Pocas cifras específicas de actividad son más reveladoras del verdadero estado de la industria de la construcción -así como de la marcha de la economía en general- que las de producción y venta de cemento. Un dato duro cuya evolución en los últimos meses da cuenta de un sostenido deterioro que es incluso más profundo que los indicadores generales más conocidos del rubro constructor.
Un claro ejemplo de este retroceso es el Índice de Despachos de Cemento, que en el último registro a julio pasado anotó una caída de 25,4% en la comparación anual de las transacciones de uno de los principales insumos de obra gruesa y fundamental para la producción de hormigón premezclado.
Este indicador -que refleja el desempeño mensual de los despachos asociados a la producción nacional- mantiene una tendencia descendente desde 2022 y, en lo más reciente, anotó 64 puntos, por debajo de los niveles observados antes de la crisis sanitaria de 2020 (en torno a los 100 puntos), de acuerdo con el registro de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC).
“Esta evolución del cemento es coherente con el persistente debilitamiento de la inversión vinculada al mercado inmobiliario y con el deterioro de las expectativas de los empresarios de la construcción, medidas a través del IMCE sectorial, las que continúan en terreno pesimista”, indicaron desde la gerencia de Estudios y Políticas Públicas de la CChC. A esos factores se sumaron, añadieron, los efectos adversos del temporal concentrados en julio, que habría provocado interrupciones transitorias en la demanda de insumos de la construcción, entre ellos, el cemento.
3,5% es la proyección de crecimiento de la inversión en construcción ajustada para 2026.
Además de las menores partidas a las empresas constructoras y grandes clientes, en este retroceso también ha incidido el debilitamiento de la demanda de cemento a nivel retail, como es el caso de las compras “destinadas a reparaciones, ampliaciones y mejoramientos de viviendas por parte de los hogares”. En este ámbito, precisaron desde la CChC, ha tenido impacto “el aumento del precio del cemento, cuyos costos de producción son sensibles a la volatilidad del precio del petróleo y a las fluctuaciones del tipo de cambio, debido a su incidencia sobre la internación de insumos intermedios, como el clínker”. En efecto, durante los últimos tres meses el valor de este producto tuvo un incremento promedio superior al 13% anual, marco en el cual “es probable que una parte de las inversiones de los hogares haya sido postergada esperando una mayor estabilización de los precios de materiales e insumos”.
Otra señal clave es el comportamiento del “Consumo aparente de cemento”. Un indicador sectorial de mayor complejidad, ya que utiliza un promedio móvil trimestral, corregido por efectos estacionales, para capturar la tendencia de la demanda general, tanto la abastecida con producción nacional como vía importaciones. A mayo pasado, ese índice retrocedió 3,9%, “exhibiendo en los últimos meses una desaceleración de su ritmo de expansión anual, en línea con los factores económicos del período”. Y aunque la variación se acortó al mes siguiente, la comparación entró nuevamente a terreno negativo en julio con -10,9%
Estos -y otros índices que constataron un bajo dinamismo en el primer semestre-, llevaron al gremio de la construcción a recortar el mes pasado sus perspectivas de inversión para 2026, pasando de una expansión de 4,5% a 3,5%, distante de la proyección de 4,8% para este año formulada a fines de 2025.

Las cifras de los productores
Las empresas del sector -donde predominan tres grupos tradicionales: Melón, Polpaico y CBB- dieron cuenta del complejo escenario en sus balances de la primera mitad de este año.
Melón acusó los efectos de la desaceleración indicando que “en general, los negocios se han visto disminuidos en volumen, lo que se explica por un mercado que sigue contraído y por un estricto foco en mantener los márgenes”, en su análisis razonado a junio. Esto, frente a los retrocesos de 8% en la venta de cemento (453 mil toneladas), de 12% en hormigón (759 mil m3) y de 16% en áridos (656 mil m3).
Aunque Polpaico elevó sus ingresos en 3,5% y su resultado después de impuestos por $ 4.345 millones mejoró en comparación con las pérdidas por $ 632 millones del mismo período del año anterior, subrayó que los volúmenes de venta durante el primer semestre de 2026 “no mostraron señales consistentes de recuperación frente al mismo período del año anterior, afectados por la debilidad de la economía y de la demanda de la industria”.
Y si bien sus resultados están menos actualizados que sus pares luego de que su actual dueño, Carmeuse, la delistó, Cementos Bio Bio (CBB) informó en su último balance a marzo pasado una disminución de 12% en las ganancias atribuibles a los propietarios de la controladora ($ 5.167 millones). Eso sí, el segmento de cemento mejoró en ese período, pasando de una pérdida de $ 597 millones en el primer trimestre de 2025 a una utilidad por $ 281 millones, principalmente por los mayores despachos. Pero recordó que la industria de la construcción “atravesó durante los últimos años una de las crisis más agudas" en tres décadas, marcada por "bajas en las obras nuevas, asociadas al alza en los costos de los materiales, mayores exigencias crediticias, baja confianza empresarial y una economía nacional con bajo crecimiento”, recordando que la inversión en construcción creció solo 2,2% en 2025.
Las condiciones para un repunte en 2027
A pesar de la lenta evolución de la actividad durante este ejercicio, la industria mantiene sus buenas expectativas a corto y mediano plazo. “No es posible descartar una reversión o, al menos, un punto de inflexión de esta tendencia, hacia fines del presente año, que podría consolidarse durante 2027”, estimaron desde la gerencia de Estudios y Políticas Públicas de la CChC.
Una perspectiva que se irá despejando “en la medida en que comiencen a materializarse los efectos sobre la actividad de las medidas de reconstrucción recientemente aprobadas y avance la ejecución de las inversiones asociadas”, opinaron desde la CChC, a lo que se suma el desarrollo de proyectos de inversión en infraestructura que cuentan con cronogramas de ejecución definidos.
Eso sí, advirtieron estar a la expectativa de "la discusión presupuestaria en torno al gasto de inversión en construcción para 2027 y a la evolución de las expectativas empresariales que se desprenda de ella”. 