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Columnistas

Crear empleo: una noble vocación

LUZ MARÍA DIDIER SANTANDER Miembro de la Unión Social de Empresarios Cristianos (USEC)

Por: LUZ MARÍA DIDIER SANTANDER

Publicado: Miércoles 8 de julio de 2026 a las 04:00 hrs.

El mercado laboral chileno se encuentra atravesando una fase de deterioro progresivo. La destrucción de empleo formal coexiste con un proceso de informalización expansiva que erosiona el sistema. Luego de las cifras publicadas en la Encuesta Nacional de Empleo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), ya no necesitamos mas señales de alerta. 

Más de 100 mil personas, en su mayoría jóvenes, buscan su primer empleo y no lo encuentran. La desocupación llegó a 9,4% y entre los menores de 25 años bordea el 25%. La crisis es estructural y también generacional.

No siempre fue así. Durante décadas la empresa fue el gran motor de progreso: creó trabajo, redujo la pobreza y puso a Chile a la vanguardia de la región. Hoy ese motor no está funcionando para quienes recién comienzan.

“Durante décadas la empresa fue el gran motor de progreso: creó trabajo, redujo la pobreza y puso a Chile a la vanguardia de la región. Hoy ese motor no está funcionando para quienes recién comienzan”.

El origen del problema es, en lo esencial, regulatorio. Se legisló el trabajo con lógica populista: alza del salario mínimo, jornada de 40 horas y más cotización a cargo del empleador. Cada medida se presentó como avance social; ninguna internalizó el costo que trasladó a la contratación. Ese costo subió entre 5,2% y 6,7% por hora, y golpeó a las pymes con más fuerza. La generosidad la decretaron quienes ya tenían empleo; la cuenta la pagan quienes aún no lo tienen.

El trabajo no es un factor de producción más, es el cauce por el que cada persona despliega sus talentos, dignifica su persona y sostiene financieramente a los suyos. La vocación de la empresa ha de ser poner a la persona al centro, de esta manera, crear empleo vuelve a ser una forma noble de servir al bien común.

Recuperar la capacidad de generar empleo formal exige menos retórica y más responsabilidad de quienes legislan, contratan y trabajan.

El reciente informe de la Mesa de Reactivación Laboral avanza en esa dirección. Tres propuestas inciden en la contratación de jóvenes: el programa Talento Joven, que vincula los 936 liceos técnico-profesionales -unos 170 mil estudiantes- con las empresas para una primera experiencia real y formación dual; el rediseño del Subsidio Unificado al Empleo; y la revisión de la indemnización por años de servicio, cuyo costo esperado castiga más a los perfiles de productividad inicial incierta. Son correcciones de diseño con efecto directo en el empleo juvenil.

Ninguna de estas iniciativas sirve sin conducta sostenida. La disposición del empresario de formar a quien comienza constituye el gesto más fecundo de una empresa; el joven que persevera en lugar de tratar su empleo como algo desechable -esa frivolidad que se disfraza de libertad- honra la confianza que otro depositó en él; y quien todavía golpea puertas cerradas merece que ese esfuerzo, en algún momento, encuentre respuesta. La reactivación no la decreta una ley, la construyen las personas.

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