Ocurre muy seguido que cuando Jaime Estévez (79 años, histótico ex socialista, figura clásica de la Concertación, exministro, exparlamentario) da una explicación sobre algo, su hija mayor Paula (52) asiente con la cabeza y pronuncia con suavidad un “sí”, un “eso es”, un “tal cual”. Ahora ambos están en la oficina de ella, en el piso 12 de la Cancillería, pues desde el 11 de marzo es la subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales, que -entre otras funciones- tiene en sus manos el espinudo tema del alza de aranceles que EEUU aplicó a Chile en julio.
En esta conversación, Paula Estévez dirá que su padre es su principal consejero. Que tienen un vínculo estrecho. Pero también, y sin perder la delicadeza con que lo trata, contará que ella ha armado una ruta aparte. Que eso ha sido un trabajo que ha hecho muy consciente para encontrar un equilibrio entre la herencia y su vuelo propio. No quería ser “la hija de”. Y eso, sumado a otras circunstancias -como decepciones políticas y su mirada crítica a contingencias de los últimos años- han hecho que hoy se defina de centroderecha y participe en un gobierno de signo ideológico tan distinto al de su padre. Él dirá que eso no le molesta en absoluto.
Los consejos
- ¿Cómo definirían la relación de ustedes a lo largo del tiempo?
- (PE) Parto yo. Soy la hija mayor, eso marca una diferencia con los otros hermanos porque he estado más tiempo con mi papá. Nací 11 días antes del Golpe y lo acompañé desde los dos meses al exilio. Entonces se forjó una relación en una época muy difícil para mis padres. Hasta que nació mi hermano cuatro años después, fuimos un trío en el exilio. Eso generó un vínculo muy cercano, que ha continuado a lo largo de la vida. Mi papá es mi principal consejero. En temas económicos, políticos, sociales. Compartimos también varias pasiones, como el fútbol. Él, por ejemplo, fue a la primera persona a quien le comenté que tenía ganas de trabajar en la SUBREI (Subsecretaría de Relaciones Internacionales). Me apoyó completamente.
- (JE) Tenemos una relación muy cercana, muy linda, fundada en lo que he tratado de hacer con todos mis hijos: una educación basada en valores, que incluye, entre otros, la preocupación por el otro, el respeto por quien es distinto y el aportar en algo con su vida y su trabajo al bienestar del país. Eso unido a un rigor en el trabajo, tanto analítico como en esfuerzo y disciplina. Y con respeto por la diversidad de cada hijo, para que descubran su propio desenvolvimiento, sus aspiraciones, lo que les gusta hacer. Tuvimos una relación muy cercana cuando estábamos en el exilio. Después en los años más agitados de la lucha por recuperar la democracia ya estábamos separados con su madre, entonces tenía que llevarlos a las reuniones, a las poblaciones.
- La política siempre fue un escenario muy natural para ustedes…
- (PE) Era el trabajo de mi papá. Eran fines de semana de acompañarlo. Me acuerdo mucho de su primera campaña a diputado en 1989. En esa época era muy territorial. No había redes sociales, celulares. Era ir a las juntas de vecinos, casa por casa, a las ferias, entregar volantes juntos. Yo no lo hacía desde un punto de vista político, no militaba en ningún partido, sino más bien era estar con él. Eso también me permitió conocer las realidades distintas que tiene Chile.
- ¿Quizás eso fue cultivando lo que luego sería una opción por el servicio público?
- (PE) Viene de antes. De chica, el papá siempre me preguntaba: ¿Cuál es el legado que quieres dejar en la sociedad?
- (JE) Yo me eduqué en los jesuitas (luego fue un tiempo seminarista). Así me lo enseñaron a mí, y yo dije: “bueno, lo traspaso”.
- (PE) Pero él jamás me impuso que yo debería trabajar en el sector público. Se trataba de preguntas, como ¿cuál es mi contribución para mejorar la calidad de vida de las personas? Él mismo se hacía esas preguntas en las decisiones que tomaba en política. Yo lo veía.
