Un día, mientras asistía a una reunión de delegados de curso de su séptimo hijo, pensó: “Me niego a que esto sea mi vida”. Tenía 43 años, y sin avisarle a nadie partió a la Facultad de Arte de la Universidad Católica para averiguar qué necesitaba para entrar a estudiar arte. “No le dije a nadie porque me iban a cortar las alas. Me iban a decir que estoy loca”, dice riendo.
A sus 66 años está a punto de presentar algunas de sus obras textiles en The Armory Show, una de las ferias de arte más importantes del mundo, que data de 1913 y que este año se realizará entre el 24 y el 27 de septiembre en Nueva York.
En noviembre Patricia competirá en el Mundial de Crossfit en Río de Janeiro. Pronto nacerá su nieto número 9 y de acá a fin de año se le casan tres hijos. Mucha actividad por delante, pero en su taller reina la calma.
Con suave música de fondo y en tenida deportiva, porque viene llegando de su entrenamiento diario, Patricia ofrece café, un pedazo de torta y se lanza a hablar sobre lo que la apasiona: pintar agua.
Cuenta que desde niña fue deportista y una buena nadadora. “Estar flotando en el agua era una sensación que me hacía sentir muy cómoda. Y mi trabajo tiene que ver precisamente con esas aguas claras que nos dan vida”, dice.
Al salir del colegio estudió diseño en la Universidad Católica y se especializó en diseño textil. “El arte siempre fue una alternativa, pero mi mente matemática me traicionó un poco. Fui práctica y dije: ‘en diseño voy a reunir ambas cosas’. Pero no fue así”.
Trabajó en diseño de interiores y también colaboró para una marca de retail, entre otras cosas. “Pero tenía ese bichito… Cuando iba a exposiciones de arte, pensaba: ‘¿por qué no estoy haciendo eso? Puedo hacerlo’. Además, tengo bisabuelo pintor -Enrique Swinburn-, abuelo pintor y papá músico. Venía en la sangre todo este torrente artístico del cual tuve que hacerme cargo en algún momento”.
Volver a estudiar
Recuerda un viaje a Nueva York que hizo a los 21 años y del cual se trajo una maleta de pinturas. Durante dos décadas tomó cursos de pintura, visitó talleres de artistas, fue recopilando técnicas.
Sabía que no quería pintar como cada uno de ellos, sino que quería hacer un proyecto más personal, y llegó el momento en que decidió volver a la universidad. Se matriculó en arte en la UC el mismo año que entraba a esa carrera su hija mayor, la artista Patricia Domínguez.
“Ese fue un problema. Para ella fue súper duro que su mamá se metiera en su mundo. Menos mal no fuimos compañeras porque a mí me subieron dos años porque me convalidaron cosas de diseño. Finalmente terminamos haciendo clases juntas y fue una experiencia muy enriquecedora para las dos”, cuenta sobre el curso Cinco temas y un proyecto de pintura que realizó primero con Patricia y luego con su hija Andrea, también artista.
- ¿Cómo fue entrar a estudiar pasados los 40?
- Menos mal soy súper disciplinada y trabajadora. Fui ratón de biblioteca. Era demasiada mi obsesión. Y lo logré.
Desde que estaba en Taller I su objeto de estudio fue el agua. En esa época habían comprado un terreno en Río Bueno, Región de Los Lagos. “En ese lugar el río va con un torrente constante, es una masa transparente llena de reflejos porque hay mucha vegetación alrededor. Eso me cautivó hasta el día de hoy. Insistir en el tema ha sido súper rico porque vas encontrando nuevas capas de significado en el mismo modelo que está en constante cambio. Yo necesito un pedacito de río para estar toda una vida creando”, afirma Patricia.
Saca fotos para captar una imagen que no vuelve a repetirse y que luego transforma en una pintura. “Lo que yo pinto es la distorsión del entorno, porque el agua no se puede pintar, no tiene color, no tiene forma. Después de estar en el río me voy al computador y ahí encuentro imágenes a veces maravillosas, llenas de material, otras veces no tanto. Depende de la hora del día, de la estación del año, del clima”, describe.
Además de Río Bueno, ha retratado otros cauces de agua del sur de Chile, también del Amazonas y centros hídricos de Sudamérica. “Para pintar agua hice una mezcla personal de todas las técnicas que aprendí”, señala la artista. Y recorre el taller mostrando el proceso que hay detrás de sus obras. Trabaja con una técnica tipo stencil y utiliza un láser para realizar recortes.
