Lecciones de una "caída" ¿Qué ha cambiado a un año del colapso de Bear Stearns?
Este martes se cumple un año desde que el quinto banco de inversión más grande de EE.UU. fuera rescatado. Desde entonces, los salvavidas se han sucedido sin cesar. Lo malo, la emergencia aún sigue.
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El 10 de marzo de 2008, Bear Stearns, inició su camino al colapso,
arrastrado por rumores sobre una crisis de liquidez y el desplome de
sus acciones. Cuando el quinto banco de inversión de EE.UU. finalmente
se derrumbó, cuatro días después, la mayoría de los analistas pensó que
su caída marcaría el peak de la crisis, y que a partir de ese punto la
recuperación no debía tardar. Sin embargo, a un año de convertirse en
la primera gran víctima, el gobierno de EE.UU. sigue embarcado en una
serie de rescates a empresas por montos cada vez más altos, que
amenazan con disparar el déficit fiscal a un récord de US$ 1,7 trillón
(millón de millones).
Bear Stearns había sobrevivido a todas las
grandes crisis desde su nacimiento en 1923: la Gran Depresión, la
Segunda Guerra Mundial y el colapso bursátil de 1987. De hecho, en sus
85 años de historia sólo había tenido ganancias. Pero el cuarto
trimestre de 2007 registró una pérdida por
US$ 854 millones debido a sus grandes inversiones en hipotecas de alto riesgo (subprime).
Desde
entonces, los rumores acerca de su falta de liquidez fueron
incrementándose y llegaron a su punto máximo el 10 de marzo, cuando las
acciones del banco sufrieron una caída de 11% en la bolsa de Nueva
York, su mayor desplome desde 1987. Ese mismo día, el director
ejecutivo de la compañía, Alan Schwartz, tuvo que salir a desmentir
versiones acerca de la falta de liquidez.
Pero los
inversionistas ya no creían que la firma, que antes de la crisis
contaba con una capitalización de US$ 17.000 millones, tuviera la base
suficiente para mantenerse en pie. Pese a las insistentes defensas de
sus ejecutivos, las acciones de la compañía -de ahí en adelante- no
hicieron más que hundirse.
Los rumores llegaron a los
depositantes, quienes pronto comenzaron a agolparse fuera de las
sucursales de Bear Stearns exigiendo la devolución de su dinero. El 14
de marzo finalmente el banco reconoció que su posición de liquidez se
había “deteriorado significativamente” y la Reserva Federal de Nueva
York junto al banco JPMorgan anunciaron un fondo de emergencia para la
entidad. Para evitar que su colapso causara un pánico generalizado, dos
días después la Fed y el Departamento del Tesoro avalaron la compra del
banco por parte de JPMorgan por tan sólo US$ 2 por acción, menos de la
décima parte de su valor de mercado una semana antes.
Tras la tormenta
Muchos
analistas estimaron que este desastre marcaría el peak de la crisis, y
que luego de que terminaran de sentirse las repercusiones, la tormenta
comenzaría a amainar. Por el contrario, el hecho de que se tratara de
uno de los “grandes” bancos de Wall Street, elevó los temores sobre el
futuro de otras instituciones.
La crisis poco a poco se reveló
como un problema sistémico más que como un colapso de una institución
en particular, y aunque no hubo nuevos rescates de inmediato, la
intervención del gobierno no tardó en repetirse.
A comienzos de
septiembre, las pérdidas por US$ 14 mil millones que acumulaban las dos
principales financieras hipotecarias estadounidenses, Freddie Mac y
Fannie Mae, hicieron que el gobierno volviera a salir al rescate. El
tamaño de su deuda se había transformado en una amenaza, ya que ambas
poseían o garantizaban cerca de la mitad del total de hipotecas a nivel
nacional. El plan dejó a Freddie y Fannie bajo la tutela del Tesoro, lo
que finalmente significó que tomó el control de ellas. El mismo mes, el
gobierno forzó la compra del complicado banco de inversión Merrill
Lynch por parte de Bank of America por US$ 44 mil millones. Otra
historia.
La mayor aseguradora del mundo, AIG, a su vez, ya
tiene a su haber tres rescates. En su primera inyección de efectivo, el
gobierno le entregó US$ 85 mil millones y tomó una participación de
80%. Luego, la ayuda del gobierno creció a US$ 150 mil millones. La
semana pasada fue la última de las inyecciones, luego que el gobierno
sumara una línea de capital por
US$ 30 mil millones, el mismo día que la firma anunció una pérdida trimestral histórica.
Citigroup,
que alguna vez fuera el mayor banco del mundo, también recibió la ayuda
del gobierno. El banco, que ha registrado más de US$ 37.500 millones de
pérdidas en los últimos cinco trimestres, vio al gobierno elevar su
participación a 36%, a través de una conversión de acciones preferentes
en comunes.
Rescate a la banca
La llegada de
Barack Obama a la presidencia el 20 de enero, marcó el inicio de una
serie de anuncios para sacar a ese país de la crisis. Luego de meses de
especulaciones por un posible plan de rescate a toda la banca, que
incluiría la creación de un banco “malo” para comprar los activos
tóxicos de las instituciones financieras, en febrero el gobierno
anunció que podría comprometer hasta US$ 2 trillones al sector
financiero. Este gran plan contemplaría eliminar los activos tóxicos de
la banca, y restaurar el crédito, pero todavía está pendientes más
detalles.
Cuando el primer gran rescate cumple un año, muchos
analistas plantean que el sistema de salvar a las compañías del sector
financiero, a medida que se ven amenazadas, no es la mejor respuesta; y
crecen los llamado a la nacionalización.
En el intertanto, la
incertidumbre sobre el rumbo de la economía de EE.UU. -en recesión
técnica desde diciembre de 2008- persiste y, peor aún, ya está
instalada en el resto del mundo. Nadie tiene certeza de cuánto durará
este escenario y menos de cuándo llegará la recuperación.