- Dices que tu padre es tu principal consejero. Si echas la memoria atrás, ¿cuáles fueron sus primeros consejos que recibiste?
- (PE) Es que son tantos... Pero vuelvo a lo inicial: el cuidado al prójimo, el respeto a los que piensan distinto, qué aporte quiero dejar en la sociedad. Eso incluso en el sector privado, que fue donde yo me inicié. Lo hice así para desmarcarme de ser “la hija de Jaime Estévez”.
- Claro, es un apellido conocido y relacionado con él…
- (PE) Sí, un apellido muy poderoso en la época que estamos hablando. En el retorno a la democracia mi papá tuvo un rol muy importante, en el PPD-PS fue el encargado territorial de la Región Metropolitana para el plebiscito del Sí y el No. Entonces yo necesité desmarcarme de él, construir mi propia identidad. Construir valóricamente quién quiero ser y no ser “la hija de”; o sea, que mi valor no sea ser la hija de Jaime Estévez. Él tenía un rol importante en el sector público, o de ministro o de presidente de la Cámara de Diputados o presidente de BancoEstado, entonces preferí desmarcarme e iniciar una carrera en el sector privado… Papá, ¿algo que agregar de los consejos y valores que me transmitiste desde chica?
- (JE) Un par de cosas. Cuando hablamos de la acción política es muy importante qué se quiere hacer, el propósito, y también el rigor del conocimiento, la formación para lograrlo. Y diría que otro consejo, producto de mi experiencia, es evitar la descalificación personal, sino centrarse en los argumentos. En toda posición, aunque sea contraria, hay al menos un grano de verdad.
- (PE) Sí, eso siempre me lo has dicho.
"Entonces yo necesité desmarcarme de él, construir mi propia identidad. Construir valóricamente quién quiero ser y no ser “la hija de”; o sea, que mi valor no sea ser la hija de Jaime Estévez", dice la subsecretaria.
Giro político
Paula dice que los consejos de su padre los aplicó también en el sector privado, donde estuvo en diversas multinacionales del sector de energía, en consultorías, como gerenta general de la AmCham Chile. “Fue un consejero muy importante en ese periodo de mi vida, no sólo en lo político, ya que también él es economista y un gran lector. Se mantiene muy informado de lo que está pasando en Chile y en el mundo, y cómo eso impacta en la toma de decisión de los negocios, por ejemplo”.
- Pero decías recién que entraste al mundo privado para separar caminos…
- (PE) Sí. Tomar un camino distinto, construir mi propia identidad, ser valorada por mis logros. Después de eso, alrededor de los 35 años, empecé a pensar mucho en el sector público. No sólo mi papá, sino también mi madre (Jacqueline Weinstein) había trabajado ahí por más de 40 años en cargos de liderazgo, ministra, subsecretaria. Decidí entrar y lo hice solita, nunca con mis hermanos hemos usado los contactos de mi padre para el desarrollo profesional. Mandé mi currículum y entré como jefe de gabinete de Máximo Pacheco en el Ministerio de Energía. A mi papá le conté después.
- Eso fue en el segundo gobierno de Bachelet. ¿Cómo fue el tránsito hasta llegar ahora a ser subsecretaria en un gobierno de otro signo político, encabezado por el Presidente Kast?
- (PE) Yo entré a trabajar al gobierno de la Presidenta Bachelet. Cuando Máximo Pacheco se va a la campaña de Lagos, él me invita pero le dije que quería quedarme en el Ministerio de Energía. Llegó el gobierno del Presidente Piñera. Lo hablé con mi padre y le dije: “me quiero quedar en este gobierno y fortalecer mi rol técnico”. Haber trabajado en dos gobiernos da una transversalidad técnica y una valoración distinta. Y otra cosa: estando en el gobierno de la Presidenta Bachelet, aunque sin hacerlo público en ese momento, fui crítica y tuve muchas dudas con tres reformas: tributaria, sistema político y la educacional. Por eso decido también continuar en el gobierno del Presidente Piñera. Y lo que ya terminó de convencerme de que tengo una visión distinta del país fue el estallido social y la primera propuesta de Constitución, que rechacé. Ese no era el país que yo visualizo. No es un quiebre para nada, sino más bien que tengo otros ideales. Y me fui moviendo sin militar en ningún partido, pero sí me siento muy cercana a las ideas de centroderecha.