“Trabajando con estos recortes empezaron a aparecer formas que fui identificando como ideogramas. Poéticamente me refiero a ellos como Aguagramas, una manera de rescatar los mensajes inscritos en el agua. La voz del agua y ríos que van de la cordillera al mar y que después vuelven cíclicamente. Nosotros no podemos fabricar agua, es la misma agua cargada de vivencias, de creencias, de mitologías, nosotros también somos parte de esta red hídrica”, apunta la artista.
Hilar el agua
Senderos líquidos se llama la serie que presentará en The Armory Show y que expuso por primera vez el año pasado en Collectio, galería de arte fundada en 2019 por Constanza Casas y Elisa Elton. Estas piezas textiles de gran formato son alfombras tejidas en la India que reflejan sus aguas.
Aguas perdidas VI. Alfombra anudada a mano de lana y seda (Nudo Turco). 2.75 x 3.79 mt
Patricia cuenta que hace años su hija Alejandra viajó a Jaipur para buscar materiales para una colección de ropa. Estando allá conoció a Abhinav Sethi, artista visual quien más adelante se convertiría en su marido y cuya familia tiene una gran fábrica de alfombras.
“Él vio mi trabajo y me llamó por teléfono desde Rajastán. Me propuso: ‘Hagamos un proyecto juntos, un rescate de las técnicas tradicionales con todos los teñidos naturales y tus imágenes”.
En 2020 nació Unknown Carpets, estudio de diseño textil creado por Alejandra Domínguez y Abhinav Sethi que se especializa en alfombras hechas a mano con motivos artísticos. Senderos líquidos, la colaboración junto a Patricia Claro, es uno de sus proyectos. “Abhinav es súper creativo, tiene muy buen gusto y hemos trabajado bien juntos adaptando las imágenes que diseñamos especialmente para las alfombras”, agrega la artista.
Entre nueve meses a un año demora la confección de cada una de estas alfombras, cuenta. “Es muy bonito reforzar la permanencia de estos tejedores y de tradiciones que se están perdiendo a pasos agigantados”, dice.
Describe cómo es la fábrica en Jaipur donde se tejen sus obras y a la cual ha viajado en varias oportunidades los últimos seis años. “Hay un depósito de lanas teñidas con materiales vegetales y minerales en ollas gigantes. En otra parte están los tejedores instalados en telares gigantes de maderas antiguas. Ellos llevan a cabo el proyecto completo nudo a nudo a partir de una impresión 1 a 1 de la alfombra en pixeles. Cada pixel es un punto”, explica.
“Es algo totalmente artesanal con diseño contemporáneo. Me tocó estar ahí sentada en los telares y es impresionante ver cómo aparece la alfombra”. Luego se cortan las lanas, se lavan, se secan al sol. “Es un trabajo de mucho aliento, pero lo que más me motiva es el rescate de las técnicas milenarias y darle valor a la manualidad. No importa que tarde un año si el resultado final es algo que realmente te emocione”.
-Algo casi revolucionario en tiempos acelerados donde la inmediatez parece serlo todo.
-Parece serlo, pero no lo es todo. La invasión de imágenes te agobia y al final no te permite vivir con la paz que necesitas para poder ser feliz.
El material de desecho que deja el proceso, Patricia lo convierte en papel de seda y lana que usa para crear otra serie de obras en pequeño formato. En Jaipur tomó un taller con miniaturistas para aprender esa técnica y también cursos de escritura japonesa.
La artista muestra una cajita donde guarda pigmentos, aglutinantes, pequeños pinceles, láminas doradas con oro. Es muy inquieta, reconoce. Siempre quiere aprender más. Cuando empezó a trabajar con agua, aprendió también a hacer videos para poder llevar el movimiento del río a la sala de exposición.
Aunque los métodos manuales para ella son fundamentales, también valora la tecnología en sus obras: dibuja con el programa Illustrator, corta con láser, arma puzles digitales que luego traspasa al lienzo. “Soy súper computina, me gusta el contraste de ir desde la técnica más tradicional y mezclarla con tecnología”.
