Es “como” un departamento. La puerta de acceso se maneja con llave. Al entrar, lo primero que hay es una especie de hall con un escritorio. El dueño de casa no lo usa; para eso tiene su despacho presidencial. Pasado el escritorio, hay un segundo ambiente. Ahí funciona el living comedor y sala de estar, dispuesto en un salón amplio que da a la esquina de calles Morandé con Moneda. En ese sector hay una mesa, al menos dos sillones transformables en dos o cuatro camas de plaza y media cada una, y un televisor.
El tercer y último ambiente es el dormitorio más el baño. Hay varias fotos familiares y una serie de detalles que le dan un efecto -a ojos de testigos- “hogareño”, “muy bien hecho”. Parte de los muebles fueron comprados en tiendas y se integraron con elementos traídos desde el hogar familiar de Buin y otros del Palacio de La Moneda.
Como también se sabe, el proceso de arreglos que consiguió mutar las otrora oficinas de la ex Primera Dama Cecilia Morel en la “zona residencial” del Presidente José Antonio Kast y su esposa, María Pía Adriasola, es mérito de la ex compañera de colegio de ésta, la decoradora Macarena Honorato, y del viejo amigo del Presidente desde su época universitaria, de su confianza personal y política, y hoy administrador de Palacio, Julio Feres Rebolledo. Él se habría inclinado por ese sector y no otro para adaptarlo. Ambos recibieron sonrientes el camión de mudanza ese 11 de marzo y supervisaron la descarga del colchón, veladores, ropa de cama y otras piezas por el portón de calle Teatinos.
En esas dependencias, Adriasola -cuyas oficinas quedan relativamente cerca- ha recibido recientemente a amigas suyas, detallan fuentes de Palacio. Todo dentro del espacio de uso personal y de ninguno oficial de Gobierno, aclaran. Es que después de la recordada polémica de aquel almuerzo de Kast con sus excompañeros de la Universidad Católica los límites invisibles del añoso edificio debieron quedar más marcados que nunca.
Cuando la pareja, a veces con algunos de sus hijos, cena en este lugar, no suelen pedir comida al casino de La Moneda. Prefieren comprar o encargar a otra parte. En ocasiones, pizzas que se sirven ellos mismos.
Kast también ha aprovechado de compartir con su familia en el Palacio Presidencial de Cerro Castillo. Hubo un fin de semana que lo pasó allá con todos sus hermanas y hermanos.
En los cinco meses que el matrimonio lleva viviendo en La Moneda -los viernes en la tarde se van a su casa en Buin y regresan los lunes temprano- se ha recibido a algunas y algunos escogidos. Aunque los suyos pintan al Jefe de Estado como alguien que no ha cambiado los hábitos que tenía antes de cruzarse la tricolor, como pararse de la mesa para levantar los platos, o poco celoso con las formalidades, ahora su equipo asegura que han intentado resguardar su intimidad, que no les gusta que nadie entre a la “zona residencial”.
En rigor eso sí ha ocurrido. Además de amistades de alta confianza que han ido a comer y visitantes de partidos, el pasado martes 4 de agosto un grupo de niños de entre 8 y 10 años de edad accedió al sanctasanctórum de los Kast Adriasola. Fue al finalizar la grabación de un programa de NTV, la señal infantil y cultural de Televisión Nacional, que los propios niños le preguntaron si podían conocer la residencia: aunque -según una versión- la jefa de gabinete presidencial, Catalina Ugarte, se habría opuesto, el mandatario accedió.
En rigor, el celo por la privacidad también ha ocurrido. Esa vez solamente se les permitió pasar a los niños y a un chaperón que los acompañaba, no al camarógrafo ni demás equipo del canal.
Tampoco se conocen fotos del “departamento” y como mucha cosa algo se alcanza a ver en algún posteo que el dueño de casa ha subido a su cuenta de Instagram. Hay quien lo ha visto o ha entrado, y ha declinado detallar. Y a poco de iniciado este gobierno, se restringió el acceso al Patio de los Cañones de la Casa de Gobierno: la prensa acreditada ya no puede cruzar el entrepatio, acceder ni menos circular por ese sector como antes.
Este anillo de intimidad que su gente resguarda celosamente convive y se cruza con los otros círculos de Kast en Palacio. Un recorrido por sus cercanos y conocidos indica que en estas 23 semanas y cuatro días se han asentado entornos de poder, interlocutores cotidianos y hasta nombres que parecen ganar cierta influencia.
