Cuando Fernando Pérez Oyarzún, Premio Nacional de Arquitectura 2022, era apenas un adolescente fue parte de los inicios del edificio de la Cepal. Cursaba su penúltimo año escolar, aún no había decidido qué carrera estudiar y, gracias a un evento organizado por el Ministerio de Educación, pudo asistir junto a otros cientos de escolares de Santiago y regiones a conocer la más reciente obra del destacado arquitecto chileno Emilio Duhart (1917).
“Recuerdo la experiencia de estar contemplando un objeto completamente nuevo y la sensación de que a través de este edificio y de la institución que lo acogía, nuestro país adquiría relieve internacional, que se constituía en un actor significativo de lo que hoy llamamos multilateralismo”, recuerda Pérez, ahora como uno de los exponentes en el evento de aniversario del edificio, al que asistieron representantes del Gobierno, del cuerpo diplomático, de organismos internacionales y de la academia para conmemorar los 60 años de uno de los hitos de la arquitectura moderna del siglo XX.

El concurso “más importante del siglo XX”
En 1960 el Colegio de Arquitectos de Chile convocó a un concurso para diseñar el edificio de Naciones Unidas en Santiago, luego de que el gobierno chileno donara un terreno de cuatro hectáreas a dicha institución, ubicadas en el parque de Vitacura (hoy el parque Bicentenario).
Se recibieron 40 propuestas y participaron más de 200 arquitectos. El concurso, dirigido exclusivamente a profesionales chilenos, fue probablemente el más relevante del siglo XX en el país, señalan Verónica Esparza y David Caralt, académicos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, y Guillermo Chirino, autores de la Guía de Arquitectura: un recorrido por el edificio de la Cepal.
Se enviaron tres proyectos a la sede de Naciones Unidas en Nueva York, donde su secretario general Dag Hammarskjöld, asesorado por los arquitectos Philip Johnson y Wallace K. Harrison, nombraron como ganador el trabajo de Duhart y su equipo, compuesto por Roberto Goycolea, Christian de Groote y Óscar Santelices. Durante la construcción del complejo, el organismo internacional tomó la decisión de destinar el edificio no a Naciones Unidas sino a Cepal.

Técnica, símbolos y los principios de una institución
“No quería hacer un monumento a la burocracia, como es la sede de Nueva York. Ahí domina el edificio de la Secretaría, es un rascacielos de oficinas. Pensé que las Naciones Unidas no podían reducirse a eso”, señaló Duhart en 1981 en una entrevista realizada en París. El arquitecto concluyó que la sede debía expresar materialmente la tarea y los principios del organismo, pero a la vez ser funcional al trabajo que realiza.
“Cada espacio de este edificio recuerda que el desarrollo es una tarea de encuentro. Sus patios, salas de reunión, corredores, fueron concebidos para favorecer la conversación. Duhart describió esta obra como una casa y monumento. Ambas dimensiones siguen vigentes 60 años después”, señala José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de Cepal.
Un ejemplo de esto es la Sala Raúl Prebisch, el principal espacio de reunión del complejo. Ahí una entrada de luz en forma de lágrima, calada en hormigón, permite que el lugar se ilumine y en el solsticio de verano un rayo de sol llegue directamente al centro de la mesa y al centro de la sala. Por otra parte, en el techo del salón se ubica un gran plafón de lona recubierta con fibra de vidrio. Simboliza la luna y tiene una doble función, regular la luz y favorecer la acústica.
Estos elementos, la luna y el sol, no fueron algo meramente decorativo para Duhart. Ambos actúan y posibilitan dos aspectos fundamentales de la diplomacia: para un diálogo transparente necesitamos ver y ser vistos; hablar y ser escuchados.
Además de esta conjugación entre diseño, técnica y simbolismo, el edificio de la Cepal fue también una proeza técnica para la época.
Integrado armónicamente en su territorio -rodeado por cerros, la cordillera y el río Mapocho-, el conjunto fue construido en hormigón, pero cada una de sus secciones adoptó cualidades y dimensiones distintas del material, para lograr una construcción factible y antisísmica.
“Fue una concepción de vanguardia para su tiempo, que abrió camino a la técnica de pre y postensado como experiencia constructiva fundamental en Chile”, se señala en la Guía de Arquitectura.
Este documento, elaborado entre dicha institución y la Facultad de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, y la Guía de símbolos, a cargo de la Facultad de Arquitectura de la PUC y dedicada a los bajorrelieves ubicados en la característica torre cónica, fueron lanzadas a propósito del aniversario con el objetivo de seguir difundiendo el legado de Emilio Duhart y de la que es, quizás, su obra más emblemática: el edificio de la Cepal, una representación física de una época y de un proyecto político que cree que los problemas de las naciones deben enfrentarse no desde el aislamiento, sino desde la colaboración.
