Luego del estrepitoso fracaso en la candidatura a la secretaría general de la ONU, Bachelet y su entorno se abocaron a repartir culpas poniendo como principal objetivo al gobierno del Presidente Kast. Si bien esa tarea la cumplieron con cierto éxito -nada que nos guste más a los chilenos que las conspiraciones-, claramente no era suficiente para superar el duelo.
La vanidad tiene que estar muy herida cuando se ha pensado que están dadas las condiciones para ganar y se termina desbarrancando la campaña para terminar prácticamente sin apoyos. Y en ese momento, en que la hubris pasa a ser la principal consejera, se pueden esperar las reacciones más inesperadas como, por ejemplo, volver a coquetear con una aventura presidencial.
A veces vale la pena decir algunas obviedades: Bachelet tiene todo el derecho a querer presentarse, pero lo que parece más discutible no es el deseo, sino lo que lo motiva. Hace buen rato ya que la propia Bachelet había declarado que su momento ya había pasado y que les tocaba a las nuevas generaciones tomar la posta de la izquierda. Por lo pronto no hizo ni ademán de competir en la última elección presidencial cuando su sector andaba más que corto de buenos candidatos. ¿Qué cambió? La humillación en la ONU, eso y nada más.
A la izquierda le gusta instalar el concepto de que la derecha tiembla cuando Bachelet sale a la cancha. Esto pudo ser cierto en un pasado lejano. Bachelet fue una candidata tremendamente exitosa, carismática y con capacidad de aglutinar con comodidad a su sector desde la Democracia Cristiana hasta el Partido Comunista.
Pero poca de esa potencia se ha notado en los últimos años. La contundente derrota del Apruebo en el primer plebiscito constitucional y, luego, el holgado triunfo de Kast en la presidencial, ambos con un explícito apoyo de Bachelet a las opciones perdedoras, permiten poner en duda lo que hoy significa desde un punto de vista de arrastre electoral. El tiempo pasa.
Esta sorpresiva irrupción no parece quitarle el sueño a la derecha, ya que salvo algunas torpes e innecesarias referencias de algunos personeros a la avanzada edad de doña Michelle, su globo sonda no tuvo mayores repercusiones. Sin embargo, no puede decirse lo mismo de lo que significa en su propia vereda.
Por lo pronto adelanta el tema presidencial cuando la izquierda aún no se sacude de la paliza de la última elección. El Gobierno actual con todas sus dificultades a cuestas sigue teniendo por delante tres años y medio para acomodar la carga. Es toda una vida en política. Ponerse a levantar candidaturas presidenciales hoy es simplemente un despropósito.
El gesto de Bachelet pone en problemas a todos los futuros candidatos del sector. Ya sabemos que frente a la sombra de una exfigura presidencial es muy difícil que surjan nuevos brotes. Si esto se trata de que sólo Boric y ella sean los posibles candidatos en la próxima elección presidencial, flaco favor le hace a la izquierda. Si bien en esta seguidilla de que izquierdas y derechas se van turnando el poder pareciera tocarle a la actual oposición el 2031, la irrupción de Bachelet pudiera terminar modificando la instalada secuencia.
Al final los temblores pueden estar donde menos se espera.