Plan de reconstrucción, una oportunidad de consenso
JORGE SELAIVE Economista Jefe Scotiabank y Académico FEN U. de Chile
El Gobierno ha ingresado al Congreso el plan de reconstrucción nacional, un paquete de medidas agrupadas en cinco ejes: reconstrucción física de las zonas afectadas por los incendios, reactivación económica, fortalecimiento institucional, orden fiscal y seguridad. Se trata de un proyecto de gran envergadura que busca recuperar el crecimiento, el empleo y la confianza en las instituciones.
Lo más relevante es que se trata de un plan eminentemente de oferta. En lugar de apostar por mayor gasto público, prioriza incentivos a la inversión privada, reducción de burocracia, agilización de proyectos estancados y, especialmente, la rebaja gradual de la tasa corporativa del 27% al 23% en cuatro años. Esta medida busca alinear a Chile con el promedio de los países OCDE y hacer más atractivo reinvertir utilidades en maquinaria, contrataciones y expansión, en vez de retirarlas como ganancias personales. La rebaja de la tasa corporativa, si se acompaña con mecanismos compensatorios creíbles, gradualidad responsable y eventuales gatillos asociados a creación de empleo o inversión, con el costo de darle cierta incertidumbre a la rebaja impositiva, puede ser un punto de encuentro técnico y político.
“El Congreso tiene la posibilidad de enriquecer el proyecto. No se trata de ganar o perder; se trata de reconstruir Chile con crecimiento sostenido y finanzas públicas sanas”.
Ha quedado fuera del proyecto la ampliación de la base tributaria lo que debería leerse como una medida que apoya a la clase media. Aunque parezca extraño, avanzar en aumentar la base tributaria con transferencias directas en dinero a los segmentos socioeconómicos más bajos es una medida que reduciría la desigualdad. Así como existen varias anomalías tributarias en Chile versus países OCDE, esa es una sobre la cual ningún gobierno ha querido avanzar a pesar del claro diagnóstico técnico.
Algunas de las medidas son costosas fiscalmente y considero que pueden reducir su espectro de acción a favor de otras que han quedado fuera respondiendo a demandas que ha surgido en el debate. Algo de aquello acabamos de ver estos días. Esa flexibilidad de este proyecto misceláneo es justamente una de sus virtudes.
El plan pasará por la revisión del CFA. La entidad ya ha advertido sobre los riesgos de déficits persistentes. Su rol será clave: pedirá claridad sobre financiamiento, ya sea a través de nuevos ingresos (objetivos claros de reducción de la evasión del Transantiago y recuperación de deudas como el CAE) y una contención realista de gastos estructurales. Esa revisión no es un obstáculo; es una garantía de seriedad.
La reconstrucción de las zonas afectadas por los incendios es una urgencia nacional que trasciende bandos. La reactivación económica y el orden fiscal son objetivos compartidos por gran parte del arco político y del mundo empresarial. Afortunadamente, nadie discute la necesidad de más inversión y empleo formal.
El Congreso tiene la oportunidad de enriquecer el proyecto: fortalecer los incentivos al empleo y asegurar que la rebaja tributaria venga con contrapartidas de eficiencia en gasto y/o mayor ingreso. No se trata de ganar o perder; se trata de reconstruir Chile con crecimiento sostenido y finanzas públicas sanas.
El plan no es perfecto, pero sí es una ventana de oportunidad. Si logramos el consenso en lo esencial -más oferta, más inversión, más empleo y responsabilidad fiscal-, daremos un paso decisivo para que Chile retome el crecimiento que todos queremos.
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