Tech & Empresas
DF Lab Opinión/ El desafío de la IA es la organización
"Menos del 5% de las empresas ha logrado escalar iniciativas de IA con retorno medible. El cuello de botella no son la tecnología ni el presupuesto"
Por: Por Hernán Orellana, Socio AdapsysAI y director Bci
Publicado: Lunes 7 de septiembre de 2026 a las 09:16 hrs.
Hernán Orellana, Socio AdapsysAI
Varios estudios sobre adopción de inteligencia artificial (IA) en las empresas chilenas que han sido presentados durante este año llegan a las mismas conclusiones: el 70% de las organizaciones sigue atrapada entre la exploración temprana y los pilotos de IA. Menos del 5% de las empresas ha logrado escalar iniciativas de IA con retorno medible. El cuello de botella no son la tecnología ni el presupuesto —menos del 1% de los encuestados los citan como barreras principales. Las restricciones que más aparecen son el gobierno de datos, la resistencia cultural y la fragmentación de sistemas. Y cuando se pregunta qué condiciones son necesarias para avanzar, más del 70% de las respuestas apuntan a cultura y liderazgo. No a plataformas. No a algoritmos.
Estamos frente a un desafío adaptativo, no técnico. Y los desafíos adaptativos no se resuelven con más herramientas: se resuelven cambiando la forma en que las organizaciones piensan, coordinan y deciden. La IA no transforma la empresa porque automatiza una tarea; la transforma cuando obliga a reimaginar el sistema completo en torno a esa tarea.
El error más común en esta etapa es confundir actividad con avance. Muchas empresas acumulan pilotos —algunos exitosos, otros no tanto— sin que la organización aprenda, escale ni cambie. La IA no se adopta en proyectos, se construye como capacidad organizacional.
Construir esa capacidad implica hacer tres cosas. Habilitación: las personas deben entender la IA como un colaborador que exige instrucciones claras, supervisión activa y criterio humano. Rediseño: los procesos no se automatizan, se reimaginan desde la lógica de lo que la IA hace bien. Cultura: las organizaciones que avanzan no son las que más invierten, sino las que toleran el error controlado y aprenden en ciclos cortos.
Avanzar en serio requiere algo que pocas organizaciones tienen: un sistema de gobierno de IA. No una política de TI ni un comité de cumplimiento. Un mecanismo que permita priorizar iniciativas, separar lo importante de lo urgente, y estructurar la hoja de ruta en tres horizontes: adoptar (eficiencia operativa hoy), transformar (rediseño de procesos en el mediano plazo) y reinventar (nuevos modelos de negocio en el horizonte estratégico).
Este gobierno no puede delegarse al área de tecnología. El liderazgo senior —y el directorio— deben asumir la IA como agenda estratégica, con la misma seriedad con que se revisan el presupuesto o el riesgo reputacional. El directorio que no entiende qué hace la IA en su organización no puede gobernarla. Y lo que no se gobierna, no escala.
Chile no está estructuralmente atrasado en IA, pero enfrenta una curva de adopción más lenta que los referentes globales. La ventaja no estará en tener más agentes ni mejores modelos: estará en saber integrarlos a sistemas de trabajo que generen valor, que puedan ser gobernados y que aprendan.
La diferencia entre las organizaciones que aprovecharán esta ventana y las que no estará en las personas, en su disposición a liderar el cambio, rediseñar sus sistemas de coordinación y desarrollar una cultura donde la IA no sea un proyecto más, sino parte del ADN de cómo operan. El diagnóstico ya está hecho, llegó el tiempo de actuar.