La incipiente tramitación del plan de reconstrucción ha traído de vuelta la discusión sobre el relato y su importancia para concitar el apoyo ciudadano. Se ha señalado, por ejemplo, que la mente humana está hecha para procesar relatos, antes que datos, y que por eso ellos solo se comunican eficazmente (se comprenden), insertos en una narrativa que les dé sentido. Para el ojo experto, los datos organizados “hablan por sí solos”: esa sola organización evoca otros relatos ya internalizados por el experto. Esto no ocurre, en cambio, con el ciudadano de a pie, menos estando bajo el asedio permanente de redes que operan como cajas de resonancia. En este sentido, se dijo también acertadamente, que gobernar es mucho más que administrar: es también narrar.
La pregunta detrás de estas consideraciones es evidente: ¿tiene relato el gobierno del Presidente Kast? Para responder, parece preciso reflexionar en dos niveles.
“El actual gobierno tiene identidad de sobra y, como pocos, es plenamente consciente de ella, pero en política, quien calla regala el espacio a un adversario dispuesto a todo”.
Primero, es necesario recordar que el relato, sumamente distinto del ruido, exige antes que nada tener identidad y además, ser consciente de ella. En esta dimensión, el actual gobierno tiene identidad de sobra y es, como pocos, plenamente consciente de ella. El gobierno cree que la reducción de impuestos y la integración tributaria son indispensables para recuperar la inversión, el crecimiento y generar empleo formal. Cree que esto es vital para entregar bienestar social y tranquilidad espiritual a los chilenos. Cree que no hay fórmulas fáciles ni atajos para alcanzar estas metas, y por eso, está convencido que aunque sea impopular, salir del estancamiento exige asumir estrecheces temporales.
Cree también que la inseguridad y el miedo de la gente no se originan solamente en la delincuencia, el crimen organizado y la migración ilegal. Cree que ese miedo nace también de la falta de estabilidad laboral, y de expectativas económicas en las nuevas generaciones.
Está convencido de que el miedo ha crecido también alimentado por la falta de respeto por el principio de autoridad que han mostrado liderazgos políticos irresponsables. Considera que esa falta de autoridad y de rigor, en el aula, en el espacio público, y en el propio Estado, es un factor no único, pero sí crucial para comprender el desasosiego y la desesperanza. Cree, finalmente, que justamente su comprensión de las angustias ciudadanas y su promesa de cambio de rumbo, su relato de cambio, fue lo que concitó la adhesión de la gente y que ahí radica su fortaleza.
¿Cuál sería el segundo eje para evaluar relato en el gobierno? La persona o colectivo que tiene identidad, suele confiar en que su coherencia, solidez y obras comunicarán por sí solas su identidad. En este sentido, la consciencia de la identidad propia es un arma de doble filo. Es verdad que quien tiene convicción más que hablar hace, pero en política, quien calla regala el espacio a un adversario dispuesto a todo.
El gobierno ha comunicado hasta aquí con su coherencia. Es preciso ahora comprender que tanto esa coherencia como el contenido de su propia identidad, deben ser explicados con empatía, simpleza y cercanía, una y otra vez, y tantas veces como sea necesario.
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