuesta comenzó a tomar forma pública el 6 de marzo de 2026, en plena reunión anual de la Asamblea Popular Nacional. Allí, el director de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC), Zheng Shanjie, presentó Seis Redes detallando el despliegue de los 109 grandes proyectos y las prioridades de inversión del nuevo quinquenio.
El trasfondo es un giro en las prioridades de Beijing: ante el debilitamiento de la construcción inmobiliaria, el Gobierno busca canalizar capital hacia infraestructura capaz de sostener nuevas fuentes de crecimiento. Para Natalia Cortés, exdirectora de la Oficina Comercial de Chile en Beijing, el programa es “un intento de sustituir el motor de crecimiento inmobiliario -hoy en contracción- por inversión en infraestructura dura ligada a tecnología y seguridad de suministro”.
La iniciativa recibió luego respaldo en la cúspide política. El Politburó del Partido Comunista pidió el 28 de abril reforzar la planificación de las seis áreas que integran la iniciativa, y el Consejo de Estado avanzó el 9 de mayo con instrucciones más concretas para su despliegue.
Un reciente análisis del National Information Center, organismo dependiente de la NDRC, describió esas decisiones como parte de un diseño de infraestructura destinado, al mismo tiempo, a ampliar la inversión y la demanda interna, desarrollar nuevas fuerzas productivas y construir ventajas competitivas para el futuro.
500 mil toneladas anuales de cobre adicional podría demandar Seis Redes, según GEM Mining Consulting.
La lógica del programa está precisamente en que las seis redes no funcionen como proyectos aislados. La infraestructura eléctrica debe acompañar la expansión del cómputo; esta última exige redes de comunicaciones de mayor capacidad, mientras el suministro de agua, redes dee logística y sistemas subterráneos deben elevar la resiliencia y eficiencia de las ciudades.
La propia NDRC ha descrito el esquema como un tránsito desde una expansión de infraestructura basada principalmente en escala hacia una lógica de integración entre redes, con proyectos como la coordinación entre capacidad computacional y suministro eléctrico.
Para Cortés, esa transformación tiene una lectura especialmente relevante desde las materias primas: “Seis Redes es, ante todo, un plan de electrificación a gran escala”.
La maquinaria de implementación ya comenzó a moverse. En junio, Zheng convocó a empresas privadas para discutir los mecanismos de rentabilidad, financiamiento, estándares y participación en los proyectos, mientras que la NDRC anunció que combinará fondos públicos, nuevos instrumentos financieros y capital privado para acelerar la construcción. A fines de julio, el organismo informó además que el despliegue estaba avanzando junto con los 109 grandes proyectos del quinquenio. Algunas metas ya muestran la escala buscada: la planificación oficial contempla, entre otros objetivos, 500 mil estaciones base 5G-A, un millón de puertos de acceso óptico de alta velocidad y el desarrollo de una red nacional integrada de capacidad computacional.
"El plan es muy significativo: el objetivo es que China se convierta en la primera nación industrial y de alta tecnología, superando a Estados Unidos”, indicó el académico de la Hong Kong Baptist University, Jean-Pierre Cabestan.
Y existen antecedentes para tomarse esas metas en serio. En el XIV Plan Quinquenal, China terminó 2025 con 4,838 millones de estaciones 5G, superando ampliamente la meta oficial de densidad de infraestructura fijada para el período, según datos del Ministerio de Industria y Tecnología de la Información.
Un patrón similar se observa en la infraestructura ferroviaria, donde los sucesivos planes nacionales llevaron la red de alta velocidad desde unos 38 mil kilómetros en 2020 hacia el objetivo de 50 mil kilómetros en 2025.
Fuera de la infraestructura tradicional, un informe de MERICS -el think tank más grande de Europa dedicado al análisis de China- concluyó que Made in China 2025 produjo avances importantes en varios de sus 10 sectores prioritarios -especialmente vehículos eléctricos, ferrocarriles avanzados y tecnologías verdes-, aun cuando quedó rezagado en ámbitos como los semiconductores de frontera y la aeronáutica.
“China ha dado muestras en el tiempo de que sus planes se tienden a cumplir”, resumió el CEO de GEM Mining Consulting, Juan Ignacio Guzmán, aunque advirtió que Seis Redes sigue siendo una apuesta ambiciosa cuya ejecución habrá que seguir de cerca.
Apetito por cobre
La relevancia de Seis Redes para Chile se entiende al mirar el peso que China ya tiene en el mercado del metal. Según Cochilco, el gigante asiático demandó 16,2 millones de toneladas de cobre refinado en 2025, un alza de 4,9% respecto del año anterior, y concentró cerca del 58% del consumo mundial.
Esa exposición también se refleja en el comercio bilateral. Las exportaciones chilenas de cobre alcanzaron un récord de US$ 55.188 millones en 2025 y 50,6% de esos envíos tuvo como destino China, según la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales.
Ese punto de partida amplifica el eventual efecto de Seis Redes. GEM Mining Consulting estima que su implementación podría requerir entre 1,2 millones y 2,2 millones de toneladas adicionales de cobre fino durante los cinco años del programa, con un impacto anual que Guzmán sitúa en algún punto entre 250 mil toneladas y 500 mil toneladas. El ejecutivo compara ese volumen con la producción de “un par de minas grandes en Chile” y advierte que una demanda de esa magnitud llegaría a un mercado que ya enfrenta estrecheces por el lado de la oferta.