Partir tarde, llegar lejos
¿Cómo se llega a The Armory Show? “Todo partió con la exposición de Senderos líquidos que hicimos con Collectio en Santiago. Eran varias alfombras y una colección de miniaturas. Fue súper atrevido, porque, aunque las alfombras han sido siempre un objeto de arte, aquí tenían adicionalmente una imagen contemporánea”.
El recorrido luego continuó en Zona Maco, una importante feria de arte de México. Ahí, Jovanna Venegas, curadora de The Armory Show, vio las alfombras y les dijo: “Ustedes tienen que estar sí o sí en la sección Platform”, cuenta Patricia. Se trata del programa que, bajo el título Pasajes y umbrales, presenta esculturas e instalaciones de gran formato de reputados artistas internacionales.
“Es un tremendo reconocimiento llegar a un lugar así. Se trata de la segunda o tercera feria más importante del mundo. Y es emocionante en mi caso porque mi carrera artística ha sido bastante particular. Partí súper tarde y quedé desapegada de los grupos. Era la mamá entre cabros jóvenes. Después nos recibimos y ellos entraban en la categoría sub30 y yo tenía 45 años y siete hijos. Los de mi generación estaban todos consolidados y yo partiendo. He conseguido demasiado más de lo que nunca pensé. Y lo bonito ha sido que mi obra me ha abierto puertas que no hubiera imaginado jamás”.
Mi carrera artística ha sido bastante particular. Partí súper tarde y quedé desapegada de los grupos. Era la mamá entre cabros jóvenes. Después nos recibimos y ellos entraban en la categoría sub30 y yo tenía 45 años y siete hijos. Los de mi generación estaban todos consolidados y yo partiendo. He conseguido demasiado más de lo que nunca pensé
Campeona 65+
La perseverancia es un aspecto clave en su vida, señala. Y establece la comparación con la práctica deportiva. “Me doy cuenta de que he logrado llegar a los mundiales a partir de cero y eso tiene que ver con mi autodeterminación, mi disciplina”, afirma.
La artista es atleta master 65+. Ha obtenido el quinto lugar en certámenes internacionales como Nobull Crossfit Games 2021 y Crossfit Games 2025. En junio representó a Chile en el Mundial de Hyrox en Estocolmo, en dupla mixta con su marido, Rodrigo Domínguez, arquitecto y también deportista senior.
“Siempre fui deportista. Competí en gimnasia, atletismo, natación y tuve una vida entrenando. Cuando cumplí 50 venía saliendo de la universidad, llena de proyectos, motivada trabajando en mi taller, pero sentía que no tenía mi cuerpo bajo mi dominio y quería recuperarlo”, dice Patricia.
Por ese entonces el CrossFit venía llegando a Chile y se convirtió en su entrenamiento. Investigó a las competidoras de su categoría y se propuso alcanzar su nivel. “Me pasó lo mismo que cuando veía arte que yo también podría estar haciendo. Pensé: ‘yo también puedo competir’”, cuenta.
Y dos años antes de pasar a la categoría 60+, armó un plan de entrenamiento y llegó al Mundial de Crossfit en Estados Unidos. Actualmente entrena unas tres horas diarias, entre cinco y seis veces a la semana. “Hay miles de días que no quiero, pero voy igual. Aunque esté lloviendo o nevando. Y si estoy de viaje, busco un gimnasio cercano. Hay días buenos y otros malos, pero la sumatoria de los días es lo que te define, lo mismo me pasa con mi trabajo en el taller”.
Cuenta que en su categoría es la única competidora sudamericana, sus rivales son estadounidenses, canadienses, australianas, neozelandesas y algunas pocas europeas.
Patricia tiene dos cuentas de Instagram, en una da cuenta de su obra artística (@patriciaclaroswinburn) y en la otra comparte su entrenamiento y sus logros deportivos (@patriciaclarocrossfit).
“Para mí tener una fecha de exposición me mueve y me obliga a sacar cosas adelante y tener una fecha de competencia me obliga a entrenar y a mantenerme sana. Lo importante es el proceso. Soy competitiva, de todas maneras, pero llegar al Mundial ya es ganar”, declara.
Agrega: “Hay que ser valiente para darse la oportunidad. No tienes por qué ir al Mundial o llegar a The Armory Show. Podría ser todo en una escala menor y combinar distintas áreas. Pero la vida es corta y no hay que dejar cosas por hacer, porque se convierten en sueños truncados”.