Alejandra García: “El cine es una herramienta muy poderosa para mostrar Chile al mundo”
El 3 de septiembre se estrena en Chile El deshielo, la segunda cinta dirigida por Manuela Martelli y el debut de Ronda Cine, productora que formó Alejandra García después de dos décadas trabajando en Wood Producciones. Sobre su proceso de independencia, los desafíos del rodaje, los proyectos que vienen y la dificultad de captar al público chileno, habla en esta entrevista.
Por: Sofía García-Huidobro
Publicado: Viernes 21 de agosto de 2026 a las 15:46 hrs.
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“Han pasado muchos años desde que empezamos a imaginar lo que por momentos parecía una aventura imposible. Una película en la nieve, con una niña protagonista, actores que venían de Alemania y todo en un hotel en medio de la montaña. Nuestro pequeño Fitzcarraldo, le decíamos”.
La carta es de Manuela Martelli y la lee Alejandra García en una función para miembros de la Academia de Cine de Chile que tuvo lugar la semana pasada. También presenta a Maya O’Rourke, que a sus 10 años es la protagonista de El deshielo.
La cinta, que se estrena en cines chilenos el próximo 3 de septiembre, se sitúa en 1992 y transcurre en un centro de ski del sur de Chile. Una joven alemana que está entrenando junto a su equipo desaparece durante una tormenta y eso inicia una búsqueda que además de nieve involucra afectos y pactos de silencio.
También actúan Saskia Rosendahl, Maia Domagala, Paulina Urrutia, Roberto Farías y Lautaro Cantillana, entre otros. Tiene dirección de fotografía a cargo de Benjamín Echazarreta y producción ejecutiva de Javiera Palma.
El deshielo debutó a nivel mundial en mayo en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, se estrenó esta semana en Francia, acaba de ser adquirida por la plataforma Mubi y en septiembre se presentará en el Festival de San Sebastián.
Este lunes 24 de agosto la Academia de Cine de Chile vota para elegir la película nacional que representará al país en la categoría de Mejor Película Internacional en los Premios Óscar y también a los Goya. El deshielo aspira a convertirse en la carta chilena.
“Como decía la Manu (Martelli) en su carta, esta película tiene todos los ingredientes de ‘cómo no hacer una película’: una niña de 8 años de protagonista, depender del clima, dos perros. Son desafíos que tomamos. Nosotros como productores, lo que intentamos es tratar de controlar lo máximo posible y esto era completo descontrol”, dice Alejandra riendo.
La película se filmó el año pasado en dos partes: en Antillanca los exteriores y los interiores en el hotel Termas de Manzanar. La productora cuenta que llegaron a jugar a la futurología climática: “Nos transformamos en especialistas: ‘La Corriente del Niño este año viene con más fuerza, entonces estamos bien porque en julio del próximo año va a nevar’. El día que llegamos a filmar a Antillanca era como el desierto de Atacama cordillerano. Yo lloraba: ‘Se acabó Ronda Cine, debut y despedida’. Los tiempos de filmación son cronometrados y valen petrodólares. Hicimos todo tipo de rituales y empezó a nevar. Al final todo salió bien, pero la previa la sufrimos. Me acuerdo de pasar noches soñando con todo lo que podía salir mal”.
Elegir a la protagonista también era un desafío mayor, porque su personaje actúa en el 95% de las escenas. Además, debía hablar muy bien en inglés, agrega Alejandra. Hicieron un casting de 450 niñas. “Costó mucho. Maya llegó bien hacia el final y fue un descubrimiento: sensible, empeñosa, tiene un talento innato”, comenta la productora. Primero una coach trabajó con Maya la dimensión más física y emocional. “Es casi terapéutico: cómo enfrentarse a un set y a la cámara, y tomárselo desde un punto de vista lúdico, porque hay 100 personas mirándote mientras corre el tiempo. Ahí entra la Manuela, que como es actriz, dirige muy bien a los actores”.
- ¿Qué te gustaría que pasara con la película? - Me encantaría que la Manuela sea reconocida en el mundo entero como la gran cineasta que es. Esta semana tuvimos el segundo visionado y, al terminar, escuché tres veces, de personas distintas, la misma frase: “Esta es la mejor película chilena que he visto”.
“¡Lánzate!” No viene de un mundo de cineastas, relata Alejandra. Pero sí recuerda que su mamá y su abuela la llevaban al cine de niña. Tenía unos siete años cuando fue a ver El festín de Babette. “El afiche era una película para ancianos y me terminó gustando. Y así de a poquitito, me interesaron directores como Francis Ford Coppola, Roman Polanski, John Cassavetes… Pero nunca me sentí una potencial cineasta, para nada”, dice.