El nuevo tercer piso
Si Sebastián Piñera tenía un “tercer piso” compuesto por empresarios amigos -José Cox, Ignacio Guerrero, Fabio Valdés y otros- que arrastraba desde el colegio y los negocios, con quienes se reunía fuera de La Moneda y que a veces influían en sus decisiones, con el hoy Presidente bien podría estar pasando algo parecido. Con la salvedad, dirá alguno, que ahora lo tiene todo a la mano y en el mismo lugar.
En Palacio tienen oficinas a distancias variables de la suya al menos tres de las estrechísimas amistades que conserva desde hace más de cuarenta años. Hacia 1985, Kast estudiaba Derecho en el Campus Oriente de la Universidad Católica, donde también fue aprendiendo de política dura en la matriz ideológica gremialista: la oposición comenzaba a fortalecerse contra Pinochet y el clima era caliente. El entonces -en un inicio- tímido y de pocas palabras alumno hizo además carrera en el Movimiento Gremial (MGUC) a punta de derrotas, triunfos y aliados de por vida.
Eso ayuda a entender, han insistido por años sus amigos, el nexo que lo une con esos tres nombres: Alejandro Irarrázaval, jefe de asesores presidenciales del Segundo Piso; Julio Feres y Rodrigo Pérez Stiepovic, hoy su principal asesor legal, la “firma” del Presidente. El primero estudiaba Ingenieria Comercial, el segundo Economía y el tercero, obvio, Derecho.
Con este tridente Kast se sigue juntando indistintamente en la versión “oficial” de sus respectivos cargos, en la informal y privada. A estas alturas, en La Moneda no niegan que con ellos ha conversado decisiones políticas. Lo mismo se dice de la Primera Dama: además de haber sorprendido a parlamentarios en reuniones en Cerro Castillo, ella ha tenido roles en reuniones estratégicas, ha opinado y aconsejado sobre contenidos oficiales, sean discursos de su marido u otros.
Se le extrañó a ella, eso sí, en el cambio de gabinete en que se removió a Natalia Duco; no estuvo para repetir ese gesto que después Trinidad Steinert ha recordado a sus íntimos con gratitud y que Mara Sedini criticó en Sin Filtros.
Además de todo lo que se ha dicho y escrito de la relación de Kast con el “Ale”, se reitera en Palacio que esa confianza es indelegable e intransferible: el jefe del Segundo Piso no tiene subrogante cuando no está. Como cuando fue en mayo a Estonia y Reino Unido. Volveremos sobre él luego, cuando pasemos a su oficina.
Independiente que el cargo de Feres -administrador de La Moneda- sugiera un rol menos político estratégico, allá recalcan que es de las personas con las que más conversa el Mandatario. Rodrigo Pérez es caso aparte. Es muy probable que Kast lo conozca antes que a los otros dos: fue el primer día de clases en la UC al inscribir ramos en Derecho, junto a otros que “entraban como novatos” -recordó una vez- como “Patricio Ilabaca, Pedro de la Cuadra, Francisco Pinochet y Rodrigo Álvarez”. El hoy guardián legal del mandatario es una de las amistades de esa época que no pasaron por la UDI junto con Ilabaca, hoy sacerdote schoenstattiano (y uno de los tres que celebró la misa en la capilla de Palacio el día del famoso almuerzo con sus excompañeros).
Pérez, que dejó la gerencia legal de Colbún para irse a Palacio, es alguien con los bonos en alza para ciertos kastólogos. Un viejo amigo de ambos apunta un dato que otras voces suscriben: es mucho más que la “firma” porque ha facilitado el acceso o es una alternativa para llegar al Presidente dadas las dificultades que para algunos implica tratar con Irarrázaval, conocido por su modo áspero. Se reúne todos los días con él.
Fuera de este anillo, el ránking de con quiénes más interactúa Kast incluye a su biministro del Interior y Segegob, Claudio Alvarado; su jefa de gabinete, Catalina Ugarte, y su directora de prensa, María Paz Fadel. Esta última integra otro círculo: la tríada compuesta junto a Cristián Valenzuela, director de Contenidos del Segundo Piso, y Felipe Costabal, director de Secom. Ugarte se ha ido integrando a ellos y los cuatro manejan la agenda del Presidente. Todas las semanas tratan de cubrir tres ejes: seguridad, economía y social. Siempre con un foco cada semana, abierto a las flexibilidades de la contingencia. La última palabra la tiene él, recalcan.
En este punto el staff presidencial tercia para señalar que aunque haya quienes digan que José Antonio Kast es casi influenciable, eso no es así, que es quien tiene todos los elementos de juicio. Que es “el mismo de siempre”, y pese a la fama de duro, o que algunos lo consideren “iliberal” -mote que esta semana rechazó en el evento de la Federación de Medios-, “no pierde la calma, dice lo que piensa, pero escucha”.
