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Columnistas

El techo de cristal de la inteligencia artificial en Chile

Por Paula Correa, consultora asociada de Adapsys #SoyPromociona

Por: Equipo DF

Publicado: Viernes 10 de abril de 2026 a las 10:00 hrs.

El reciente reporte de MAS Analytics sobre la adopción de inteligencia artificial (IA) en Chile revela una realidad incómoda: apenas el 3,6% de las empresas ha logrado escalar proyectos con impacto medible. El dato no es nuevo; consultoras como BCG y McKinsey ya vienen advirtiendo la profunda brecha entre el entusiasmo tecnológico y la captura de valor real.

Pero, ¿por qué si la IA ya se está usando masivamente de forma individual, no logra consolidarse como una capacidad estratégica en el núcleo de las organizaciones?

En mi experiencia acompañando procesos de transformación, observo que la respuesta no reside en la falta de presupuesto ni de algoritmos. El obstáculo es que la IA se sigue gestionando como un proyecto de software aislado y no como una capacidad organizacional sistémica.

Para cruzar el umbral del piloto y evitar el estancamiento del MVP, el comité ejecutivo debe entender que la IA requiere un sistema completo: convicción de la alta dirección, modelo operativo claro, cultura de experimentación y talento dispuesto a integrarla en su trabajo cotidiano.

Si falta una pieza, la estructura cede. No basta con instalar tecnología; hay que insertarla en el plan estratégico con una cartera equilibrada de casos de uso: algunos definidos por el comité para mover la aguja del negocio, y otros que surjan de la base para potenciar la productividad.

En este escenario, el rol del liderazgo es más crítico, y más humano, que nunca. Implementar IA obliga a convivir con una incomodidad poco frecuente en las cúpulas directivas: la sensación de no saber. En organizaciones donde se espera que quien lidera tenga todas las respuestas, la tecnología exige normalizar la incertidumbre y habilitar espacios seguros de aprendizaje.

Pero el desafío real no es técnico, sino adaptativo; no es tecnológico, sino de gestión de la resistencia que emerge cuando las jerarquías tradicionales se enfrentan a lo desconocido.

Las empresas que superan el estancamiento confirman que la IA es, ante todo, un desafío de comportamiento humano. Solo cuando el comité ejecutivo moviliza la cultura, vela por la ética y reconvierte el talento, la tecnología deja de ser una herramienta accesoria para ser un órgano vital de la estrategia. La IA ya habita en la organización, aunque haya entrado por la ventana. Es hora de que el liderazgo sea valiente y le abra la puerta grande.

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