Descansad, incisos y artículos. El lío de la reforma constitucional de seguridad del Gobierno inyectó nuevas dosis de desorden, pero también expuso maraña de intrigas que ahora envuelven al Comité Político de Palacio. Esta semana la presidenta de RN, Andrea Balladares, escalará hasta el Presidente José Antonio Kast el poco grato asunto de sus reclamos por lo que en ese colectivo y en Evópoli estiman es una operación para desbancar -o al menos dañar su imagen- a su ministro de la Secretaría General de la Presidencia, José García Ruminot.
Que va a suceder lo saben al menos un par de oficinas premium de La Moneda. El embrollo lleva rato y los aliados del ministro han reiterado su molestia. Con qué tono será planteado al mandatario está en veremos. El asunto preocupa al Ejecutivo, nos confirman.
Esto es a raíz de la que se ha armado con declaraciones cruzadas, borradores filtrados (¿a propósito? se preguntan algunos en la derecha), acusaciones y trascendidos antes, durante y después que el Ejecutivo enviase al Congreso el proyecto de ley con el que pretende reformar la Constitución. Ingresó al Senado a última hora de la tarde del lunes 17, antes de las 19:13.
Como apenas conocido éste detonaron por la prensa notificaciones de rechazo a aprobarlo en tales condiciones e inmediatas objeciones del Partido Nacional Libertario y el PDG, quedó claro que no alcanzaban los votos. En el arco oficialista hubo quejas de por qué no se hizo antes el “trabajo prelegislativo” y un etcétera que para qué vamos a repetir. Como la Segpres lleva las relaciones con el Parlamento, los proyectiles cayeron por allá.
Las críticas al ministro empalmaron con otras que antes se habían ventilado en varias notas de prensa: le cobraban no controlar a los congresistas díscolos de RN, descoordinaciones que también involucraron a otros jefes de cartera, traspiés legislativos.
Es sabido su modo conciliador, sereno. Sus conocidos dicen que no es de vozarrones. Jamás le han oído proferir chilenismos. Se ha situado su estilo en las antípodas del biministro Claudio Alvarado y sobre todo de Jorge Quiroz. No es secreto que en Hacienda le llevan varias anotadas. Pero ahora no se trata de eso.
Lo ocurrido esta vez parece haber llegado unas cuantas aldeas más lejos. Hace semanas, antes de esta teleserie de seguridad, entre parlamentarios, dirigentes y actores oficialistas circulaban comentarios puntuales acerca de ciertas capacidades del jefe Segpres para encarar sus desafíos. Como suele ocurrir, el comidillo llegó a la prensa.
En RN esto se supo y bajo cuerdas han acusado mala intención. Molesta harto ahí que se pretenda -dicen- vincular eso con un dato expuesto en La Tercera (23 de junio), cuando Kast aún no tenía asegurado que el Senado aprobara en general el megaoproyecto: que García no estuvo esa semana en el Congreso por una licencia médica producto de su diabetes, aunque estaba activo y al tanto. En Palacio subrayan que eso fue momentáneo e irrelevante.
Cuatro días antes
Todo esto pasado por la licuadora indignó a la plana mayor de RN y a Evópoli, de nexos piñeristas históricos. El miércoles 19 su presidente, Luciano Cruz-Coke, contó (Radio Duna) que “le pregunté a Pepe García qué pasaba con el trabajo prelegislativo, me dijo que lamentablemente no había pasado tampoco por Segpres. Esto lo vio aparentemente el Ministerio de Seguridad”. Lo hizo adrede para que lo dejaran de culpar. Quizá no le haya gustado mucho al partido del ministro, pero a varios esto les llevó a reparar en dos puntos: ¿Cómo se entiende que le ocurra eso a la cartera responsable del Legislativo? ¿Cuál es la evidencia?
Hechas las preguntas a Segpres: el proyecto les llegó cuatro días antes de que entrara al Congreso, esto es, el jueves 13. Que entonces Seguridad les dijo que se iba a ingresar al día siguiente, viernes. Consultado el equipo del ministro Martín Arrau sobre si esa era la idea: que siempre se habló de fin de dicha semana o comienzos de la siguiente.
Ese jueves -según Segpres- García se opuso a enviarlo altiro por varias deficiencias y reparos. Que integró a los comentarios a Justicia y Defensa; ésta tampoco había sido parte del proceso. El fin de semana sus equipos sistematizaron una pila de observaciones. El lunes 17 llegó pertrechado al Comité Político “de verdad” (Presidente y ministros, no el de los partidos) a levantar alertas varias. Entre éstas, una compartida con Defensa, la posibilidad de que las Fuerzas Armadas queden bajo el mando de Carabineros durante el nuevo estado de excepción que se propone.
“Se va a ver caso a caso por parte del Presidente en su momento” y la reforma “es una propuesta abierta”, dijo Barros el martes 18. ¿Los 240 días sin visado del Congreso que pretende Palacio? Es evidente, dicen otras voces, que Segpres no podía esperar que le vaya bien en el Congreso con eso.
Los íntimos de García insisten: el diseño político de la reforma “está mal pensado”. Que los tiempos no daban para que Segpres hiciera trabajo prelegislativo si no tenía los datos duros y definitivos, encapsulados en Seguridad. “Aquellos que tratan de echarle la culpa al ministro creo que son malintencionados” y “su personalidad ha ayudado a conseguir esas mayorías que se necesitan en el Congreso” atajó Balladares ese martes 18 (T13 Radio).
El mando RN y aliados del Segpres sospechan que detrás de esto habría elementos del Segundo Piso o de la UDI. Sobre los primeros, cuentan que esta semana les llegaron trascendidos que desde allá se habría echado a correr la idea de un cambio de gabinete en septiembre que abarcaría tres carteras. En el partido comandado por Guillermo Ramírez retrucan que ellos no tienen parte en esto, que respaldan y aprecian a García más allá de que crean que el manejo político es mejorable, y que en último caso el cupo no es suyo. En Republicanos aseguran haberlo apoyado, independiente que su equipo necesita mejoras.
En Interior dicen que ni pensarlo, Alvarado lo apaña. La subsecretaria de García, Constanza Castillo, es aliada suya. Sobre la reforma, el biministro no tuvo reparos sobre el fondo y está convencido de que el problema de seguridad es tan urgente y prioritario, que los ripios oficialistas se despejarán.
Balladares ya ha conversado antes con el Presidente acerca del trabajo de Segpres. Él lo habría respaldado claramente. La diferencia es que ahora está decidida a llevarle el reclamo.
A propósito de Alvarado, las recientes críticas al diseño y estilo de vocería, que en Palacio algunos ven ahora menos intensas, abrieron otra veta. Aunque para el pasado cambio de gabinete prefería que su ahora subsecretario Max Pavez tomara ese cargo, lo asumió. Pero con tanto cuestionamiento muchos ven que un cambio lo pintaría perdiendo poder. A él no le inquieta tanto -dicen- eso pero sí se ha tomado nota del supuesto interés de parlamentarios RN y UDI.
No faltará quien diga -y quizá con algo de razón- que al final este zangoloteo pasará, que el Ejecutivo logrará que sus filas voten a favor y cedan algunos opositores. Eso no quita, si damos por buenas aprensiones oficialistas, que son síntomas que se acumulan.