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Columnistas

Cuando sube la bencina, llaman a los abuelos

Álex Figueroa Navarro, Gerente General Detacoop y Presidente de Coopera

Por: Equipo DF

Publicado: Miércoles 8 de abril de 2026 a las 11:43 hrs.

Cuando el precio de la bencina sube $370 por litro y el diésel $580, la conversación pública se concentra, con razón, en el impacto inmediato en la cuenta del taxi, el flete del almacén de barrio, el presupuesto familiar que ya no cierra. Pero hay un efecto en cadena que rara vez se menciona, y que quienes trabajamos con personas mayores conocemos bien: cuando todo sube, los jubilados son los primeros en recibir el llamado de “ayuda” de sus hijos y nietos. Y responden. Siempre responden.

Hay algo que los datos no capturan del todo y que tiene que ver con que el adulto mayor con ingreso fijo que silenciosamente pasa a ser el banco de su familia. No aparece en las medidas de mitigación. No recibe subsidio por el alza de combustibles. Pero absorbe el golpe igual, porque es el único en su entorno que tiene algo parecido a certeza financiera, con una pensión que llega el mismo día cada mes. Eso, en momentos de crisis, vale más que cualquier línea de crédito.

En Chile hay cerca de dos millones de personas vinculadas al sistema cooperativo de ahorro y crédito. Si sumamos a sus familias directas, el número de personas ligadas al modelo Cooperativo de Ahorro y Crédito, ronda los cuatro millones. Una proporción importante de ellas son pensionados y adultos mayores que viven con ingresos acotados y que, precisamente en momentos como este, se convierten en el último colchón financiero de sus cercanos.

"Cuando todo sube,Hay algo que los datos no capturan del todo y que tiene que ver con que el adulto mayor con ingreso fijo que silenciosamente pasa a ser el banco de su familia. No aparece en las medidas de mitigación. No recibe subsidio por el alza de combustibles. Pero absorbe el golpe igual, porque es el único en su entorno que tiene algo parecido a certeza financiera"

Frente a eso, cabe preguntarse qué herramientas tienen para reorganizar sus finanzas sin quedar expuesta a condiciones abusivas. La respuesta honesta es que pocas. La banca tradicional no fue diseñada para ellos. El sistema financiero convencional los tolera, pero no los prioriza. Las cooperativas de ahorro y crédito, en cambio, existen precisamente para ese segmento: personas que no se seleccionan por nivel de renta, sino que se acompañan. Hay una diferencia enorme entre ambas cosas.

El Ministerio de Hacienda reconoció la semana pasada que sostener los precios de los combustibles le cuesta al país US$ 140 millones semanales. Recursos que no hay. Lo que eso significa, en la práctica, es que el alivio tiene fecha de vencimiento y que las familias que no califican para subsidios -pero que igualmente la están pasando mal- tendrán que buscarse el parche solas.

Ahí es donde el modelo cooperativo no es una curiosidad histórica ni un eslogan de economía social, es una red concreta de protección financiera que lleva décadas operando sin grandes titulares. Una infraestructura silenciosa que en momentos de shock económico demuestra para qué fue construida.

El bencinazo golpea a todos, pero golpea más a quienes menos tienen. Y dentro de ese grupo, hay personas mayores que cargan con el peso propio y el de su familia. Es hora de que la conversación pública los incluya. No como víctimas, sino como lo que el amortiguador social más subestimado de Chile.

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