Cerrando la brecha entre mujeres y hombres en pensiones
Por Rosario Celedón, vicepresidenta del Fondo Autónomo de Protección Previsional
La diferencia en las pensiones de vejez que reciben hombres y mujeres sigue siendo uno de los desafíos estructurales más importantes de los sistemas previsionales en el mundo. Como destaca el reporte Pensions at a Glance 2025, las mujeres reciben pensiones mensuales que, en promedio, son aproximadamente 25% inferiores a las de los hombres en los países OCDE. En Chile, considerando todas las personas pensionadas por vejez, la pensión de las mujeres es, en promedio, 36,7% menor que la de los hombres, según el último Informe de Género de la Superintendencia de Pensiones.
Esta diferencia no responde a una sola causa, sino a un conjunto de factores que incluyen trayectorias laborales distintas: mayores períodos fuera del mercado formal, interrupciones asociadas a labores de cuidado, remuneraciones menores, diferencias en edad de jubilación, una mayor expectativa de vida de las mujeres, entre otros.
Por esta razón, muchos países han incorporado mecanismos que buscan mitigar esa brecha y equilibrar esa diferencia dentro del sistema previsional. En el caso de Chile, a los mecanismos incorporados en 2008 y la Pensión Garantizada Universal (PGU), la reforma de pensiones aprobada en 2025 incorporó nuevos instrumentos de carácter contributivo en esa línea.
Entre ellos, un beneficio por años cotizados (BAC) que reconoce y recompensa el esfuerzo de cotización de hombres y mujeres, y un beneficio orientado específicamente a compensar la diferencia de expectativa de vida entre hombres y mujeres (CEV), reconociendo que las mujeres, en promedio, deben financiar más años de jubilación con sus ahorros previsionales.
Con ello, se busca equilibrar el monto de las pensiones entre hombres y mujeres, al tener ellas una mayor esperanza de vida, logrando que hombres y mujeres con la misma edad, grupo familiar y mismo saldo de ahorro previsional, reciban una pensión equivalente.
Este beneficio se comenzó a pagar en enero de 2026 a mujeres mayores de 65 años que hayan cotizado y se pensionen por vejez o invalidez, y se entrega de manera automática junto a su pensión. Su diseño considera un esquema escalonado, en que la compensación aumenta progresivamente según la edad de la mujer al momento de pensionarse, alcanzando el 100% de la compensación si la mujer se jubila a los 65 años; mientras que, si lo hace a los 64 años, recibirá el 75%; a los 63 años un 50%, a los 62 años un 25%, a los 61 años un 15% y a los 60 años un 5%.
Para asegurar la entrega de este beneficio (cuyo cálculo y determinación realiza el Instituto de Previsión Social) cobra vital importancia el rol del Fondo Autónomo de Protección Previsional y su Administrador, organismo técnico y autónomo con un mandato claro: otorgar el financiamiento para que se hagan posible las prestaciones del nuevo Seguro Social Previsional, incluyendo la compensación para mujeres, y velar por la sostenibilidad financiera del Fondo a lo largo de generaciones.
Comprender cómo funcionan los nuevos beneficios y cómo inciden los cambios e incentivos incorporados al sistema para mejorar las pensiones es clave para poder proyectar de mejor manera la etapa de jubilación. Un sistema previsional más robusto requiere también de una ciudadanía informada, capaz de conocer, comprender y acceder adecuada y oportunamente a los instrumentos disponibles.
Y, por lo tanto, todos los esfuerzos en esa línea son necesarios. Es un desafío permanente para todos quienes formamos parte del ecosistema previsional, seguir contribuyendo a fortalecer el acceso a la información para las personas, especialmente para las mujeres. No solo para quienes hoy ya están pensionadas y están percibiendo mes a mes los nuevos beneficios, sino también para aquellas que se encuentran en etapas activas de su vida laboral, que pueden tomar hoy decisiones relevantes sobre su ahorro y deberán tomar decisiones previsionales en los próximos años.
Como institución que se integra al sistema previsional, nuestro compromiso está en la gestión e inversión rigurosa de los recursos del Fondo Autónomo de Protección Previsional y en resguardar su sostenibilidad financiera a largo plazo, de manera que estos nuevos beneficios y prestaciones del Seguro Social sean financiados adecuadamente. El rol del Administrador del Fondo Autónomo de Protección Previsional es precisamente aportar, desde su función técnica y de resguardo de los recursos del sistema, a que estos nuevos instrumentos puedan cumplir su objetivo de mejorar las pensiones actuales y futuras, y, a través de la compensación por diferencias de expectativas de vida, contribuir efectivamente a reducir la brecha entre mujeres y hombres en pensiones.
Trabajaremos para cumplir nuestra tarea, relevando también la importancia de proporcionar información clara sobre nuestro quehacer y sobre los beneficios que se financiarán con cargo al Fondo para que las actuales y futuras pensionadas puedan tomar las mejores decisiones acorde a su realidad personal y familiar.
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