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Editorial

La nueva fragilidad de la economía mundial

Por: Equipo DF

Publicado: Martes 14 de abril de 2026 a las 04:00 hrs.

Desde el 28 de febrero, cuando EEUU e Israel lanzaron la Operación Furia Épica y atacaron a Irán, la economía mundial ha estado sufriendo las consecuencias. La tregua pactada hace unos días fracasó tras las negociaciones en Islamabad, luego de lo cual el Presidente Donald Trump anunció el bloqueo naval de todos los puertos iraníes. Y aunque durante la tarde aseguró que Teherán estaría buscando reiniciar las conversaciones y el conflicto, eventualmente, concluyera pronto –algo que parece cada vez más lejano- sus consecuencias económicas perdurarán, debido a los mayores niveles de déficit y deuda pública que enfrentan los gobiernos a nivel global y los estrechos márgenes de acción con que cuentan los bancos centrales.

En medio de este panorama, el FMI ha señalado que de no haber existido las hostilidades habría revisado al alza sus proyecciones de crecimiento global, fijadas en 3,3% para 2026. “Ahora todo apunta a un alza de los precios y a un crecimiento más lento”, afirmó su directora gerente, Kristalina Georgieva.

La actual crisis encuentra a las economías con niveles de deuda y déficit que limitan su capacidad de respuesta a nivel global.

La crisis ha puesto en evidencia una condición que no estuvo presente en episodios similares. A diferencia de los años ’70, cuando los déficits en economías avanzadas rondaban el 2% del PIB, hoy se han duplicados, mientras la deuda pública promedio en los países del G7 supera el 100% del Producto. Esta situación ha limitado la capacidad de los gobiernos para amortiguar el impacto del encarecimiento de la energía. El alcance de subsidios, controles de precios y esquemas de apoyo a los combustibles ha sido acotado, en un escenario en que el costo fiscal de tales medidas se suma a balances ya exigidos. Esta tensión ha comenzado a reflejarse en los mercados de deuda, donde los rendimientos han incorporado mayores primas, ante la perspectiva de un aumento adicional del endeudamiento, en un contexto de crecimiento más débil.

El deterioro de las finanzas públicas se ha visto reflejado en una deuda global que bordeó los US$ 348 billones en 2025, más de tres veces el PIB mundial, lo que deja a buena parte de las economías sin espacio para desplegar estímulos amplios que no comprometan su sostenibilidad fiscal. A ello se suma la restricción que enfrentan los bancos centrales. En un contexto donde la inflación no ha convergido plenamente a sus metas, el margen para flexibilizar la política monetaria es limitado, incluso ante señales de desaceleración. La persistencia de presiones inflacionarias, asociadas en parte al encarecimiento energético, obliga a priorizar la estabilidad de precios, restringiendo el uso de herramientas que en otras crisis fueron decisivas.

El conflicto ha comenzado, además, a reflejarse en variables globales más amplias. Estimaciones de la ONU han advertido que más de 30 millones de personas podrían caer en la pobreza como consecuencia de este shock, extendiendo sus efectos más allá de las economías directamente involucradas.

Más allá de la evolución inmediata, a juicio de expertos, es probable que las repercusiones de la guerra conduzcan hacia una inclinación estanflacionaria transitoria a nivel global, en un marco en que esta nueva vulnerabilidad expondrá a la economía mundial no solo a las repercusiones negativas de la guerra contra Irán, sino a cualquier crisis en el futuro cercano.

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