Safety Always. Era y es prácticamente un mantra. La frase lleva 25 años en la web de Comfrut, desde sus versiones más rudimentarias, en 2001, hasta su edición actual. Ese fue siempre su elemento diferenciador, dicen conocedores: que sus programas de fruta congelada están respaldados por procesos certificados, que tienen una trazabilidad completa desde el campo hasta el consumidor, que eso les permitió crecer tanto en Estados Unidos…
Pero algo ocurrió.
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El Escherichia coli es una bacteria buena. Es la más abundante entre las que pueden vivir con y sin oxígeno en el intestino humano. Ayuda, entre otras cosas, a producir vitamina K y a impedir que se instalen otras bacterias dañinas. Sin embargo, algunas de sus cepas producen una toxina que daña los vasos sanguíneos del intestino y, a veces, de los riñones. Esas cepas pueden llegar a distintos alimentos, como la carne, la leche sin pasteurizar, las verduras y la fruta.
Una de esas cepas se encontró en una muestra de arándanos orgánicos congelados que analizó a mediados de año la cadena de supermercados estadounidense Publix. Desde entonces, en una reacción en cadena, la compañía norteamericana sacó proactivamente de sus locales todos los arándanos y las mezclas de berries orgánicos congelados de su marca propia.
Esos arándanos salieron de Frutas y Hortalizas del Sur, filial de Comfrut, uno de los mayores exportadores chilenos de fruta congelada. A sus plantas llegan distintos berries que se congelan y se envasan en bolsas de las marcas propias de algunos de los supermercados más conocidos de EEUU. Todas las muestras que tomó la FDA dieron negativo, y lo mismo pasó, cuentan cercanos, con más de 200 contramuestras que la empresa analizó buscando esa cepa.
Y si bien la trama comenzó con Publix, a principios de octubre tomó nuevas aristas. A pesar de que el brote ya se había dado por terminado, con 17 enfermos en Florida y Georgia, la empresa chilena decidió -preventivamente- ampliar el retiro de sus productos, ahora a algunos lotes vendidos en Walmart y Trader Joe’s. El primero es el mayor minorista de EEUU y del mundo, y el segundo, una cadena conocida por vender sobre todo productos de su propia marca.
La FDA informó que esta ampliación de retiro llegó después de una visita de sus inspectores a la empresa en septiembre. Llegaron dos investigadores de la agencia y durante cinco días, de lunes a viernes y de 9:00 a 18:00, revisaron desde el trabajo con los productores, la logística y los centros de acopio hasta la selección, el envasado y los reclamos de clientes de los últimos tres años. “Revisaron hasta debajo de la alfombra”, dice un conocedor.
La FDA también dejó por escrito que, mientras duró la investigación, Comfrut no le entregó todos los registros que le había pedido entregar de forma voluntaria. En la empresa, dicen personas al tanto, le están consultando a la agencia a qué se refiere, ya que su actitud siempre fue de colaboración. Además, y a pesar de que el brote está cerrado, el organismo regulador mantiene los productos de Comfrut en una lista que permite retenerlos en la frontera sin examen físico.
¡Jackpot!
De Comfrut, a pesar de ser un gigante -con decenas de miles de toneladas exportadas al año-, no se sabe prácticamente nada. Nació en 1986 para exportar berries frescos a Estados Unidos y Europa, aprovechando la contraestación. Detrás estaban Pablo Hevia y un grupo de empresario.
Hevia, economista agrario formado en la Universidad de California Davis (una de las casas de estudio más reconocidas en agronomía en el país del norte), fue por años su principal accionista y la presidió hasta 2023. Hoy él y su familia siguen siendo los propietarios.
Tres años después de su fundación, la empresa entró al negocio de los congelados, empujada por los grandes volúmenes de frambuesa que obtenían sus productores. “Fue como si le dieran al jackpot en el casino”, dice un consultado. “Nadie más lo estaba haciendo”.
Con los buenos resultados, empezaron a comprar activos y a producir e investigar variedades nuevas. Una de sus apuestas fue la Dolomia Plus, una frambuesa que trajeron con una empresa genética italiana. La variedad tardó cerca de nueve años en dar volúmenes comerciales, y hoy Comfrut la ofrece a los supermercados para sus marcas propias.
En 2000, Comfrut vendía US$ 20 millones. En 2004 empezó a importar mangos, piñas, papayas y melones para armar sus mezclas, y en los dos años siguientes plantó sus propios campos de frutillas y de arándanos. En 2007 su planta ya tenía capacidad para congelar 20 mil toneladas y cinco años después proyectaban ventas por US$ 75 millones.
La clave, dicen cercanos, fue la apuesta por el retail que empujó Hevia a partir de 1998. Así llegaron a marcas como Publix, Great Value, ShopRite, Scenic Fruit y Europe’s Best.
200 productos
Hoy prácticamente el único foco de Comfrut está en el extranjero. En su gran mayoría, la frutas que procesan terminan en Estados Unidos y Canadá, aunque también venden en Europa, Asia y Australia. Trabajan con arándanos, frambuesas, frutillas, moras, cerezas, cranberries, duraznos, uvas y kiwis, además de mango en México.