El mundo del cine parecía algo muy lejano. Estudió ingeniería comercial. Al salir de la universidad le vino una crisis vocacional, partió a Nueva York y estando allá colaboró en la producción de una película del director Sergio Castilla.
El año 2004 volvió a Chile. “No tenía ni idea por dónde empezar. Fui al cine a ver Machuca y ahí rayé. Pensé: “Quiero estar detrás de la cámara de esa película. Llegué a mi casa y le empecé a escribir un mail a Andrés Wood. Escribía y borraba. No me atrevía. Justo alguien me dijo que María Elena Wood estaba buscando gente para hacer un documental. Empecé trabajando con la Mane en La Hija del General y después ya me dediqué a trabajar con Andrés durante 20 años”.
- ¿Qué aprendiste de él? - Aprendí no sólo el oficio, también una manera de entender y hacer cine. Comprendí, entre muchas otras cosas, la importancia del guion. Suena obvio, pero no lo es. Sus procesos de creación son ricos, profundos, reflexivos y nunca paran. Es un estudio interminable de enriquecer a los personajes y sus contextos.
En la puerta contigua a Ronda Cine está la oficina de Wood Producciones. Alejandra se independizó a principios de 2025 pero mantiene una relación simbiótica con la productora de Wood, con quien comparten en varios proyectos. “Somos socios naturales”, dice.
En Wood pasó por distintas áreas: documental, servicio de producción, publicidad y cine. Fue Manuela Martelli la que la metió en la producción cinematográfica hace unos siete años. Alejandra trabajaba en publicidad dentro de Wood Producciones cuando recibió la propuesta de Manuela de producir El deshielo: “Yo no había hecho cine, pero le dije ‘démosle, contigo aprendo’ y postulamos a un fondo Corfo de desarrollo que nos ganamos. Funcionó súper bien la dupla”.
Martelli ya estaba trabajando en 1976, su ópera prima. Entonces Alejandra se sumó a ese equipo de producción y dejaron El deshielo en el congelador. Tras el estreno de 1976, que fue muy exitoso en Francia, aprovecharon el vuelo y postularon a fondos.
- ¿Te la pensaste mucho antes de independizarte o fue un salto al vacío? - Fue algo que me venían aconsejando distintas personas de la industria, amistades de los festivales y mercados que me decían: ‘¡Lánzate! abre el naipe para que nuevas voces vengan a trabajar contigo’. Yo lo veía como una montaña porque cuesta salir de la zona de confort. Crear una identidad de marca, lograr objetivos, contratar equipo y hacer subsistir un plan de negocio. Da nervios, pero estaba trabajando con gente que todo el rato me empujaba a hacerlo: “Me voy contigo. Fundemos Ronda”.
Partieron con El deshielo y El Puma, cinta dirigida por Marcela Said, que se estrenará durante 2027. Actualmente hay varios proyectos andando: está en desarrollo la serie El buzón de las impuras a cargo de Marialy Rivas, para diciembre está previsto el rodaje de Impunidad, dirigida por Felipe Gálvez y basada en el libro de Philippe Sands sobre la detención de Pinochet en Londres. También viene El sacrificio de Andrés Wood y Estrella solitaria, la tercera película de Manuela Martelli, con la que se completa la trilogía.
- ¿Hace un año y medio te imaginabas a Ronda Cine así? - En verdad no. Hemos tenido que crecer de a poco. Pero somos boutique en el sentido que trabajamos integral y colaborativamente con los talentos. Es un proceso muy acompañado, lo contrario a una fábrica de salchichas. Cada proyecto es como un hijo, estamos todos camiseteados y eso los directores lo agradecen. Son procesos muy largos: se te abre una ventana y se te cierran cuatro puertas. Te pierdes, te encuentras… Pero que hagamos cine autoral no quiere decir que no contemplemos producciones más industriales. Si haces una película quieres que conecte con audiencias de Chile, Francia, China o Katmandú. Hay que tratar de empujar hacia allá sin quitarle la esencia de su arte. Ese es el equilibrio que iremos aprendiendo.
- ¿Cómo definirías tu estilo de producción? - Necesito que la historia tenga un punto de vista original y que quien vaya a realizarla sienta una verdadera pasión, quizás incluso obsesión, por contarla. Si no hay un proyecto donde yo pueda aportar o agregar valor, pierdo el interés inmediatamente. Eso pasa por la historia y por la persona que está detrás, si hay química intelectual. Y también ver que haya formas de financiarla porque esto es una empresa.