¿Y el Segundo?
Son muchos más quienes han estado en el despacho presidencial que en la “zona residencial”. Describen que Kast tiene su oficina repleta de objetos, aunque ordenados entre un librero alto que tiene ante su escritorio, algunas repisas, mesas y otros muebles. En una hay un grupo de crucifijos. En otra hay una colección de objetos que le ha regalado Carabineros, entre éstos réplicas a escala de los autos blindados de la escolta, con dedicatoria.
En otro sector se ha visto dos miniaturas, recordatorios de adversarios políticos: un par de patines en alusión a Nicolás Eyzaguirre, y una retroexcavadora, por el PPD Jaime Quintana (quien, en su día, tenía en su estado de whatsapp “Arriba de la Retro”).
Entre los libros han observado una copia de “Misión de Amor” el libro de 253 páginas de su madre, Olga Rist, dedicado a la biografía familiar del clan y con numerosas fotos. Se sabe al menos un caso en que -años atrás- Kast le ha regalado un ejemplar a quien no es de su círculo ni su ambiente.
Y no, en el despacho del Presidente no hay terminales Bloomberg.
Paso obligado para entrar o salir de su oficina es la de su jefa de gabinete. Dicen que quienes van por primera vez suelen darle al menos una mirada a una enorme pintura de la Virgen de Guadalupe, que mira de frente al escritorio de Ugarte.
La ruta de ahí a las entrañas del Segundo Piso -Kast ha ido unas pocas veces, obvio que ellos vienen- pasa sucesivamente por donde están las oficinas de Claudio Pintillo, Fadel, Antonio Barchiesi (director de Programación), Cristián Valenzuela (fuera de la suya está la de su equipo, entre tres y cuatro personas), Sebastián Torrealba (inteligencia artificial, gobierno digital), Rodrigo Pérez.
Según conocedores, luego de secretarias y repostería llegamos a una oficina que comparten cuatro nombres clave: Víctor Valdés, Álvaro Bellolio, Eitan Bloch e Ignacio Dülger. Valdés es el jefe de gabinete de Irarrázaval y también se desempeñaría a cargo de Control Interno. Hay versiones que sostienen que entre otras funciones, él supervisaría requisitos para ciertos cargos y el seguimiento de las desvinculaciones en los ministerios.
Bellolio es el hombre al mando del seguimiento de políticas públicas, unidad en la que ha habido al menos cuatro bajas por distintas razones. Bloch es asesor en relaciones internacionales y Dülger a cargo del bullado proceso de selección de seremis. Luego de este espacio está la oficina de Irarrázaval: su escritorio, una pizarra grande y una mesa de reuniones en la que suele almorzar en grupo junto con algunos de su equipo, como los cuatro nombres recién mencionados. Comen afuera pocas veces, se comenta.
El jefe de asesores es famoso por no tener pelos en la lengua, y a su equipo le consta, sobre todo si alguien no le da una buena idea o está equivocado. Pero dicen que prefieren que sea directo y que él los escucha.
Más de alguno que ha ido a reunirse con el “Ale” o con dicho cuarteto -parlamentarios, asesores de ministerios- ha reparado que en la oficina común de dicho grupo hay un cuadro colgado con una copia de “The Laws Of The Public Policy Process” o también conocido como “Las 45 leyes de Morton Blackwell”. Blackwell es un referente derechista, del Partido Republicano estadounidense, ex asesor de Ronald Reagan en la Casa Blanca.
La pieza es además conocida para quien haya cursado una pasantía en el Leadership Institute de Estados Unidos o en su versión chilena -principalmente UDIs, como en su día Kast, Arturo Squella y muchos más- y admiradores del Republicano de EEUU. Expertos en la materia apuntan que estas normas son frases cortas que algunos se las saben de memoria en inglés, con número y todo. Por ejemplo, “11. In politics, you have your word and your friends; go back on either and you’re dead”, “24. Actions have consequences”, o “31. Don’t fully trust anyone until he has stuck with a good cause which he saw was losing”.
A algunos veteranos de décadas en esta saga antes gremialista, luego UDI y hoy Republicana les hace sentido la última, que si bien significa “No confíes plenamente en nadie hasta que se haya aferrado a una buena causa que vio que estaba perdiendo”, les suena lo que ha sido la historia de Irarrázaval: ser leal a Kast en todas sus numerosas derrotas: en la FEUC (perdió el ‘87 ante Patricio Zapata, antes había ganado dos veces el cupo de representante de los estudiantes ante el Consejo Superior de la UC), en la UDI dos veces contra Juan Antonio Coloma, y las anteriores presidenciales, incluyendo el susto que pasaron en la última.