Apuestas y moralidad del mercado
Señor Director:
Las críticas transversales al reconocimiento de las apuestas en línea mediante el cobro de impuestos permiten recordar una idea básica: el mercado no es moralmente neutro, y el Estado tampoco. Gravar una actividad ilegal no es un gesto inocuo. En los hechos, se cubre con una pátina de normalidad, volviendo confusa la frontera entre lo permitido y lo prohibido.
Promesas de campaña como restablecer el respeto a la ley, el principio de autoridad, el Estado de derecho, las virtudes cívicas y el lugar central de la familia y la dignidad humana, difícilmente dialogan con una política que, bajo una lógica recaudatoria, termina tratando la ilegalidad como base imponible.
Si el diagnóstico es que las apuestas en línea operan al margen de la ley y producen daños sociales y familiares relevantes, como es la ludopatía y sus consecuencias, la primera respuesta no debiera ser capturar parte del flujo, sino hacer cumplir la norma, perseguir a quienes lucran en la sombra y recién entonces discutir un marco regulatorio coherente.
Como advirtió Joseph Ratzinger, la actividad económica, precisamente por ser humana, requiere institucionalizarse éticamente. Por lo mismo, cabe esperar que el Ejecutivo reordene prioridades: primero aplique la legalidad y luego, si corresponde, regule.
Arturo Hasbún
Director del Área Legislativa, Fundación Jaime Guzmán
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