En medio de la mayor confrontación comercial entre Estados Unidos y Canadá en décadas, el Presidente Donald Trump abrió este jueves un nuevo frente con su vecino del norte. El mandatario firmó una orden ejecutiva para rebautizar oficialmente, para efectos del Gobierno estadounidense, el lago Ontario como “Lake America” (lago de América), una decisión cargada de simbolismo por tratarse de una masa de agua compartida por ambos países.
La medida instruye al secretario del Interior a adoptar, dentro de 30 días, las acciones necesarias para incorporar la nueva denominación al Sistema de Información de Nombres Geográficos de EEUU (GNIS) y eliminar de esa base las referencias a “Lake Ontario”. También ordena que mapas, contratos, documentos y comunicaciones de las agencias federales utilicen el nuevo nombre.
El lago Ontario es el más oriental de los cinco Grandes Lagos de Norteamérica y forma parte de la frontera entre ambos países. Está limitado al sur y al este por el estado estadounidense de Nueva York y al norte, oeste y suroeste por la provincia canadiense de Ontario, con la que comparte nombre y donde se encuentra Toronto, la ciudad más poblada del país. Es, además, la puerta de entrada de los Grandes Lagos hacia el río San Lorenzo y, a través de este, hacia el Atlántico.
La Casa Blanca justificó el cambio argumentando que el lago constituye “un enorme activo para Estados Unidos y parte del patrimonio de nuestra nación” y que ha desempeñado históricamente un papel relevante para su exploración, comercio y defensa. El texto sostiene, además, que las zonas más profundas están en territorio estadounidense y que, por ello, “Estados Unidos reclama la mayor parte del volumen del lago”.
Trump también reivindicó el aporte de Washington a la protección de los Grandes Lagos. La orden asegura que la Guardia Costera estadounidense proporciona nueve de los 11 rompehielos que operan en el sistema y que EEUU ha invertido cerca de US$ 4.000 millones durante la última década en proteger su ecosistema de agua dulce, mientras sostiene que Canadá ha destinado una cantidad considerablemente menor. Sobre esa base, el mandatario dispuso que el lago sea oficialmente rebautizado en EEUU como lago de América.
La decisión se produce en medio de una fuerte escalada comercial entre ambos países. La semana pasada, Washington y Ottawa estuvieron cerca de alcanzar un acuerdo, pero las conversaciones se desmoronaron a última hora del viernes, tras nuevas exigencias estadounidenses que Canadá consideró inaceptables.
Desde entonces, Trump elevó los aranceles sobre productos canadienses y el Gobierno de Mark Carney anunció represalias “dólar por dólar”. El choque se suma a una relación ya tensionada desde el inicio del segundo mandato de Trump, quien ha insistido públicamente en que Canadá debería convertirse en parte de Estados Unidos.
El cambio de nombre tampoco es una herramienta nueva para Trump. El mismo día en que regresó a la Casa Blanca, el 20 de enero de 2025, firmó una orden para que el Gobierno federal estadounidense denominara “Golfo de América” al Golfo de México, dentro de una política que, según la administración, busca restaurar nombres que “honren la grandeza estadounidense”.
De hecho, la nueva orden invoca expresamente aquel decreto como antecedente. Trump sostiene que su política consiste en reconocer las contribuciones del pueblo estadounidense y su historia mediante la denominación de “grandes hitos naturales” en honor a sus logros compartidos.