Parte de su rol es viajar a los mercados: “Voy a los festivales, aunque no tenga película, a presentar ideas, mostrar guiones, armar coproducciones, buscar inversionistas. Son relaciones de mucha confianza y es un verdadero puzle hacer coincidir los tiempos, las postulaciones a fondos de distintos países, la participación que le ofreces a los coproductores, armar los equipos… Es técnico, político, artístico”.
Como productora le gusta involucrarse en todas las etapas creativas desde la hoja en blanco, siempre desde su rol, plantea: guion, casting, locaciones, edición, música, etcétera. “Son procesos de mucha conversación y reflexión, un camino que tampoco se puede apurar mucho, entonces cuando toca presentar el proyecto a posibles financistas o socios, lo tienes tan impregnado que lo vendes desde la convicción. Si no, te transformas en un mecánico que se leyó la sinopsis cinco minutos antes”, enfatiza.
La brecha El deshielo sacó aplausos y elogios tras su estreno en Cannes. “Es un mundo cinéfilo, hay muchos espectadores y es un público muy culto. Allá la película se recibe súper bien y la entienden incluso mejor que acá”.
- ¿En qué sentido? - Valoran lo que es el cine, el arte, las tramas que hay detrás, las conexiones entre la metáfora de la ficción con la historia del país. El deshielo transcurre en plena transición, eso es un trasfondo. Hay análisis súper profundos que noto que aquí no. No tenemos formación de audiencias de cine.
- ¿La brecha entre el prestigio del cine chileno versus la recepción del público chileno pasa por ahí? - De todas maneras. Acá se consume sólo entretenimiento. Incluso películas que ganan el Óscar, como Zona de interés o Anatomía de una caída, no las ve casi nadie. Algo pasa con nuestra cultura e idiosincrasia que no es receptiva a ver otro tipo de películas.
- ¿Asumen que son fomes? - Sí. Hay una idea de que el cine chileno son sólo películas sobre la dictadura donde no pasa nada, que es lento. En la educación escolar tampoco se ve cine desde un punto de vista de análisis o reflexión. Lo veo hasta en mi hija que tiene un interés especial en el cine, pero porque lo conoció por nosotros. Su papá también es productor de cine (Juan de Dios Larraín, socio de Fabula y su expareja). Al final el cine de autor es un gusto adquirido. En otros países han existido políticas públicas que ayudan a formar audiencias. En Argentina las producciones nacionales debían permanecer en cartelera determinadas semanas, por obligación. ¿Por qué Argentina tiene tan buenos actores, guiones, películas, teatro? Porque ha existido todo ese apoyo para educar al espectador, para querer verse a sí mismo. Eso nosotros no lo tenemos.
- Son largos los tiempos de producción, involucra a tantas personas, energía y recursos, ¿es descorazonador cuando una película dura tres semanas en cartelera y la ve poca gente? - Sinceramente me pasa, cada vez más, que el cine que hacemos es pensando en otros países. Eso también es ponerse el parche antes de la herida porque obvio que te gustaría ser profeta en tu tierra, pero aquí no hay audiencias formadas a las que les interese ver cine autoral. Es desilusionante, pero es como cuando el tipo que te gustaba ya no quiere salir contigo. Por suerte hay otros (ríe). De todas maneras, aunque uno esté más desmotivado con el público chileno, todavía hay mucho que hacer. Se puede cambiar.
- ¿Falta compromiso público? - El cine es una herramienta muy poderosa para mostrar Chile al mundo. Es una frustración el reciente recorte presupuestario en Cultura. La cultura, en este caso el cine, no sólo representa nuestra identidad, también genera impactos concretos y medibles en la economía: creación de empleo, inversión extranjera, turismo, desarrollo de talento y fortalecimiento de la marca país, entre otros. Así lo han entendido muchos países que, además de contar con fondos públicos para el desarrollo y producción de obras nacionales, han implementado políticas para fortalecer sus industrias audiovisuales, entre ellas los incentivos tributarios. Cuesta entender que la cultura aquí siga siendo vista como un gasto y no como una inversión. Pero después Chile se gana un Oscar y es como si hubiese metido un gol en el Mundial.
- Una duda final: Cuando partiste en Wood Producciones también nacía Fabula, ¿nunca fue opción trabajar ahí? - No. Siempre aguas separadas. Tengo un statement, que viene de mi abuelo, “Nunca trabajes con amigos, hazte amigos en el trabajo”. En eso soy súper rígida, prefería que Juan (de Dios Larraín) fuera mi pareja a trabajar juntos. Yo aprendo de ti y tú de mí.
- Ahora son competencia. - Compartimos la misma industria y obviamente a veces nos toca competir. Fabula se transformó en otra cosa, es una multinacional y Juan es CEO. Ronda Cine es una productora boutique y somos mucho más multitasking. Tenemos otra escala.