- ¿Cómo ve el padre este tránsito político de la hija?
- (JE) Concordante con lo que he dicho, ella tiene que tomar su camino de acuerdo a las circunstancias que enfrenta en el momento de la vida. Ahora, lo que pido a ese camino es lo que dije antes: que haya un sentido valórico, un sentido de por qué hacerlo y que se haga con rigor, con esfuerzo. Cada época tiene circunstancias distintas, ella escogió este camino y yo la respaldo absolutamente. Son otros momentos y creo que la condición en esta responsabilidad es tener una base sólida para hacerlo. No se trata de aceptar un cargo sólo por tenerlo. Repito: trabajo, esfuerzo y compromiso.
- ¿Debaten de política? Usted sigue sentado en su territorio político y su hija en otro. ¿Hay discusiones?
- (JE) Por supuesto. En la casa se conversa de las distintas situaciones y hay una variedad de opiniones en cada momento. Cada uno tiene su perspectiva, que es coincidente en lo sustantivo, pero podría ser también divergente.

Aranceles
- ¿Qué tan distinto es el Chile que le tocó en relación al Chile que le toca ver a su hija?
- (JE) A nosotros nos tocó vivir un Chile de mucho proteccionismo (antes de los ‘90), un país tratando de hacer una industrialización propia, fabricar nuestros televisores, nuestros autos. Se colocaban barreras para que no entraran otros productos. Cuando recuperamos la democracia y entramos a los gobiernos de la Concertación, tuvimos que entender que había un cambio radical en el mundo y que un país chico como el nuestro, con una revolución tecnológica mundial, era muy ineficiente y había que abrirse al mundo. Hemos sido exitosos en ese objetivo y eso nos ha dado especialidad en productos que antes no nos imaginábamos. Erróneamente se piensa que son sin elaboración, pero sí hay mucha. Hay estudios, trabajo previo, pero no se piensa en todo eso, se cuestiona y nos coloca un desafío. Tenemos que ver si esto es una ola transitoria y ver cómo podemos atenuarla. Así que la tarea que tiene mi hija la comparto absolutamente y creo que está preparada para hacerla.
- (PE) El tiempo no es estático. A cada momento de la vida lo acompaña una historia distinta. Otro de los consejos que he recibido de mi papá es, primero, tener mucha flexibilidad y, segundo, darme el tiempo para pensar, que la gestión diaria no se coma el espacio estratégico. Yo tengo menos tiempo a veces de mirar lo que está pasando en el mundo y mi papá es un gran apoyo en eso. Constantemente me dice: “hija, lee esto”. Me hace una selección muy precisa de lo que tengo que leer y me dice: “dale un espacio en tu agenda para que te puedas informar, leer y pensar estratégicamente hacia dónde vas a ir”. Sobre todo en este dinamismo internacional, con escenarios tan distintos, cambiantes. Respecto de la pregunta de qué nos diferencia del Chile anterior: antes por lo menos el escenario internacional era más previsible, hoy es totalmente impredecible.
- Un tema de las conversaciones entre ustedes es el actual alza de aranceles de EEUU. ¿Qué te dice tu padre?
- (PE) En todas las negociaciones de acuerdos comerciales se firma un NDA que tiene que ver con la información que fluye en esa negociación. Entonces estoy bajo un acuerdo de confidencialidad, por lo que no comparto con mi papá los detalles de la negociación, sino más bien temas estratégicos, cómo lo haría él, cómo manejaría tal situación. Hay una permanente comunicación. Y también me alerta de temas que yo a veces no veo.
