Hasta comienzos del siglo XX todavía era común ver manadas de guanacos pastando en los faldeos cordilleranos de la zona de Lonquimay, pero su caza indiscriminada y la disminución de su hábitat provocada por la colonización y la expansión agrícola hicieron que la especie prácticamente desapareciera del territorio que actualmente corresponde a la Región de La Araucanía.
Hoy, tras cerca de 100 años de ausencia, el mamífero terrestre silvestre más grande de Chile se prepara a regresar en gloria y majestad a uno de sus hogares ancestrales.
El 26 de noviembre, 20 ejemplares (dos machos y 18 hembras) serán trasladados desde la Región de Los Ríos hasta la Reserva Huellas, donde iniciarán una fase de aclimatación previa a su liberación gradual, durante los próximos dos años.
Más allá del impacto ecológico y cultural, la iniciativa apunta a una estrategia de desarrollo económico: replicar la reconversión productiva que Huilo Huilo lideró hace dos décadas y capturar el creciente mercado del turismo de intereses especiales y de avistamiento de fauna, hoy concentrado casi exclusivamente en Magallanes.
El modelo Huilo Huilo
El proyecto liderado por Fundación Luan, en alianza con la Reserva Biológica Huilo Huilo, toma como referencia la transformación productiva de Neltume y Puerto Fuy, a inicios de la década de 2000, cuando la zona transitó de la actividad forestal a un polo ecoturístico en torno al huemul.
El director de Conservación de Huilo Huilo, Eduardo Arias, recuerda el impacto del cambio de paradigma: “Cuando esto era maderero, la visitas al Salto Huilo Huilo eran de unas 700 personas al año; con eso no financias nada. Hoy bordeamos los 300 mil visitantes anuales y eso repercute directamente en la economía local”.
Ese flujo reconfiguró el empleo en la cuenca, donde cerca de 90% de los puestos generados por la reserva y sus servicios asociados pertenecen a las localidades aledañas. Arias recalca que el valor radica en el empoderamiento del relato: “Jóvenes que antes entraban a los 14 o 15 años al madereo hoy se plantan frente a esos mismos robles y raulíes y, sin tocar una sola hoja, viven sanamente del bosque. Lo que hay que traccionar en La Araucanía es lo mismo: empoderar a la gente en torno a un recurso que bien manejado puede ser infinito”.
Ventajas logísticas
Actualmente, el turismo en Lonquimay enfrenta un cuello de botella por una temporada estival de mes y medio y un flujo invernal acotado, concentrado principalmente en Malalcahuello por la operación de Corralco. El vocero de Fundación Luan y director de Reserva Huellas de Lonquimay, Carlos Guerrero, explica que la zona mantuvo una apuesta pasiva: “Teníamos un turismo de paisaje como una fotografía sin movimiento. El guanaco resetea ese modelo porque es el herbívoro tope; al restablecer la cadena trófica, se multiplican los avistamientos de cóndores, zorros y pumas. Esto abre un producto de naturaleza y rastreo de alto valor que opera todo el año por las migraciones estacionales”.
A diferencia de Torres del Paine o la Patagonia argentina, Lonquimay ofrece ventajas en costos y tiempos de desplazamiento. Se ubica a cinco horas en vehículo desde Concepción, con conectividad al aeropuerto de Temuco y enlace directo al corredor biológico binacional que conecta la Reserva Nacional Alto Biobío con más de 200 mil hectáreas protegidas en Neuquén. Según Guerrero, esta cercanía permitirá captar viajeros internacionales y abrir un mercado corporativo y familiar chileno de alto gasto.
Capital humano y ganadería
El municipio respalda la iniciativa para diversificar los ingresos locales. El alcalde de Lonquimay, Eduardo Yáñez, subraya la opción de encadenar la propuesta con la identidad local: “Es algo histórico que permite alargar la brecha de visitantes. Es un público con gran poder adquisitivo, para el cual viajar a La Araucanía cuesta mucho menos que ir a Magallanes. Esto se puede ligar directamente a nuestras tradiciones, como cabalgatas y el arreo a las veranadas, generando un circuito cultural y de naturaleza muy atractivo”.
Para Fundación Luan, la rentabilidad social radica en retener capital humano. Guerrero plantea que el objetivo es reconvertir a las familias crianceras, emulando la experiencia del extremo austral. “En Magallanes, quien hoy te guía para rastrear pumas a tarifas internacionales era quien antes los cazaba. Nuestro mayor indicador de éxito será cuántos jóvenes decidan quedarse en Lonquimay. Queremos que los hijos de los arrieros, que conocen esta cordillera como nadie, se capaciten, inviertan en cabañas o transfers y lideren las expediciones”.
Arias agrega que la viabilidad del modelo recae en la integración social: “El guanaco es rústico y resiliente; el desafío son las personas. La conversación no es posible sin los habitantes, y articular una gobernanza con comunidades pehuenches y arrieras será el detonante para que este corredor dinamice la economía regional”.
Detalles del plan
El proyecto se ejecuta bajo la técnica de liberación suave (soft relese), coordinada con el SAG, Conaf y la Seremi de Medio Ambiente. Tras el arribo de los primeros 20 ejemplares, los animales estarán entre uno y dos años en semicautiverio en la Reserva Huellas de Lonquimay para adaptarse a las condiciones cordilleranas, consolidar su tasa reproductiva y desarrollar programas de educación ambiental en escuelas.
Cumplida esa etapa, se iniciará la liberación progresiva hacia la Reserva Nacional Alto Biobio, proyectando a mediano plazo sumar al ñandú del norte. Huilo Huilo mantendrá donaciones periódicas para asegurar la variabilidad genética del plantel una vez transmitidos los permisos definitivos ante el SAG.