La principal presión vendría de la infraestructura eléctrica y digital. El director ejecutivo de Plusmining, Juan Carlos Guajardo, apunta a la modernización de la red eléctrica como el mayor vector de consumo, por la expansión de transmisión y distribución, la conexión de nueva generación renovable y la construcción de subestaciones, transformadores, motores y sistemas de alimentación para centros de datos. A ello se suma la infraestructura computacional y de comunicaciones, aunque advierte que el efecto será menor en agua, ductos y logística, donde el cobre comparte espacio con otros materiales. Su lectura es que China está desplazando gradualmente parte de su consumo desde el inmobiliario tradicional hacia las redes eléctricas, renovables, automatización, centros de datos e Inteligencia Artificial, configurando una base de demanda más estructural.
Natalia Cortés pone el foco en el desfase entre ambos lados del mercado. Los centros de datos, señala, son intensivos en cobre -entre 30 y 40 toneladas por megavatio instalado-, pero el efecto mayor proviene de toda la infraestructura necesaria para abastecerlos: generación, transmisión, distribución y almacenamiento. “Un eventual desfase entre una demanda que se acelera y una oferta que no puede responder al mismo ritmo es, en mi opinión, el elemento estructural más importante del cruce entre este plan y el mercado del cobre”, sostuvo.
Cabestan coincide en que el efecto sobre el metal será relevante, aunque introduce una cautela sobre la magnitud efectiva del programa. A su juicio, la próxima etapa de inversión china se concentrará justamente en redes eléctricas, 6G, Inteligencia Artificial y sistemas urbanos, todos intensivos en infraestructura física. “El impacto en la demanda de cobre será significativo, lo que, en mi opinión, provocará un aumento de los precios”, señaló.
Sin embargo, el profesor de la Hong Kong Baptist University advirtió que el menor crecimiento chino, la debilidad del consumo y las crecientes barreras comerciales externas podrían moderar las ambiciones de Beijing y hacer que la ejecución final quede por debajo de las estimaciones más altas.
El contrapunto más escéptico lo plantea el economista senior experto en China del American Enterprise Institute, Derek Scissors, quien cuestiona tanto la precisión de las cifras de inversión chinas como la idea de que todo el monto asociado al programa represente gasto adicional.
Aun así, prevé un fuerte despliegue en sus componentes centrales: “La capacidad de computación y la red eléctrica que la sustenta experimentarán casi con seguridad un rápido crecimiento”. Sobre el cobre, su escenario es más moderado hacia el final de la década: “La demanda será fuerte y luego disminuirá, pero no de forma drástica”.
La competencia con EEUU
Cabe destacar que Seis Redes también se inserta plenamente en la competencia tecnológica entre China y Estados Unidos. El vínculo es especialmente visible en la red de capacidad computacional y en las telecomunicaciones, dos áreas donde Beijing busca reducir su dependencia de tecnologías extranjeras mientras Washington endurece las restricciones sobre chips avanzados y otros componentes críticos.
Para Natalia Cortés, el componente de cómputo del programa debe leerse precisamente en esa clave. La segunda economía mundial apunta a elevar el contenido tecnológico nacional “como respuesta directa a los controles de exportación de semiconductores de Estados Unidos”.
Ese esfuerzo no parte de cero. Un informe de MERICS ya describía la construcción de una red nacional integrada de capacidad computacional como una pieza central de la respuesta china al desacople tecnológico con Estados Unidos. El centro de estudios señaló que las restricciones estadounidenses golpeaban especialmente el acceso a hardware avanzado y que Beijing buscaba compensarlo desarrollando chips locales y aprovechando su tradicional fortaleza en infraestructura para organizar a escala nacional los recursos de cómputo necesarios para la Inteligencia Artificial.
En un informe separado del mes pasado, MERICS sostuvo que China había convertido la autosuficiencia en IA en un objetivo de seguridad económica y nacional frente a los controles de Washington.
La arquitectura de Seis Redes también refleja esa prioridad. En un análisis publicado en julio de 2026 por el National Information Center, dependiente de la NDRC, se plantea que el programa debe fortalecer la autonomía económica, la resiliencia y las futuras ventajas competitivas de China.
El documento identifica, además, entre sus prioridades tecnológicas el desarrollo de chips de alto rendimiento para la infraestructura de cómputo, junto con tecnologías 6G para la nueva red de comunicaciones. La NDRC reforzó posteriormente ese enfoque, al señalar que ambas redes deberán integrarse con el nuevo sistema eléctrico para construir una infraestructura digital “segura y confiable”.
Ese énfasis adquiere mayor peso frente a las restricciones estadounidenses que afectan justamente a esos componentes de Seis Redes. El Bureau of Industry and Security del Departamento de Comercio de Estados Unidos mantiene controles específicos sobre la exportación a China de semiconductores avanzados utilizados en computación e Inteligencia Artificial. Aunque en enero flexibilizó parcialmente su política para procesadores como Nvidia H200 y AMD MI325X, sus envíos continúan sujetos a licencias y requisitos de seguridad; en mayo, además, Washington reforzó las restricciones para impedir el acceso indirecto a estos chips a través de entidades ubicadas en terceros países.
Para Cortés, por eso, “Seis Redes tampoco puede leerse únicamente como política industrial doméstica”, dado que al construir infraestructura de cómputo, telecomunicaciones y la energía que las sostiene, Beijing está reforzando precisamente las capacidades estratégicas que busca desarrollar dentro de sus propias fronteras.