- (JE) Yo no estoy en los contenidos. Primero, porque no corresponde. Segundo, porque sería coartar lo que quiero lograr, que es el propio desarrollo de mi hija. Sí creo que los cargos directivos tienen el riesgo de verse subsumidos por la operación diaria. Se necesita llegar a un equilibrio, en el cual no más de cuatro o cinco horas se destinan a la gestión, para poder tener un espacio de pensar, de leer, de saber hacia dónde vamos. En eso trato de ayudar. Consumido por lo cotidiano, uno termina perdiendo la perspectiva.
"Sí creo que los cargos directivos tienen el riesgo de verse subsumidos por la operación diaria. Se necesita llegar a un equilibrio, en el cual no más de cuatro o cinco horas se destinan a la gestión, para poder tener un espacio de pensar, de leer, de saber hacia dónde vamos. En eso trato de ayudar", dice Jaime Estévez.
La vara alta
- Hemos hablado de consejos. Llega un momento en el que los hijos también comienzan a aconsejar a los padres. ¿Ocurre aquí?, ¿recuerdan alguno?
- (PE) Mi papá fue director del Banco de Chile por casi 20 años. También fue director de Cruzados (por un tiempo similar, dentro del cual fue incluso presidente). A finales del año pasado, le dije que yo pensaba que era bueno dar un paso al costado. Mi papá ha trabajado toda su vida. Es una decisión muy difícil para cualquier persona.
- (JE) Y yo había dejado la vara alta.
- (PE) Él siempre me transmitió a mí: “hija, cuando salgas, sale en un buen momento, cuando estás arriba”. Entonces yo le di ese mismo consejo.
- ¿Y a usted le hizo sentido?
- (JE) Por supuesto. Es un tema al que le había dado vuelta mucho tiempo, uno es consciente de que la vida tiene su ciclo y hay que moverse de acuerdo a ello… Pero, a ver, diría que todos mis hijos son bien opinantes y me siento contento con eso. Aunque me manduquean harto.
Corazones cruzados
El fútbol es una pasión compartida en esta familia. Así como un equipo: la Universidad Católica. Padre e hija son fanáticos desde niños. Cuenta Jaime Estévez: “Yo me eduqué con los jesuitas en Chillán y luego en Santiago en el San Ignacio; y acá los compañeros de curso jugaban por el equipo de la Católica. En el curso de mi hermano, un año antes que yo, estaba el Nacho Prieto, Sullivan, y dos o tres años antes Fouillioux. Anteriormente había estado Livingstone. Después cuando volví del exilio, el 84, quiso la fortuna que ese año la Católica volviera a salir campeón luego de muchos años. Yo llevaba a los niños al estadio. Era el tiempo en que la Católica jugaba en Santa Laura. Íbamos los domingos a la mañana. Tiempo después, reflexionando, vi que el fútbol tiene una ventaja: hay una relación horizontal sentados en el mismo tablón”.
“Llevo 43 años yendo con mi papá al estadio -dice Paula-. Puede estar lloviendo, nevando, y recibo su llamado: ‘Hija, ¿me acompañas?’. Y vamos juntos. Pero en mi caso, más allá del fútbol, es un espacio para estar con él. Durante toda mi vida fue un espacio en que en el auto de ida eran dos horas, porque llegamos muy temprano al estadio, luego estar ahí, después el auto de regreso… Es un vínculo con mi papá y tener un espacio de conversación”.
Y agrega un dato: los subsecretarios del gobierno de Kast que son fanáticos de la UC, que son nueve, formaron una especie de “bancada cruzada” que tienen hasta un WhatsApp para estar siempre en contacto. Además de Paula Estévez, allí están los subsecretarios de Bienes Nacionales, Obras Públicas, Transportes, Interior, Economía, Minería, Desarrollo Social y Cultura. Fueron todos juntos el 6 de junio al partido donde la UC goleó 5-1 a Cobresal en el Claro Arena.