El cobre vive semanas de récords. El jueves tocó los US$ 6,55 la libra en la Bolsa de Metales de Londres (LME), un nuevo máximo histórico, mientras Estados Unidos ya atesora 1,2 millones de toneladas en sus bodegas por el temor a futuros aranceles del presidente Donald Trump.
El hito que llega, además, justo cuando la distensión entre Washington y Teherán pareciera comenzar a desinflar el precio del petróleo, desplazando el eje de la atención mundial desde los pozos de Medio Oriente hacia las minas de África, Asia y, sobre todo, Chile.
En ese tablero, pocos actores tienen un mejor asiento como el jefe global de commodities de Bank of America (BofA), Francisco Blanch, quien conversó con DF. Su lectura es que el metal está sostenido por una combinación de fuerzas que no se veían en ciclos anteriores y que, pese a los problemas de su oferta, Chile "está muy bien posicionado" para aprovecharlo.
"La fortaleza del metal tiene que ver principalmente con dos elementos: una situación de oferta muy restringida y la situación arancelaria impulsada por Estados Unidos", explicó.
Sobre el primer punto, indicó tres de las minas más grandes del mundo (Escondida en Chile, Grasberg en Indonesia y Kamoa-Kakula en el Congo) "han visto una caída importante de su producción, tanto realizada como esperada".
Para BofA, la decisión de la República Democrática del Congo de prohibir las exportaciones de concentrados de cobre y cobalto cayó sobre un mercado ya apretado, en el que Chile también ha tenido un rol gravitante: "Incluso, el nuevo presidente de Codelco (Bernardo Fontaine) ha anunciado una revisión a la baja de los objetivos de crecimiento de la oferta de cobre", apuntó Blanch.
En segundo término, la guerra comercial ha provocado, según un reporte de BofA, que cerca de 1,2 millones de toneladas de cobre se han acumulado en Estados Unidos, atraídas por la rentabilidad de financiar inventarios en la Bolsa de Chicago.
"Los inventarios en Londres o en Asia han bajado mucho y nadie realmente quiere sacar los de cobre de Estados Unidos por miedo a que pueda haber en algún momento futuro algún arancel (...) Esto ha dejado sin inventarios a otras partes del mundo que lo necesitan", advirtió.
La demanda, en tanto, corre en dirección contraria, empujada por la inteligencia artificial (IA), la electrificación y la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China, que este año movilizan inversiones por sumas millonarias en centros de datos. "Las compañías más grandes del mundo están levantando deuda, están levantando capital y están invirtiendo cientos de miles de millones en eso", sostuvo. Y esa apuesta, "conlleva mucho cobre", afirmó.
El nuevo precio de la tonelada
Con ese análisis, la apuesta del banco es decidida: "Estamos hablando de niveles por encima de US$ 15.000 la tonelada en los siguientes 12 meses", proyectó Blanch. E incluso esa cifra podría quedarse corta, según estimó el experto.
Estas proyecciones dejan a Chile en una posición estratégica. "Tiene una ventaja comparativa. El único tema es que tiene también que organizar la economía para ser capaz de seguir produciendo cobre", aseguró.
-¿Qué debe hacer un país productor cuando el precio está en máximos, pero las proyecciones de largo plazo son más acotadas?
-Creo que lo que se ha estado haciendo es el camino correcto: más acuerdos de cooperación y de inversión con diferentes compañías. No hay más remedio que intentar seguir invirtiendo y aprovechar el ciclo alcista para beneficio del país.
Al final, de alguna manera, el cobre es el nuevo petróleo. Y Chile es el país con más volumen de producción y está muy bien posicionado para potencialmente tomar ventaja de ese ciclo de electrificación y de centros de datos.
Petróleo
Para el petróleo, en cambio, Blanch analizó la prima de riesgo que deja la guerra en Medio Oriente y cómo se posiciona el mercado ante un estrecho de Ormuz cuya operatividad sigue sin estar asegurada, tras alternar períodos de apertura y cierre.
"Hay que recordar que, para que Ormuz esté abierto completamente, no necesitas que los flujos estén al 100%", planteó.
Los sauditas ya redirigieron gran parte de su producción por un oleoducto capaz de mover cinco millones de barriles diarios, al que se suman otro de 1,5 millones en Emiratos Árabes y capacidad por Irak con cerca de siete millones de barriles al día circulando por rutas alternativas, en un estrecho que históricamente veía cruzar unos 20 millones.
"Con lo cual, volver al 60% o 70% quiere decir llegar casi de vuelta al 100%", explicó. Por eso, "con un acuerdo, con lo que se está planteando entre Irán y Omán y, por supuesto, con Estados Unidos de acuerdo, creo que los flujos pueden empezar a normalizarse relativamente rápido", cerró.