Este año, según cercanos, venderán unos US$ 150 millones. Son, según varias firmas del rubro, la principal empresa de fruta congelada para retail de América Latina. Buena parte de su negocio es envasar para otros: tienen más de 200 SKU, muchos de los cuales terminan con la marca propia de un supermercado. Para abastecerse compran fruta a unos 500 productores y la procesan en sus plantas de San Carlos y Curicó, donde en temporada alta trabajan unas 1.500 personas.
No solamente han crecido en Chile. En 2021 se expandieron a México, donde tienen una planta en Jacona, Michoacán, y una operación de mango. Al año siguiente sumaron una planta en EEUU: un packing en Plant City, Florida, que reenvasa la fruta que llega a granel desde Chile y desde proveedores de otros países.
La figura clave de todo esto es el gerente general, Alejandro Droste. Con pasado en D&S (fue su CFO), llegó con el mandato de rentabilizar y profesionalizar la compañía para dejarla lista para la entrada de un socio estratégico.
Hoy, entre los supermercados que venden su fruta están Publix, Walmart y Trader Joe’s. También está Goya de Puerto Rico -filial de Goya Foods, la mayor empresa de alimentos de propiedad hispana de EEUU- y Woolworths, el principal supermercado de Australia.
Lista roja
El aviso llegó a la CDC el 1 de julio. Ese día, el Departamento de Salud de Florida informó que tenía un grupo de contagios con E. coli. En las primeras entrevistas, siete de nueve enfermos dijeron haber comido arándanos congelados, y cinco nombraron la marca GreenWise de Publix. Al cerrar la investigación, la CDC concluyó que los datos epidemiológicos, de laboratorio y de trazabilidad mostraban que los arándanos de Comfrut estaban contaminados.
Otros consultados, eso sí, ponen en duda el único análisis positivo (el de Publix). Cercanos a la empresa dicen que ese resultado llegó en dos días, un plazo que consideran muy corto para un cultivo, y que todavía no conocen las condiciones en que se hizo. También destacan que en la temporada 2025-2026 hicieron más de mil análisis de agua, fruta y producto terminado, y todos salieron negativos.
A mediados de agosto, la FDA clasificó el retiro de Publix como Clase I, su categoría más alta, que se usa cuando hay una probabilidad razonable de que un producto cause daños graves a la salud o la muerte. Según el registro de la agencia, solo en Publix fueron 182.094 bolsas de arándanos y mezclas de berries, de 10 y 48 onzas. Después se sumaron los lotes de Walmart, distribuidos en 30 estados y Puerto Rico, y el de Trader Joe’s, en 26 estados. Voces de la empresa precisan que, en total, retiraron 12 toneladas en Publix, 20 en Walmart y solo una en Trader Joe’s.
Antes, a fines de julio, la FDA había puesto a Comfrut en la lista roja de una alerta de importación para frutas y verduras. En la misma lista quedó su planta de Curicó, sus filiales en Florida, incluido el packing de Plant City, y dos empresas ajenas al grupo. Para salir, la empresa tiene que entregar documentos que demuestren que corrigió lo que originó el problema. Según entendidos, esto se solucionará con el viaje que hicieron los inspectores de la FDA en septiembre.
Lo que viene
¿Qué consecuencias tiene todo esto para el negocio? En lo financiero, distintas personas al tanto dicen que no hay mayor preocupación. Comfrut tiene seguros de responsabilidad civil y de retiro de productos, que cubren justamente este tipo de episodios.
En lo comercial, las mismas voces aseguran que tampoco hubo mayores fricciones con los clientes. Supermercados como Walmart, explican, conocen de cerca los procesos y la trazabilidad de la firma chilena, y miran la relación en el largo plazo. Con varios de ellos trabajan hace unos 20 años.
Un consultado entrega un dato: en los últimos tres años, la tasa de reclamos fue de 1,2 por cada millón de bolsas.
Lo que sigue pendiente es la lista roja. En la compañía esperan salir de ella en el corto plazo, porque la visita de la FDA, uno de los requisitos para hacerlo, ya ocurrió.
El daño más complejo, por lejos, es el reputacional, justo en un negocio que descansa en la confianza de los supermercados y consumidores. Puertas adentro el golpe se sintió “muy fuerte”, cuentan cercanos. Eso sí, voces de la firma recuerdan que incluso los mayores actores del rubro han tenido varios retiros, como la canadiense Nature’s Touch.
Todo esto ocurre en un excelente momento para la industria de fruta congelada chilena. Entre enero y agosto, sus exportaciones sumaron US$ 607 millones, 13% más que en el mismo período de 2025. Las frambuesas subieron 63% y las cerezas, 51%. Estados Unidos sigue siendo el principal comprador, seguido por Australia, Canadá, Japón y Corea del Sur.
Por eso lo que viene, creen en la compañía, es crecimiento. La demanda por fruta congelada sigue subiendo y, a su juicio, Chile, Perú y México son los orígenes más competitivos para abastecerla. Comfrut tiene plantas en dos de ellos y, según cercanos, es la única del rubro integrada desde el campo.
El episodio del E coli coincide con un proceso más grande. Partió hace varios meses y se relaciona con el mandato que recibió Droste cuando llegó a la compañía en 2020. Ese encargo, cuentan conocedores, fue rentabilizar el negocio y prepararlo para la entrada de un socio estratégico. Lo primero, aseguran, ya está cumplido con creces. Y si bien todavía no hay luces de cómo avanza la segunda solicitud, no son pocos los que dicen que podría haber novedades “muy pronto” sobre el futuro de la empresa.