El visón americano ingresó a Chile en la década de 1930 para su explotación en la industria peletera, en la elaboración de gorros, guantes y abrigos. Sin embargo, con el avance de los derechos animales y los cambios en los hábitos de consumo, los productores sufrieron una fuerte caída en la demanda. Eventualmente, con el escape y liberación de ejemplares desde criaderos patagónicos, la especie se expandió rápidamente hacia el norte.
Este avance descontrolado ha significado un fuerte golpe para la agricultura familiar campesina. Desde 1998, un decreto lo reconoce como especie dañina, permitiendo su caza durante todo el año. En 2013 el visón llegó a Chiloé y hoy está presenta en casi todo el archipiélago, con alta incidencia en la comuna de Ancud y avistamientos confirmados en Quellón, Dalcahue, Curaco de Vélez y el Parque Nacional Chiloé.
Desde 2023 el SAG registra 90 denuncias con más de 1.000 aves muertas, aunque se estima que solo 10% de los eventos son reportados por desconocimiento o desconfianza institucional. Con pérdidas que promedian los $ 300 mil por ataque predial, el perjuicio debilita el sustento de los pequeños productores.
Al no poseer depredadores naturales, un solo ejemplar puede arrasar con planteles enteros. Como explica el seremi de Agricultura de Los Lagos, Francisco Cárcamo, "en una noche puede arrasar con 50 o 60 aves de corral y eso genera un daño importante donde lamentablemente no existe hoy una solución económica, solamente medidas de mitigación".
En Yaldad (Quellón), la productora local Patricia Aguilar perdió recientemente más de 70 aves de raza y patos. Un perjuicio similar ocurrió en Huicha, Ancud, donde mató medio centenar de aves.
Amenaza al turismo y fauna silvestre
Además de su impacto a los productores agrícolas, la especie representa una seria amenaza para la actividad turística, en la medida que puede poner en riesgo ecosistemas que generan gran interés para los visitantes locales y extranjeros.
El Consejero Regional (CORE) y fundador de la ONG Chiloé Silvestre, Javier Cabello, enfatiza que su impacto ecosistémico aún no ha sido adecuadamente dimensionado, pero su llegada masiva a ubicaciones como las pingüineras de Puñihuil “mermaría significativamente a los pingüinos y a las aves migratorias que descansan en las costas”, golpeando toda la cadena de valor turística de la isla, advierte. A esto se suman las colonias de cisnes de cuello negro que nidifican en el borde costero. El visón ataca activamente nidos, polluelos y aves adultas.
Además, compite por alimento y transmite enfermedades a marsupiales nativos, como el monito del monte y la comadrejita trompuda, al igual que a mamíferos emblemáticos como la guiña, el zorro chilote, el quique y el huillín. De hecho, ya se han registrado ataques directos a pudúes en la provincia.
Ante el inminente avance, autoridades y expertos urgen a establecer una política de Estado. En paralelo, instan a los productores a denunciar los ataques para generar estadísticas concretas que respalden futuras inversiones y adaptar sus predios mediante la construcción de gallineros "anticarnívoros" que impidan el ingreso del depredador.
Recursos trabados y crítica a la gestión
Con el fin de enfrentar la contingencia, el Consejo Regional de Los Lagos aprobó más de $ 452 millones para un programa de control exclusivo para Chiloé, pero su ejecución depende de autorizaciones del nivel central. El seremi reconoce la demora. "Dependemos de los tiempos de respuesta, en este caso de la Dipres de Hacienda y Contraloría, que puede ser uno o dos meses más", explica Cárcamo. Una vez superado este trámite, el SAG licitará la contratación de veterinarios, especialistas y trampas.
Asimismo, Cárcamo dice que todavía falta alinear la información estatal, proyectando un trabajo colaborativo con los municipios y los Programas de Desarrollo Local (Prodesal) y Programas de Desarrollos Territorial Indígena (PDTI) para canalizar mejor las denuncias territoriales.
Frente a este escenario, Cabello considera que la respuesta del Estado ha sido “tardía, lenta y discontinua”. Y advierte que los planes intermitentes fracasan frente a una especie altamente prolífica en su reproducción. En ese sentido destaca el ejemplo de Valdivia donde "el SAG mantiene desde hace aproximadamente ocho años un programa continuo de control, lo que ha permitido mantener a la especie relativamente contenida", en contraste con lo que está ocurriendo en Chiloé.
Entre 2019 y 2023, a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR), se invirtieron $ 400 millones en Chiloé logrando capturar más de 500 ejemplares y capacitar a 3 mil personas en la provincia. Pero al terminarse los recursos, el visón recupera terreno.