Más allá del Washington Consensus
ANA MARÍA MONTOYA Economista, Red Procompetencia, Académica Escuela de Gobierno UAI
Esta semana se presentó en la Universidad Adolfo Ibáñez The London Consensus: Economic Principles for the 21st Century, un libro editado por Tim Besley, Irene Bucelli y Andrés Velasco, que llega en un momento oportuno para Chile.
El contraste con su antecesor es elocuente. El Washington Consensus de 1989 nació en un contexto específico —la crisis de deuda latinoamericana— y ofreció respuestas precisas para ese momento: disciplina fiscal, liberalización, privatización y apertura. Funcionó como marco orientador durante décadas. Pero han pasado 35 años, y los desafíos que enfrentamos hoy son sustancialmente más complejos.
“El London Consensus no es un decálogo de medidas, sino un marco conceptual de cinco principios, cuyo diagnóstico cobra especial urgencia en Chile”.
El London Consensus no es un decálogo de medidas, sino un marco conceptual articulado en cinco principios: el bienestar importa más allá del ingreso; el lugar donde se produce el crecimiento importa; el Estado debe actuar como asegurador frente a múltiples shocks; la política es habilitadora del desarrollo económico; y la capacidad estatal es el complemento indispensable de todo lo demás.
Este diagnóstico cobra especial urgencia en Chile. El debate público ha estado dominado por la discusión tributaria, donde la rebaja de impuestos aparece como la palanca principal para reactivar el crecimiento. Pero esa receta es insuficiente —y el London Consensus lo argumenta con evidencia comparada, cuando el crecimiento tendencial bordea el 2% y las proyecciones para 2026 se sitúan entre 1,5% y 2,5%, en un contexto marcado por la incertidumbre global y restricciones fiscales crecientes. Reducir impuestos puede mejorar márgenes, pero no resuelve los problemas estructurales que frenan la productividad: calidad regulatoria, provisión de bienes públicos y capacidad de implementación del Estado. Sin abordar esos nudos, el crecimiento será frágil, desigual y difícil de sostener.
El libro invita además a repensar la interacción entre políticas macroeconómicas y microeconómicas. A nivel macro, los desafíos pasan por anclar expectativas y resguardar la sostenibilidad fiscal. Pero la dificultad más profunda está a nivel micro: cómo mejorar la productividad, fortalecer la competencia, perfeccionar los incentivos y elevar la calidad regulatoria.
El punto central, a mi juicio, no está solo en qué políticas se adoptan, sino en cómo se diseñan e implementan. La evidencia muestra que, sin capacidad estatal, sin instituciones que funcionen, incluso las mejores ideas fallan. Esto es especialmente relevante a nivel local, donde la implementación efectiva y la coordinación institucional termina definiendo los resultados.
Es precisamente ahí —en ese margen entre diseño, implementación y capacidad institucional— donde se juega la eficacia de las políticas públicas y, en definitiva, su legitimidad social. Esa es la conversación que Chile necesitaría reforzar.
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