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Columnistas

Telecomunicaciones: el riesgo de desplome de las operadoras locales

JORGE ATTON P. Exsubsecretario de Telecomunicaciones.

Por: Equipo DF

Publicado: Jueves 9 de abril de 2026 a las 04:00 hrs.

En 2026, el mercado de las telecomunicaciones en Chile ofrece una postal de contrastes violentos. Mientras los gigantes tecnológicos globales como SpaceX (Starlink) y Amazon ven sus valorizaciones escalar hacia la estratósfera gracias a su dominio de la infraestructura orbital y la IA, las operadoras tradicionales libran en el país una batalla desesperada por la sostenibilidad financiera.

La paradoja es brutal: nunca los chilenos habían estado tan conectados, pero nunca antes había sido tan difícil para las empresas locales rentabilizar esa conectividad. La irrupción del sistema Direct-to-Device (satélite directo al móvil) no solo ha eliminado las “zonas silenciosas” de nuestra geografía; ha provocado un efecto deflacionario en los precios de los planes que, si bien beneficia al bolsillo del ciudadano en el corto plazo, está erosionando los cimientos de la industria nacional.

“Los gigantes tecnológicos no cargan con los costos de mantenimiento de la infraestructura física del país, pero capturan el valor de sus usuarios. El riesgo para Chile es crítico”.

Mientras el Nasdaq celebra los múltiplos de crecimiento de las Big Tech, las acciones de las telcos locales en el IPSA enfrentan un estancamiento estructural.

La razón es simple y se relaciona con que el mercado castiga a quien debe enterrar cables y levantar torres -por su alto Capex-, mientras premia a quien controla la capa de servicios global. Hoy, el valor de mercado de las operadoras chilenas está presionado por una competencia asimétrica donde los gigantes tecnológicos no cargan con los costos de mantenimiento de la infraestructura física del país, pero capturan el valor de sus usuarios.

El riesgo para Chile es crítico y apunta a la pérdida de incentivos para invertir en infraestructura de alta velocidad. Si la valorización de las telcos locales sigue cayendo y sus márgenes de Ebitda se reducen por la guerra de precios y sobrerregulación, ¿quién financiará la densificación de la red 5G avanzada o la expansión de la fibra óptica hacia el 6G?

El satélite es un respaldo extraordinario para la emergencia y la ruralidad, pero no tiene la capacidad de sostener la latencia y el ancho de banda que requiere el desarrollo industrial de un país. Sin inversión local, Chile corre el riesgo de convertirse en una “colonia digital” que depende de nubes ajenas.

Aquí es donde la tarea del regulador se vuelve urgente y política. La Subtel y la nueva Agencia Nacional de Ciberseguridad (ANCI) no pueden ser meros espectadores de esta “deslocalización” de la red.

Primero, es imperativo exigir gateways (puertos) locales a Starlink y Amazon, lo que también es válido para las interconexiones internacionales vía cables submarinos.

No es solo una cuestión técnica; es soberanía. Debemos asegurar que los datos de los chilenos aterricen en suelo nacional para que nuestra Ley de Protección de Datos Personales y Normativa Nacional de Ciberseguridad sea exigible.

Segundo, es necesario nivelar la cancha: no es sostenible que las empresas chilenas financien el despliegue social del país mientras las plataformas globales “bypasean” las normativas locales.

Chile tiene la oportunidad de ser el líder regional en resiliencia digital. Pero para lograrlo, la regulación debe evolucionar. La conectividad no es un commodity que se compra en una tienda de aplicaciones en Seattle o Hawthorne; es un activo estratégico. Si no protegemos la sostenibilidad financiera de quienes construyen la red en suelo chileno, terminaremos con una conectividad universal en el cielo, pero con una economía digital de segunda clase en la tierra.

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