Con algo de resignación, el mercado cerró la semana con la idea de que la Reserva Federal no tendrá otro camino que elevar la tasa de interés en su reunión del 16 de septiembre. La decisión arriesga el enojo de una Casa Blanca ya en campaña electoral. Pero una extensión de su pausa también podría provocar un fuerte golpe en las expectativas inflacionarias del mercado y con ello poner mayor presión a las tasas de interés de largo plazo.
Una inesperada reunión podría entregar algo de alivio. Cuando el petróleo Brent tocó los US$110 y el WTI saltó sobre los US$100 por barril, el mercado acusó recibo. Las tasas subieron a niveles incómodos para un mercado que se sostiene, en gran parte, en el boom de inversiones para la IA. Un boom financiado en su mayoría con colocaciones de deuda.
De ahí que una reunión que logre reabrir el estrecho de Ormuz podría inyectar nueva vida al rally accionario. El viernes, Bloomberg reportó que Irán y un bloque de seis países del Golfo Pérsico podrían reunirse la próxima semana para discutir un plan para el futuro del estrecho de Ormuz. La reunión es gestionada por Omán y hasta el cierre de esta edición o estaba confirmada.
Aunque se trata de una instancia, al parecer, sin la participación de EEUU, el mercado lo interpretó como una bienvenida buena señal. Después de todo, la urgencia está en la reapertura del estrecho de Ormuz y la normalización del flujo de petróleo y la producción de derivados. Más aún, cuando las milicias hutíes en Yemen avanzan en su ofensiva para bloquear la salida del petróleo de Arabia Saudita a través del Mar Rojo.
De confirmarse el encuentro, la Reserva Federal y otros bancos centrales podrían considerar extender su pausa o, en el caso del Banco Central Europeo (BCE), evitar otra alza de la tasa de interés, con la idea de que el petróleo podría bajar rápidamente de precio.
Sin la perspectiva de una caída en el precio de los combustibles, analistas de JPMorgan anticipan que la Reserva Federal, el Banco de Japón (BOJ), el de Inglaterra (BoE), el BCE, entre otros tendrán que anunciar alzas de tasas antes de fin de año.
Para el BCE, el mercado está esperando al menos otro ajuste después del alza de 25 puntos base la semana pasada. La Fed, el BoE y el BOJ anunciarán sus decisiones la próxima semana. Se espera una pausa del BoE (miércoles 16) y un alza de 25 puntos base del BOJ (viernes 18).
Será la reunión de la Fed la que concentre las miradas. Después de que la inflación subyacente (sin alimentos y energía) registrara un alza mensual mayor a la esperada (0,3% vs 0,2%) traders dan un 90% de probabilidad de un alza de 25 puntos base en la reunión del miércoles 16.
¿Pero será un alza aislada o el comienzo de un ciclo de ajustes? Esa será la pregunta que el mercado espera que el presidente de la Fed, Kevin Warsh, responda en su rueda de prensa. Hasta ahora, la decisión de Warsh de no entregar forward guidance ha provocado un aumento de la incertidumbre en el mercado.
Junto con la decisión del FOMC, también se publicarán las nuevas proyecciones económicas y el famoso “dot plot” con las estimaciones del futuro de las tasas de interés. El presidente de la Fed, Kevin Warsh, es crítico de la utilidad del dot plot y no participó de la edición de junio. Será interesante observar si otros miembros de la Fed siguen sus pasos.
Tensión sobre el Tesoro
El rally accionario tiene un segundo frente, menos visible que el petróleo, pero igual de determinante: el mercado de deuda del Tesoro estadounidense.
El viernes, el rendimiento del bono a 10 años llegó a 4,96%, su nivel más alto desde 2023 y a corta distancia del umbral psicológico de 5%. En la semana acumuló un alza de 18 puntos base. El papel a 30 años se mantiene sobre 5,35%, en máximos que no se veían desde 2007.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, lleva tres semanas intentando contener las alzas de tasas. La estrategia incluyó una recompra de bonos a 10 y 20 años por US$5.200 millones. Analistas de BNP Paribas habían estimado que el Tesoro necesitaba al menos US$ 7.000 millones para sorprender al mercado. Ese día el rendimiento a 10 años cerró al alza.
Pero Bessent asegura que no hay problemas fiscales ni de inflación en EEUU, que el mercado de bonos sufre de una “fiebre” provocada por el precio de la energía y que bajará rápidamente de la mano del petróleo. Eso sí, evita decir cuándo espera que se produzca esa baja, pues dependerá de la duración del conflicto en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz.
El mercado pondrá atención a dos colocaciones de deuda en la agenda de la próxima semana. El martes 15 el Tesoro reabre el bono a 20 años y el jueves 17 colocará US$ 19.000 millones a 10 años en TIPS, bonos indexados a inflación.
La segunda es la colocación de deuda a observar. El TIPS paga un rendimiento real, es decir, ya descontada la inflación. La diferencia entre ese rendimiento y la tasa del bono nominal a 10 años es el breakeven: la inflación que el mercado descuenta para la próxima década.
Si el breakeven se mantiene en torno al 2,40% y lo que sube es el rendimiento real, sería una señal de que el aumento de las tasas no está siendo impulsado principalmente por mayores expectativas de inflación. El mercado estaría exigiendo una mayor rentabilidad real para mantener deuda del Tesoro, ya sea por expectativas de tasas más altas, mayor crecimiento o riesgo fiscal. Pero si el breakeven se amplía, sería una señal más clara de que el alza del petróleo está comenzando a contaminar las expectativas de inflación de largo plazo. Un escenario mucho más complicado para la Fed hacia adelante.
Vale seguir de cerca...
En la región:
El Copom brasileño anuncia su decisión de política monetaria el miércoles 16, se espera que mantenga la tasa en 14%. Argentina publica su PIB del segundo trimestre el jueves 17, en medio de expectativas de desaceleración económica.